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jueves, 26 de enero de 2017

El Tratado de Libre Comercio: una buena idea pésimamente aplicada

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte se empezó a gestar en la década de 1980 por iniciativa de los presidentes de México y Estados Unidos, Carlos Salinas de Gortari y George H. W. Bush, respectivamente, y el Premier de Canadá Brian Mulroney. Básicamente la idea de un tratado comercial entre las tres naciones integrantes de Norteamérica se daba para beneficiar a los tres países, aunque en realidad cada una de ellas tenía su propia agenda. Estados Unidos buscaba mano de obra barata, Canadá necesitaba un mercado donde poner sus productos y México necesitaba inversiones para levantar su eternamente estancada economía. Con estos antecedentes, la verdad no sé cómo diablos querían que funcionara el dichoso acuerdo si en la mesa de negociaciones cada quien tenía su agenda que al final era para llevar agua a su molino.
Al México podríamos considerar como la “loca de la casa” puesto que de los tres miembros es el menos desarrollado y siempre está enfrascado en discusiones inútiles y pleitos aparentemente irreconciliables entre la clase política. Y lo he dicho en este espacio innumerables veces: la realidad mexicana es tan compleja que no se puede explicar con los eventos recientes únicamente y lo que está haciendo Trump es hacernos ver nuestra cruda realidad de lo que no hemos hecho en casi dos siglos de independencia. Desde la firma del TLCAN nuestro país se quedó empantanado en únicamente recibir inversión extranjera sin hacer cambios sustanciales en materia fiscal para promover las inversiones de nacionales y hacer cambios en materia educativa para tener una mano de obra mejor preparada. Como sabemos nada de esto ocurrió en los 23 años que lleva el acuerdo en vigor y desde luego que otras cosas no ayudan. Entre esas cosas está el excesivo gasto público en programas sociales, operación del gobierno, partidos políticos y otros rubros que absorben mucho presupuesto. Y al ser “la loca de la casa”, esto hace fácil abusar de ella.
Estados Unidos funge como el “macho alfa”, pues al tener el mayor poder económico y militar le permite abusar de la “loca de la casa”. Esto se ha notado principalmente en la negativa de este país de respetar el TLC al impedir la entrada de nuestros productos al país. Esto se ha notado cuando han impedido la entrada de camiones mexicanos a su país porque “contaminan el ambiente” o la negativa de dejar entrar productos agropecuarios argumentando “medidas sanitarias”. Además de todo han dado subsidios al campo a pesar de que el TLC lo prohíbe explícitamente. Además de todo, ellos no han tomado en cuenta a los otros países del bloque y en muchos casos ha tomado políticas en perjuicio de México y Canadá pensando que el acuerdo es unilateral. Estos problemas empezaron agestarse durante la estancia de Bill Clinton en la Casa Blanca y fue de hecho el primero en pedir la revisión de este acuerdo comercial además de ser el que tuvo la idea de comenzar la construcción de un muro en la frontera sur y fue de hecho el primero en pedir la revisión de este acuerdo comercial. Desde luego que fueron intrigas cocinadas en Washington las que nos llevaron a perder la mitad de nuestro territorio y eso no parecen recordarlo los norteamericanos. Con todo esto queda claro que Estados Unidos solo quería jalar agua para su molino con la firma de este tratado.
Canadá sería el miembro acomodaticio del grupo dado que se va a donde le conviene a pesar de decir que “México es su gran amigo”. Acomodaticio (para los lectores extranjeros) quiere decir que van por lo más les conviene en determinado momento. Y dado que México tiene un desprestigio muy grande a nivel mundial aunado a los ataques de Trump a nuestro país era lógico pues que las cosas rebotaran de este modo. Es evidente que los canadienses nos ven como un sustito para su falta de mano de obra (es el país menos poblado del bloque) además de ser para ellos un destino exótico en especial nuestras playas (prácticamente hay vuelos desde cualquiera de las principales ciudades canadienses a Cancún, por ejemplo). Y esto se ha notado cuando el gobierno de este país empezó a exigir Visa para entrar a Canadá por allá en 2009-2010. Y ahora que Estados Unidos nos vuelve a tener mala fe es comprensible que se vayan con el caballo ganador para proteger sus intereses.
Con todo lo expuesto queda muy claro que el Tratado de Libre Comercio estaba destinado al fracaso desde el principio. Con eso de que cada uno de los tres países tenía su propia agenda era algo que tarde o temprano terminaría mal. Así que ahora que nuestros principales socios comerciales nos dan la espalda, deberíamos concentrarnos resolver nuestros problemas internos y mandar al diablo a ese par para que también se rasquen con sus propias uñas.      

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