El Tratado de Libre
Comercio de América del Norte se empezó a gestar en la década de 1980 por
iniciativa de los presidentes de México y Estados Unidos, Carlos Salinas de
Gortari y George H. W. Bush, respectivamente, y el Premier de Canadá Brian
Mulroney. Básicamente la idea de un tratado comercial entre las tres naciones
integrantes de Norteamérica se daba para beneficiar a los tres países, aunque
en realidad cada una de ellas tenía su propia agenda. Estados Unidos buscaba
mano de obra barata, Canadá necesitaba un mercado donde poner sus productos y
México necesitaba inversiones para levantar su eternamente estancada economía. Con
estos antecedentes, la verdad no sé cómo diablos querían que funcionara el
dichoso acuerdo si en la mesa de negociaciones cada quien tenía su agenda que
al final era para llevar agua a su molino.
Al México podríamos considerar
como la “loca de la casa” puesto que de los tres miembros es el menos
desarrollado y siempre está enfrascado en discusiones inútiles y pleitos aparentemente
irreconciliables entre la clase política. Y lo he dicho en este espacio
innumerables veces: la realidad mexicana es tan compleja que no se puede
explicar con los eventos recientes únicamente y lo que está haciendo Trump es
hacernos ver nuestra cruda realidad de lo que no hemos hecho en casi dos siglos
de independencia. Desde la firma del TLCAN nuestro país se quedó empantanado en
únicamente recibir inversión extranjera sin hacer cambios sustanciales en
materia fiscal para promover las inversiones de nacionales y hacer cambios en
materia educativa para tener una mano de obra mejor preparada. Como sabemos
nada de esto ocurrió en los 23 años que lleva el acuerdo en vigor y desde luego
que otras cosas no ayudan. Entre esas cosas está el excesivo gasto público en
programas sociales, operación del gobierno, partidos políticos y otros rubros
que absorben mucho presupuesto. Y al ser “la loca de la casa”, esto hace fácil abusar
de ella.
Estados Unidos funge como
el “macho alfa”, pues al tener el mayor poder económico y militar le permite
abusar de la “loca de la casa”. Esto se ha notado principalmente en la negativa
de este país de respetar el TLC al impedir la entrada de nuestros productos al país.
Esto se ha notado cuando han impedido la entrada de camiones mexicanos a su país
porque “contaminan el ambiente” o la negativa de dejar entrar productos
agropecuarios argumentando “medidas sanitarias”. Además de todo han dado
subsidios al campo a pesar de que el TLC lo prohíbe explícitamente. Además de
todo, ellos no han tomado en cuenta a los otros países del bloque y en muchos
casos ha tomado políticas en perjuicio de México y Canadá pensando que el
acuerdo es unilateral. Estos problemas empezaron agestarse durante la estancia
de Bill Clinton en la Casa Blanca y fue de hecho el primero en pedir la revisión
de este acuerdo comercial además de ser el que tuvo la idea de comenzar la construcción
de un muro en la frontera sur y fue de hecho el primero en pedir la revisión de
este acuerdo comercial. Desde luego que fueron intrigas cocinadas en Washington
las que nos llevaron a perder la mitad de nuestro territorio y eso no parecen
recordarlo los norteamericanos. Con todo esto queda claro que Estados Unidos
solo quería jalar agua para su molino con la firma de este tratado.
Canadá sería el miembro
acomodaticio del grupo dado que se va a donde le conviene a pesar de decir que “México
es su gran amigo”. Acomodaticio (para los lectores extranjeros) quiere decir que
van por lo más les conviene en determinado momento. Y dado que México tiene un
desprestigio muy grande a nivel mundial aunado a los ataques de Trump a nuestro
país era lógico pues que las cosas rebotaran de este modo. Es evidente que los
canadienses nos ven como un sustito para su falta de mano de obra (es el país menos
poblado del bloque) además de ser para ellos un destino exótico en especial
nuestras playas (prácticamente hay vuelos desde cualquiera de las principales
ciudades canadienses a Cancún, por ejemplo). Y esto se ha notado cuando el
gobierno de este país empezó a exigir Visa para entrar a Canadá por allá en
2009-2010. Y ahora que Estados Unidos nos vuelve a tener mala fe es
comprensible que se vayan con el caballo ganador para proteger sus intereses.
Con todo lo expuesto
queda muy claro que el Tratado de Libre Comercio estaba destinado al fracaso
desde el principio. Con eso de que cada uno de los tres países tenía su propia
agenda era algo que tarde o temprano terminaría mal. Así que ahora que nuestros
principales socios comerciales nos dan la espalda, deberíamos concentrarnos
resolver nuestros problemas internos y mandar al diablo a ese par para que también
se rasquen con sus propias uñas.
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