“Statu quo” es una expresión
proveniente del latín y significa “en el estado en que” refiriéndose al estado
de las cosas en algún momento determinado. Esta expresión es muy usada por
intelectuales de ambos lados del espectro ideológico para describir la realidad
actual que es horrenda. En nuestra realidad hay una corrupción rampante, un
sistema educativo que no es capaz de formar mejores ciudadanos, una clase política
alejada de nuestros problemas, una crisis económica, política y social y para
aderezar una polarización de la sociedad. En resumen: la receta perfecta para
el desastre y después de este lo que viene podría no gustarnos. Y todo esto ha
pasado porque no hemos superado muchos traumas de nuestro pasado como país y
tampoco hay memoria histórica de los eventos que han venido sucediendo desde
hace casi dos siglos y sobre todo en el siglo XX a pesar de que todavía hay
generaciones que vivieron esos hechos.
Lo vuelvo a decir y lo
sostengo al afirmar que nuestra realidad actual es el resultado de fallas que
llevan acumulándose desde la independencia y temo decir que no es la primera
vez que hacen crisis. La rebelión de Santa Anna, la Guerra de Reforma, la
Intervención Francesa, el Plan de Tuxtepec, la Revolución Mexicana y la Guerra
Cristera son los ejemplos más claros de las veces que la acumulación de corrupción
y traiciones de mucha gente en busca del poder han causado implosión nacional. En
todos los conflictos citados (menos el plan de Tuxtepec) fueron para beneficio
de las elites y casi siempre en desgracia del pueblo. A pesar de todo muchos de
los participantes hacían que el pueblo se matara entre sí y como recompensa
siempre recibimos una patada. Y en realidad la historia del México
independiente se podría resumir en muchos conflictos entre la clase política. En
realidad los líderes siempre se han jactado de que solo sus ideas y metodología
son la panacea y la salvación nacional y por algún motivo nunca es así.
El México moderno es
producto del penúltimo conflicto armado: la Revolución Mexicana. Este conflicto,
como todos los que cite, fue una serie de luchas entre diversas facciones, para
variar, por el poder. Y la sección vencedora fue la integrada por Álvaro
Obregón, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta. Los gobiernos de Obregón
y Calles se caracterizaron por corrupción y faltas constitucionales. El PRI tan
odiado tuvo tres padres, dos de los cuales acabo de mencionar y del tercero
hablare en un momento. Álvaro Obregón y Luis Napoleón Morones fueron los padres
del sindicalismo mexicano así que imagínense la clase de gente que eran los
dos. Obregón fue una de las primeras víctimas de este monstruo que obtuvo
privilegios como la cláusula de exclusión (que impedía la contratación de gente
ajena al sindicato y removía de su trabajo a los expulsados del mismo) y los líderes
obtuvieron acceso a cargos públicos, la posibilidad de eternizarse como líder de
un gremio y enriquecerse escandalosamente a costillas de los trabajadores. Plutarco
Elías Calles fundó el partido propiamente dicho y después de asesinar a Obregón
y dejar la presidencia gobernó el país por teléfono hasta que Lázaro Cárdenas
lo echo del país. Cárdenas es el tercer padre del PRI al crear los mecanismos
para atar a la sociedad al poder presidencial al crear centrales campesinas de
la mano de la Reforma Agraria, el adoctrinamiento de la sociedad a través de la
historia oficial e impulsó el fraude electoral contra el candidato opositor
Juan Andrew Almazán.
En la actualidad, aunque
el PRI está de regreso, me temo que es otro partido el defensor de los principios
citados que encumbraron al tricolor al poder por 7 décadas. Por supuesto que me
refiero a MORENA y en los párrafos anteriores cite el fundamento histórico para
hacer esta afirmación. López Obrador al hacer alianza con el Sindicato Mexicano
de Electricistas y la CNTE me recuerda la alianza de Obregón y Morones para obtener el
apoyo de los líderes obreros a cambio de favores espurios. Además al nombrar él
a los dirigentes estatales de MORENA, siendo ejemplos claros los de sus hijos
en el Estado de México y Tlaxcala, hace lo mismo que Calles cuando gobernaba
por teléfono. Y al buscar el apoyo de organizaciones sociales me recuerda a
Cárdenas y sus controles sociales. Periodistas como John Ackerman e historiadores
como Lorenzo Meyer apoyan estas prácticas y le dan la razón a Enrique Krauze,
al que han vapuleado hasta el cansancio, al decir que ellos son los
conservadores del statu quo. Nunca me voy a cansar de decir que López Obrador
es un peligro para México y estoy intentado demostrar con bases históricas mis
afirmaciones. Enrique Krauze documentó todo esto en sus obras “Biografía del
Poder” y “La presidencia imperial”, esta última conocida por algunos como la “Crónica
de la Corrupción Nacional”. Así que esto se los dejo a reflexión para dentro de
año y medio y deseo que no echen en saco roto mis advertencias.
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