Esto tiene que ver con un
antiguo proverbio, que dice que nunca discutas con un tonto, ya que nunca
podrás ganarle. Y la verdad es que nuestro mundo moderno tiene una abundancia
de tontos escalofriante y los podemos encontrar en la calle, en la escuela, en
internet y hasta en la política. La verdad, no hay nada peor que un tonto con
iniciativa, y lo peor es que mucha gente piensa que tienen razón por alguna
causa. En un mundo que se decanta por el borreguismo es algo para pensarse,
porque los seres humanos del mundo occidental, por lo menos en lo que respecta
al razonamiento, deja mucho que desear, ya que están llegando al poder cada
tipo, que en serio demuestran una ignorancia que deberíamos pensar en manos de
quién estamos. Donald Trump, Evo Morales, Nicolás Maduro y Andrés Manuel López
Obrador.
Todos los del grupito
anterior tiene algo en común: populistas, demagogos y, algunos, corruptos a
morir. Todos ellos han prometido a sus pueblos, o les prometieron bajar el Sol,
la Luna y las estrellas a sus gobernados, presentes o futuros. Y algo que
tienen en común: en la práctica sus propuestas son irrealizables y solo han
provocado en varios países a sus gobernados, presentes y futuros, pobreza
extrema y los abusos de un gobierno autoritario a más no poder. En el caso de
Venezuela, el teniente coronel Hugo Chávez Frías y su sucesor, el sátrapas de
Nicolás Maduro se dedicaron a destruir la planta productiva de su país para
llevar a los venezolanos, con ayuda de la Revolución Bolivariana, a lo que
ellos llamaron el “Socialismo del siglo XXI”, con un poco de ayuda del
presidente ruso Vladimir Putin (que Putin) y el mayor tirano del continente,
que es Fidel Castro. Durante años, Chávez le regalo al régimen de Castro petróleo
crudo, a costa del bienestar de los venezolanos, aunque los cubanos no viven
mejor, a pesar de lo que puedan pensar los chairos. Ahora, con los resultados
de las últimas elecciones legislativas de Venezuela, Maduro debería pensar en
empacar sus cosas, porque es probable que los venezolanos le digan que lo
lanzan de la casa presidencial.
En cuanto a Donald Trump,
su candidatura es resultado principalmente de la gran estupidez de los medios
de comunicación tanto de nuestros vecinos del norte como del exterior. Los periódicos
le hicieron caso a un idiota, y a la larga solo de dieron cuerda con sus
críticas. Trump no es la persona que acepta críticas, sino que se pone a
insultar a aquel que ose contrariarlo, y aes algo que me temo que la mayoría de
los comunicadores no les ha caído el veinte, empezando con Jorge Ramos de la
cadena de televisión dirigida a latinos Univisión, que por cierto, Trump no
anda tan perdido en sus críticas hacia esta y Telemundo por el bajo contenido
de su programación. Por otro lado, Trump ha encontrado que el escandalo barato
una forma de hacerse publicidad y de ahí sus controvertidas declaraciones. Los señores
Khan, al decirle que su hijo murió en la Guerra de Irak, temo que fueron muy
imprudentes al enfrentarse al magnate de Nueva York, porque de antemano debían saber
que los iba a ofender a ellos y a la memoria de su hijo. A Trump no le interesa
ofender a un inmigrante musulmán, aun si es un hombre que dio la vida por su
patria adoptiva en la guerra, únicamente le importa darse publicidad, haciendo
uso del escándalo barato. Pero tal parece que le estoy hablando a la pared.
En otro asunto, el
presidente de Bolivia, Evo morales, se ha encontrado con la negativa de su
pueblo de otorgarle otra reelección. Este hombre, al que por lo menos aquí en
México celebraban con bombo y platillo las expropiaciones de empresas
extranjeras que anunciaba cada 1° de mayo, día del trabajo, según el para
beneficio de los trabajadores y la economía de los bolivianos. La salida de
empresas como Coca-Cola® y McDonald’s®
de este país del cono sur causaron furor entre los chairos, que consideran que
estas empresas son “malignas” y “envenenan” a la humanidad. Pero lo que no
saben es que Morales ha empobrecido a los bolivianos de manera espectacular y a
este último individuo no le interesa corregir el rumbo. Las expropiaciones de
los latifundios, al igual que aquí en este país donde vivo, fueron
contraproducentes, ya que han disminuido los cultivos de alimentos e
incrementado el de la coca (de donde se extrae la cocaína). Evo Morales es indígena,
pero esto no le ha impedido expropiar las cooperativas de los otros nativos; es
el promotor de una “Carta por los Derechos de la Madre Tierra” y no se sonrojo
al hacer un proyecto de una carretera que pasa por una reservación natural, donde
por cierto, vive una comunidad indígena, y lo ha continuado a pesar de las
protestas.
Todo esto demuestra lo
tonto que es discutir con un estúpido, ya que nunca le podrás ganar. De López
Obrador no voy a hablar, creo que la lo he hecho bastante en estas últimas
semanas hasta el hartazgo. Pero, tengan cuidado, porque los tontos abundan en
todos lados, incluso en los que menos imaginan.
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