Ahora que se acabaron los
Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, la moneda está en el aire. El congreso de
Brasil decidirá si Dila Rousseff se va o se queda en la presidencia del país carioca
por los escándalos de corrupción que se han dado desde hace tres años. Sin embargo,
todo empezó desde la administración de Lula, gracias a ciertos contratos de
Petrobras que fueron inflados para tapar el dinero de fraudes cometidos en agravio
a la empresa. Muchos dicen que las protestas son dirigidas desde Estados
Unidos, pero el hecho de que no haya aparecido un líder del movimiento en la
mayor economía de América Latina da pie a pensar que podría haber algo de
genuino en las protestas contra un gobierno corrupto. Pero eso no es lo que me
hizo pensar que ese par son pájaros de cuenta, sino la movida de que Dila quiso
nombrar a su antecesor jefe del gabinete en medio de una investigación judicial
en contra de este último por enriquecimiento ilícito, por lo que si alguien
pensaba que eran inocentes, con esto acabaron de echarse la soga al cuello.
Los que está ocurriendo
en Brasil es solo un ejemplo de lo que sucede cuando un gobierno le colma la
paciencia a su pueblo, ya que entre otras cosas me temo que Brasil cometió los
mismos errores que México hace 5 décadas: organizar unos Juegos Olímpicos y un
Mundial con dos años de diferencia. Me temo que este fue el parteaguas de la
cruda realidad, ya que el llamado “milagro mexicano” termino en este periodo de
tiempo. Quitando lo ocurrido aquí en nuestro país diez días antes de la inauguración
de las olimpiadas del 68, me temo que nunca había visto que la villa olímpica y
las instalaciones deportivas tuvieran todos los fallos como en la plomería o el
agua que se volvió verde en la alberca de clavados. Todo esto debido a que los
funcionarios inflaron los precios de los contratos para tapar lo que se
llevaban de estos fraudes. Los brasileños (aunque no me explico porque no
protestaron cuando su país se postuló para ambos eventos deportivos) están muy
enojados por este asunto, ya que ahora prefieren un gobierno que invierta en
escuelas y servicios de salud de calidad que en estados de futbol. Además, la inflación
causa estragos en la población y un desempleo que no cede, no es de
sorprenderse que los cariocas estén enojados con su gobierno.
En cuanto a Venezuela,
Nicolás Maduro está dando patadas de ahogado y me temo que en las próximas elecciones
es muy probable que tenga que empacar sus cosas. La oposición a su gobierno
está pidiendo un referéndum revocatorio para que se vaya de una buena vez, sin
embargo, Maduro está haciendo lo posible para evitar que este referendo, con lo
que me temo que sólo está retrasando lo inevitable y nada ni nadie (ni Vladimir
Putin) lo van a salvar de esta. Lo que se ha hecho mal en Venezuela data del
tiempo de Hugo Chávez, ya que durante su nada corto gobierno se empeñó en
destruir la planta productiva de su país, ya que dicen los que saben que este salía
a la calle y señalaba con el dedo y decía “exprópiese”, y con el tiempo las
empresas paraestatales mostraron su ineficiencia, y ahora los venezolanos no
puede adquirir productos de la canasta básica sin hacer largas filas en las
tiendas, de inflación que está a todo lo que da y por más que el gobierno
intente paliar la situación decretando aumentos de sueldo por encima de la inflación,
me temo que esta aumento por lo menos al doble del porcentaje del aumento. Si a
nosotros los mexicanos nos ha ido mal con la caída del petróleo, a los
venezolanos les ha ido mucho peor, ya que el presupuesto del gobierno de dicho país
sudamericano dependía en un 70% de la renta petrolera, y los problemas se
agravaron con la caída del precio en 2014. Al parecer, el hecho de tener la
gasolina más barata del mundo no les ha servido para maldita la cosa.
En este espacio no he
hablado de Chile, que ahora es gobernado por una Michelle Bachelet contagiada
del chavismo más rancio. Yo admiraba profundamente a esta señora por las
mejoras que hizo en el sistema de salud chileno. Sin embargo, hay que ver que
paso antes de todo esto. Me remontare al tiempo del golpe de estado de Augusto
Pinochet contra Salvador Allende. En mi opinión, Allende era una persona que
tenía muy buenas intenciones, pero las políticas de nacionalización de empresas
y subsidios para los más necesitados lo único que hizo fue llevar a su país a
la quiebre y empobrecer a una buena parte de la población. A pesar de los
excesos de su gobierno, el actual desarrollo de Chile no se puede explicar sin
la intervención de la dictadura de Pinochet. Durante su gobierno el cheque
escolar para que los estudiantes pudieran ir a la escuela de su preferencia,
los créditos para la educación superior y el sistema de pensiones basado en
cuentas individuales. Se privatizaron muchas empresas y el país empezó a tener
niveles de desarrollo económico y social nunca antes vistos. Los gobiernos de
la Concertación y posteriores se alzaron el cuello con los logros del dictador
y ni las gracias le dieron. Todo esto se hizo gracias al economista Milton
Friedman, miembro destacado de los Chicago Boys. En 2011 entra en escena Camila
Vallejo, líder estudiantil que está en contra del lucro en la educación y
quiere un sistema educativo gratuito (algo imposible) porque se le hace injusto
que unos cuantos lucren con la educación. Me temo que las movilizaciones de los
estudiantes alentados por una niña berrinchuda y sus inmaduros cómplices fueron
utilizadas por la izquierda chilena para volver a la presidencia con Bachelet
como candidata. La misma Vallejo ahora ocupa un curul en el Congreso Nacional de
Chile y propuso una ley para que en las escuelas privadas se reinviertan las
utilidades en su totalidad. Esto lo único que va a hacer es causar el cierre de
escuela y el estado no va a poder absorber la demanda, generando un caos. Continua
en el próximo post.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Se acepta todo tipo de comentarios, menos insultos hacia el público o al editor.