La expropiación petrolera
es sin duda uno de los mitos más importantes, ya que ha impedido tener una
industria petrolera competitiva y rentable. El estado actual de la paraestatal
es el resultado de décadas de dejadez y corrupción extremas, pero el mexicano
promedio no está dispuesto a hacer cambios sustanciales a la estructura de la
empresa a pesar de que se necesiten con urgencia. Esto es debido sobre todo al idílico
escenario que nos plantean de la expropiación petrolera, donde nos dicen que al
recuperar el Estado Mexicano la rectoría sobre los hidrocarburos empezó una era
de desarrolla para el país sin igual. Sin embargo, me temo que la cruda
realidad es otra, ya que al estudiar lo que en realidad paso me temo que dos
que tres personas se darían cuenta de que las cosas no son tan idílicas como
nos las habían contado. Lo que ha venido pasando con la industria más
importante del país es la historia de un fracaso que ahora develare con lujo de
detalle.
Comencemos primero con el
Porfiriato. Durante este periodo de la historia fue cuando empezaron a darse
las primeras concesiones sobre los hidrocarburos en el país. Para no hacerles
el cuento largo, me iré hasta el tiempo de la Docena Trágica, donde una de las
causad del derribo de Madero fue un impuesto que el oriundo de Coahuila intento
imponer a la industria petrolera, que ya generaban mucho dinero del que no se
quedaba algo en el país. Además, el embajador de Estados Unidos, Henry Lane
Wilson estaba deseoso de una concesión petrolera. Al momento del asesinato de
Madero y cuando llego a la presidencia de nuestro vecino del norte, Woodrow
Wilson, destituyeron a este corrupto embajador, que quedó relegado de la política
norteamericana. Todo esto derivo en que los constituyentes de 1917 redactaran
el artículo 27 para que los recursos naturales quedaran a cargo de la nación y
el estado se encargaría de otorgarlos a particulares bajo el régimen de concesión.
Sin embargo, quedo como letra muerta hasta 1937, cuando comenzó una huelga por
el incumplimiento de las compañías de ciertos derechos, como el trato
preferencial que tenían hacia los trabajadores extranjeros.
Entre las cosas que
cuenta la historia oficial está que la mayoría de las empresas eran
norteamericanas. Nada más fuera de la realidad, ya que casi todas eran británicas.
Además, el inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial y la política del
buen vecino de Franklin Delano Roosevelt impidieron que el gobierno de Estados
Unidos tomara represalias contra nuestro país. Volviendo al párrafo anterior,
para 1938 el conflicto de los trabajadores de la industria petrolera llegó a su
clímax en febrero y marzo de ese año. Ya para entonces las empresas habían perdido
un pleito en la Junta de Conciliación y Arbitraje, y tocaba pagar una cantidad
de 26 millones de pesos a los trabadores, y llenándole el hígado de piedritas a
Lázaro Cárdenas, este decidió la expropiación de todos los bienes muebles e
inmuebles de las compañías petroleras, pasando a manos del estado. Si ustedes pensaron
que las empresas no se vengaron del estado, piensen de nuevo. Como represalia,
los empresarios del ramo se llevaron a los ingenieros y en general a la mano de
obra especializada, por lo que el gobierno no supo que hacer. Así que al año
siguiente, Cárdenas redactó una ley en la que se permitían las alianzas de
PEMEX con empresas particulares debido a lo anterior. Pero en el transcurso de
20 años solo aparecieron dos inversionistas para aliarse con la paraestatal.
Esto último derivo en que
el presidente Adolfo Ruiz Cortines deshiciera lo hecho por Cárdenas con respecto
a PEMEX y las alianzas público-privadas, dando un tiro en la sien de efecto
retardado. Esto fue porque el descubrimiento de grandes yacimientos a inicios
de la década de 1970, además de los altos precios del barril por los mismos
años, hizo que el gobierno descuidara otras áreas de la economía, y el barco comenzó
a hundirse a inicios de la década de los ‘80s con la caída del precio del
barril de crudo. Fue entonces cuando la cruda realidad alcanzo al gobierno de
José López Portillo, ya que fue cuando estalló una crisis económica que aun hoy
tiene repercusiones. Desde el tiempo de Ruiz Cortines la lógica de los gobiernos
ha sido meter el dinero proveniente de la renta petrolera al gasto corriente que
ha derivado en corrupción y despilfarro mayúsculo. Esta es la principal razón que
me lleva a pensar que la expropiación petrolera no ha servido para la mayoría de
los mexicanos, ya que la mayor parte de los recursos provenientes de la renta
petrolera se van a gasto corriente, es decir, a los gastos diarios para que el
funcionamiento del estado. Otro tanto ha terminado en los bolsillos de los
dirigentes del sindicato petrolero (la Quina, Romero Deschamps, etc.), en las
arcas de los partidos políticos (quizá por esto el Peje no esté de acuerdo con
la reforma energética), pero para 45 millones de mexicanos que están no ha
significado su salida de la pobreza. La principal causa del alto precio de la
gasolina se debe a que PEMEX tiene monopolizado el sector, lo que deriva también
en la mala calidad de los combustibles.
Los argumentos contra la
reforma energética tienen una solidez económica bastante endeble, ya que el
hecho de que 30 centavos de cada peso eran provenientes del petróleo representa
un riesgo, ya que la caída en el precio significa una crisis presupuestaria,
como efectivamente ocurrió en octubre de 2014. Esto hizo que el gobierno
tuviera que hacer el presupuesto de 2016 desde cero, sin contar con la renta
petrolera. PEMEX también sufre con un régimen fiscal que la sangra brutalmente
(70% de sus ingresos), lo que ha impedido su crecimiento. Además, el personal
cobra sueldo sin trabajar y pensiones altas, no es de sorprenderse que la
industria petrolera mexicana este en crisis.
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