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miércoles, 19 de febrero de 2020

Los problemas se juntan


Tal parece que al gobierno de la 4T se le van juntando los problemas y no se han dado cuenta de que podrían terminar con el agua hasta el cuello antes de lo que se imaginan. Esto es en parte porque López Obrador se puso expectativas muy altas que no va a poder cumplir por imposibles. Nade puede cumplir ciertas tareas en cuestión de días o meses, hay cosas que damos por sentado en los países desarrollados pero en realidad tomó décadas para construir. Un sistema de educación de calidad o un sistema de salud eficiente es algo que lleva décadas para construir, pero este gobierno quiere construir las cosas rápido sin tomar en cuenta la opinión de nadie más que la del presidente. Pero esto a la larga va a traer consecuencias negativas para todos. Estos son problemas que el gobierno ya debería estar afrontando, pero no los quieren reconocer y cuando lo hagan va a ser demasiado tarde.
Ahora quiero concentrarme en los problemas que se le están juntando al presidente, pues con el mal gobierno los resultados en las urnas para él y su partido no pueden salir favorables. Esto es algo que ya vieron venir a lo lejos y es la razón primordial de querer tomar el Instituto Nacional Electoral (INE) pues sería una manera de asegurar las elecciones intermedias y quizá las presidenciales más adelante. En realidad, esto es algo que se veía venir luego de la manera tan despreciable e inmoral que usaron para ampliar el periodo de Jaime Bonilla como gobernador de Baja California de dos a cinco años a pesar de que se acordó el periodo de dos años en la reforma electoral de 2014. Además, el gobierno tiene planeado usar los programas sociales para comprar la voluntad del electorado (corrupción pura, sin lugar a dudas). Recientemente, el presidente del INE, Lorenzo Córdova, tuvo que blindar de una posible remoción al Secretario Ejecutivo del organismo para bloquear los intentos del partido en el poder de tomar a una institución tan valiosa. Este año toca elegir a nuevos consejeros en el INE y, conociendo lo que hicieron en la CNDH o la Comisión Reguladora de Energía, esto puede salir bastante mal para nosotros y es mejor no descuidar ningún flanco por si las moscas.
El principal problema que tiene el presidente es la manía suya por improvisar y que está haciendo bastante daño. Todo el problema del plan de gobierno es que no hay plan de gobierno. Además, se está invirtiendo mucho esfuerzo en poner a aquellas voces que se atreven a alzarse contra el presidente ante su evidente incapacidad para gobernar. Si invirtieran la mitad del esfuerzo que se usa para pretender dejar a los opositores en ridículo  en hacer verdaderas políticas públicas el gobierno de la 4T ya estaría arrojando resultados positivos. Pero López Obrador es pura palabrería pues lo que pretende es vendernos su narrativa barata y cutre, pues lo que pretende es hacernos creer que su gobierno es moralmente superior a todo aquello que lo antecedió, pero la verdad se está quedando corto en cuanto a acciones que podría tomar. El presidente parece no comprender que el discurso de culpar a los gobiernos anteriores ya no está dando el resultado esperado. Yo sé que los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto fueron un desastre en muchos sentidos, pero buscar culpables no nos va a llevar a buen puerto, aunque sirve de distracción para las masas.
Pero el problema principal es que el presidente usa el púlpito para denostar a los adversarios cuando la situación se torna inconveniente para la narrativa que intenta construir, pero se le cae a pedazos. Y ya no solo es eso puesto que también se intenta denostar a las personas que reclaman por la falta de resultados por otros medios. Es el caso de la familia LeBaron, por ejemplo, que con la muerte atroz de varios de sus integrantes a manos del crimen organizado (entre ellos varios niños) se inventaron una campaña en redes sociales para desprestigiarlos con cosas como “¿Por qué no le reclamaron a Calderón?” (Cuando Julián LeBaron comenzó su activismo luego del secuestro y asesinato de su hermano Benjamín en 2009, durante la presidencia de Felipe Calderón) o con la solicitud que hizo esta familia al gobierno de Estados Unidos de marcar a los narcotraficantes como terroristas. Esta campaña sin duda tenía el propósito de dañar su imagen y de ese modo no dañar la narrativa barata del país ficticio que el presidente pretende vendernos. Esta práctica ha permeado hasta en los gobiernos locales de MORENA, pues con el pretexto de Fátima, la niña asesinada en la Ciudad de México, se hizo público un expediente abierto por el DIF de la entidad y no puedo interpretarlo más que como un intento muy malo de callar a la familia de la víctima que lo único que reclama es justicia y pide a las autoridades que hagan su trabajo, no más. Y esto es más preocupante todavía porque es evidente que el gobierno trata de evadir su responsabilidad enlodando a los familiares de las víctimas o a las mismas víctimas, algo que le señalaron y criticaron mucho a Calderón y Peña Nieto (esto lo hizo Javier Sicilia, a quien le mataron a su hijo en 2011, también durante el gobierno de Felipe Calderón).    Los problemas se juntan y al presidente cada vez le es más difícil vendernos la narrativa del pueblo “feliz, feliz, feliz” sin cambiar la táctica para que deje de estar cada vez más “furioso, furioso, furioso”.

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