Tal parece que al
gobierno de la 4T se le van juntando los problemas y no se han dado cuenta de
que podrían terminar con el agua hasta el cuello antes de lo que se imaginan. Esto
es en parte porque López Obrador se puso expectativas muy altas que no va a
poder cumplir por imposibles. Nade puede cumplir ciertas tareas en cuestión de
días o meses, hay cosas que damos por sentado en los países desarrollados pero
en realidad tomó décadas para construir. Un sistema de educación de calidad o
un sistema de salud eficiente es algo que lleva décadas para construir, pero
este gobierno quiere construir las cosas rápido sin tomar en cuenta la opinión de
nadie más que la del presidente. Pero esto a la larga va a traer consecuencias
negativas para todos. Estos son problemas que el gobierno ya debería estar
afrontando, pero no los quieren reconocer y cuando lo hagan va a ser demasiado
tarde.
Ahora quiero concentrarme
en los problemas que se le están juntando al presidente, pues con el mal
gobierno los resultados en las urnas para él y su partido no pueden salir
favorables. Esto es algo que ya vieron venir a lo lejos y es la razón primordial
de querer tomar el Instituto Nacional Electoral (INE) pues sería una manera de
asegurar las elecciones intermedias y quizá las presidenciales más adelante. En
realidad, esto es algo que se veía venir luego de la manera tan despreciable e
inmoral que usaron para ampliar el periodo de Jaime Bonilla como gobernador de
Baja California de dos a cinco años a pesar de que se acordó el periodo de dos
años en la reforma electoral de 2014. Además, el gobierno tiene planeado usar
los programas sociales para comprar la voluntad del electorado (corrupción pura,
sin lugar a dudas). Recientemente, el presidente del INE, Lorenzo Córdova, tuvo
que blindar de una posible remoción al Secretario Ejecutivo del organismo para
bloquear los intentos del partido en el poder de tomar a una institución tan
valiosa. Este año toca elegir a nuevos consejeros en el INE y, conociendo lo que
hicieron en la CNDH o la Comisión Reguladora de Energía, esto puede salir
bastante mal para nosotros y es mejor no descuidar ningún flanco por si las
moscas.
El principal problema que
tiene el presidente es la manía suya por improvisar y que está haciendo
bastante daño. Todo el problema del plan de gobierno es que no hay plan de
gobierno. Además, se está invirtiendo mucho esfuerzo en poner a aquellas voces
que se atreven a alzarse contra el presidente ante su evidente incapacidad para
gobernar. Si invirtieran la mitad del esfuerzo que se usa para pretender dejar
a los opositores en ridículo en hacer
verdaderas políticas públicas el gobierno de la 4T ya estaría arrojando
resultados positivos. Pero López Obrador es pura palabrería pues lo que
pretende es vendernos su narrativa barata y cutre, pues lo que pretende es hacernos
creer que su gobierno es moralmente superior a todo aquello que lo antecedió,
pero la verdad se está quedando corto en cuanto a acciones que podría tomar. El
presidente parece no comprender que el discurso de culpar a los gobiernos
anteriores ya no está dando el resultado esperado. Yo sé que los gobiernos de
Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto fueron un desastre en muchos sentidos,
pero buscar culpables no nos va a llevar a buen puerto, aunque sirve de distracción
para las masas.
Pero el problema
principal es que el presidente usa el púlpito para denostar a los adversarios
cuando la situación se torna inconveniente para la narrativa que intenta
construir, pero se le cae a pedazos. Y ya no solo es eso puesto que también se
intenta denostar a las personas que reclaman por la falta de resultados por
otros medios. Es el caso de la familia LeBaron, por ejemplo, que con la muerte
atroz de varios de sus integrantes a manos del crimen organizado (entre ellos
varios niños) se inventaron una campaña en redes sociales para desprestigiarlos
con cosas como “¿Por qué no le reclamaron a Calderón?” (Cuando Julián LeBaron
comenzó su activismo luego del secuestro y asesinato de su hermano Benjamín en
2009, durante la presidencia de Felipe Calderón) o con la solicitud que hizo
esta familia al gobierno de Estados Unidos de marcar a los narcotraficantes
como terroristas. Esta campaña sin duda tenía el propósito de dañar su imagen y
de ese modo no dañar la narrativa barata del país ficticio que el presidente
pretende vendernos. Esta práctica ha permeado hasta en los gobiernos locales de
MORENA, pues con el pretexto de Fátima, la niña asesinada en la Ciudad de
México, se hizo público un expediente abierto por el DIF de la entidad y no
puedo interpretarlo más que como un intento muy malo de callar a la familia de
la víctima que lo único que reclama es justicia y pide a las autoridades que
hagan su trabajo, no más. Y esto es más preocupante todavía porque es evidente
que el gobierno trata de evadir su responsabilidad enlodando a los familiares
de las víctimas o a las mismas víctimas, algo que le señalaron y criticaron mucho
a Calderón y Peña Nieto (esto lo hizo Javier Sicilia, a quien le mataron a su
hijo en 2011, también durante el gobierno de Felipe Calderón). Los problemas se juntan y al presidente cada
vez le es más difícil vendernos la narrativa del pueblo “feliz, feliz, feliz”
sin cambiar la táctica para que deje de estar cada vez más “furioso, furioso,
furioso”.
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