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lunes, 17 de febrero de 2020

Del feminicidio y otras cuestiones


Este es uno de los temas más escabrosos que uno puede tratar en la vida. Yo tengo algunas consideraciones para el delito de feminicidio que se contraponen con lo que dicen los colectivos feministas. Pero no me mal entiendan, pues para mí ponerle fin a la vida de otros, salvo para defender la propia existencia, es algo que jamás tendrá justificación. Estoy en contra de tipificar la muerte de una mujer por “motivos de género” por simple igualdad ante la ley, algo por lo que lucharon las feministas en el pasado, pero ahora tal parece que la vida de una mujer es más valiosa que la de un hombre, cosa que no debe ser así: la vida humana debe tener el mismo valor y ser independiente de cuestiones de género, edad, color de piel, preferencias sexuales, creencias religiosas y otras etiquetas inventadas a lo largo del tiempo.
¿Cuál es el problema de México entonces? Cuando una persona va a denunciar que padece de violencia domestica (independientemente del género) la autoridad se burla del denunciante. Si es mujer (que por cierto, son los casos más frecuentes y mejor documentados por las ONG) básicamente se burlan de ella diciendo que es su obligación atender al marido y que por algo le pega. Si es hombre, bueno, la cosa puede ser peor, e incluso en el cine y la televisión la violencia de una mujer hacia un hombre es tratado cómo algo cómico. Pero este tipo de cuestiones no se reducen únicamente a la pareja integrada por un hombre y una mujer. También existe la violencia en parejas homosexuales, aunque es también poco frecuente debido a que la mayor parte de la población no tiene preferencia por su mismo sexo, pero eso no quiere decir que no puede ocurrir. Con esto queda claro que la violencia en el hogar o en la familia no es una cuestión de género aunque las mujeres sean las víctimas más frecuentes. Aunque sí tengo que dejar algo en claro con respecto a todo lo anterior: es obligación de la autoridad investigar un delito (y este lo es, pues no solo la víctima la que resulta perjudicada, también los hijos si los hay), en dado caso aprehender a los responsables y ponerlos a disposición de la autoridad judicial. Ojo con esto, investigar un delito, que no es lo mismo que creerle a la víctima inmediatamente, pues también esta puede estar mintiendo para perjudicar a un tercero. Y sí que se han dado casos en donde una “víctima” denuncia agresión por parte de la pareja y resulta que estaba mintiendo. Ahí está el caso del youtuber español Dalas, o el más reciente del actor Johnny Deep, que fueron acusados de agresión por sus respectivas ex parejas. En el caso de Johnny Deep, las cosas fueron exactamente al revés y con Dalas simplemente los cargos fueron inventados.
Hay cosas que se me hacen detestables como el usar ciertos colectivos para hacerse con el poder. Sí, estoy hablando del presidente que utilizó ciertos colectivos feministas para atacar a los gobiernos que lo antecedieron y cuyos presidentes lo vencieron en las elecciones de 2006 y 2012. Haciendo memoria en la campaña de 2012, en la que todo estaba dirigido en contra de Peña Nieto, se señalaba la gran cantidad de feminicidios sin esclarecer durante su mandato como gobernador del Estado de México (2005-2011). Es cierto que Peña Nieto no fue buen gobernador ni tampoco buen presidente, pero ahora me doy cuenta de que López Obrador no tenía cara para criticarlo como lo hizo en aquel momento (o por lo menos sus seguidores). Los colectivos feministas o los padres de los 43 estudiantes sirvieron a López Obrador para llegar al poder en su momento. Y si fueron palanca para él, temo decir que ahora se han convertido en una piedra en el zapato para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y por eso intenta hacer pasar todo esto como intentos de sus adversarios para tirarlo de la presidencia, aunque esto no es así.
Ahora bien, ¿cuál es la causa de tantos crímenes horrendos en México? No quisiera aventurarme a decir que es causa de falta de estado de derecho, pero lo es. Ya en otras ocasiones he planteado que es un síntoma de la debilidad del Estado al ni siquiera poder garantizar su propia existencia. Y es para mí desolador saber que en otros periodos de la historia de nuestro país la inseguridad asolaba. Novelas como “El Zarco” o “Los bandidos de Río Frío” son obras que documentan todo esto y he leído crónicas de delitos que parece que se cometieron en años recientes pero ocurrieron en 1838, por ejemplo. Y aunque ansió que México viva en paz, hay ciertos límites que no se deben traspasar por ningún motivo. Hace poco en nuestro país quisieron aprobar una ley bastante punitiva en contra de la violencia contra la mujer (como si la violencia tuviera género, y ya argumenté por qué esto no puede ser), pues el agresor podría pasar incluso años en prisión antes de comprobar su inocencia (si fuera el caso) pues con esta ley la presunción de inocencia no es una garantía. La idea la sacaron de España, donde aprobaron una ley similar (cortesía del partido de izquierda PODEMOS) y francamente es algo que no es para enorgullecerse y menos para tratar de imitar. Pero sí es necesario poner las cartas sobre la mesa pues lo que falta es simplemente que las autoridades hagan su trabajo y den resultados. Esto es todo lo que se exige. No se vale culpar a los “neoliberales” de la incapacidad para brindar una función esencial del Estado: seguridad.    

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