Este es uno de los temas
más escabrosos que uno puede tratar en la vida. Yo tengo algunas
consideraciones para el delito de feminicidio que se contraponen con lo que
dicen los colectivos feministas. Pero no me mal entiendan, pues para mí ponerle
fin a la vida de otros, salvo para defender la propia existencia, es algo que
jamás tendrá justificación. Estoy en contra de tipificar la muerte de una mujer
por “motivos de género” por simple igualdad ante la ley, algo por lo que
lucharon las feministas en el pasado, pero ahora tal parece que la vida de una
mujer es más valiosa que la de un hombre, cosa que no debe ser así: la vida
humana debe tener el mismo valor y ser independiente de cuestiones de género,
edad, color de piel, preferencias sexuales, creencias religiosas y otras
etiquetas inventadas a lo largo del tiempo.
¿Cuál es el problema de
México entonces? Cuando una persona va a denunciar que padece de violencia
domestica (independientemente del género) la autoridad se burla del
denunciante. Si es mujer (que por cierto, son los casos más frecuentes y mejor
documentados por las ONG) básicamente se burlan de ella diciendo que es su obligación
atender al marido y que por algo le pega. Si es hombre, bueno, la cosa puede
ser peor, e incluso en el cine y la televisión la violencia de una mujer hacia
un hombre es tratado cómo algo cómico. Pero este tipo de cuestiones no se
reducen únicamente a la pareja integrada por un hombre y una mujer. También existe
la violencia en parejas homosexuales, aunque es también poco frecuente debido a
que la mayor parte de la población no tiene preferencia por su mismo sexo, pero
eso no quiere decir que no puede ocurrir. Con esto queda claro que la violencia
en el hogar o en la familia no es una cuestión de género aunque las mujeres
sean las víctimas más frecuentes. Aunque sí tengo que dejar algo en claro con
respecto a todo lo anterior: es obligación de la autoridad investigar un delito
(y este lo es, pues no solo la víctima la que resulta perjudicada, también los
hijos si los hay), en dado caso aprehender a los responsables y ponerlos a disposición
de la autoridad judicial. Ojo con esto, investigar un delito, que no es lo
mismo que creerle a la víctima inmediatamente, pues también esta puede estar
mintiendo para perjudicar a un tercero. Y sí que se han dado casos en donde una
“víctima” denuncia agresión por parte de la pareja y resulta que estaba
mintiendo. Ahí está el caso del youtuber español Dalas, o el más reciente del
actor Johnny Deep, que fueron acusados de agresión por sus respectivas ex
parejas. En el caso de Johnny Deep, las cosas fueron exactamente al revés y con
Dalas simplemente los cargos fueron inventados.
Hay cosas que se me hacen
detestables como el usar ciertos colectivos para hacerse con el poder. Sí,
estoy hablando del presidente que utilizó ciertos colectivos feministas para
atacar a los gobiernos que lo antecedieron y cuyos presidentes lo vencieron en
las elecciones de 2006 y 2012. Haciendo memoria en la campaña de 2012, en la
que todo estaba dirigido en contra de Peña Nieto, se señalaba la gran cantidad
de feminicidios sin esclarecer durante su mandato como gobernador del Estado de
México (2005-2011). Es cierto que Peña Nieto no fue buen gobernador ni tampoco
buen presidente, pero ahora me doy cuenta de que López Obrador no tenía cara
para criticarlo como lo hizo en aquel momento (o por lo menos sus seguidores). Los
colectivos feministas o los padres de los 43 estudiantes sirvieron a López
Obrador para llegar al poder en su momento. Y si fueron palanca para él, temo
decir que ahora se han convertido en una piedra en el zapato para el gobierno
de Andrés Manuel López Obrador y por eso intenta hacer pasar todo esto como
intentos de sus adversarios para tirarlo de la presidencia, aunque esto no es
así.
Ahora bien, ¿cuál es la
causa de tantos crímenes horrendos en México? No quisiera aventurarme a decir
que es causa de falta de estado de derecho, pero lo es. Ya en otras ocasiones
he planteado que es un síntoma de la debilidad del Estado al ni siquiera poder
garantizar su propia existencia. Y es para mí desolador saber que en otros
periodos de la historia de nuestro país la inseguridad asolaba. Novelas como “El
Zarco” o “Los bandidos de Río Frío” son obras que documentan todo esto y he
leído crónicas de delitos que parece que se cometieron en años recientes pero
ocurrieron en 1838, por ejemplo. Y aunque ansió que México viva en paz, hay
ciertos límites que no se deben traspasar por ningún motivo. Hace poco en
nuestro país quisieron aprobar una ley bastante punitiva en contra de la
violencia contra la mujer (como si la violencia tuviera género, y ya argumenté
por qué esto no puede ser), pues el agresor podría pasar incluso años en prisión
antes de comprobar su inocencia (si fuera el caso) pues con esta ley la
presunción de inocencia no es una garantía. La idea la sacaron de España, donde
aprobaron una ley similar (cortesía del partido de izquierda PODEMOS) y
francamente es algo que no es para enorgullecerse y menos para tratar de
imitar. Pero sí es necesario poner las cartas sobre la mesa pues lo que falta
es simplemente que las autoridades hagan su trabajo y den resultados. Esto es
todo lo que se exige. No se vale culpar a los “neoliberales” de la incapacidad
para brindar una función esencial del Estado: seguridad.
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