Si en la actualidad hay
una corriente de pensamiento a la que no tomo en serio bajo ninguna
circunstancia es al progresismo. Sí sé que en su agenda política están el
matrimonio igualitario, la adopción de niños por parte de parejas del mismo
sexo y la protección de los animales y otras cosas que son muy bonitas, pero también
tienen unas contradicciones que me deja perplejo como el aborto, la inclusión a
rajatabla y leyes sacadas de la Santa Inquisición para castigar ciertos delitos
o conductas que les parecen incómodas. Es cierto que en todas las ideologías hay
contradicciones, pero en esta es donde he encontrado más que en ninguna otra. Yo
he vivido en un lugar tan conservador como Zacatecas o en uno tan progresista
como la Ciudad de México y puedo asegurar que en ambos hay muchas
contradicciones en la manera de ver las cosas. Sin embargo, las contradicciones
del progresismo en la capital del país me dejan azorado.
El primer apartado en el
que encuentro contradicciones importantes es en lo referente al aborto. Me llama
mucho la atención que un grupo que lucha a favor de los derechos de los
animales esté de acuerdo con acabar con la vida de un no nato. Me llama,
insisto, mucho la atención que un colectivo que está en contra de espectáculos sangrientos
como las corridas de toros (herencia de los espectáculos del Coliseo Romano) también
estén a favor de matar a un niño inocente que empieza su vida. Pero más allá,
cuando los progresistas celebraron la aprobación del aborto en Oaxaca, no pocas
voces señalaron que en ese estado existen grupos indígenas que venden a las
niñas entre los 11-15 años con fines de matrimonio a cambio de cabezas de
ganado e incluso bebidas alcohólicas. El argumento a favor del aborto tiene que
ver con el “derecho a decidir sobre su cuerpo y su vida de las mujeres”, ¿la
venta de niñas con fines de matrimonio que ocurre en muchas comunidades indígenas
de Oaxaca, Guerrero o Chiapas no viola precisamente esos dos derechos
fundamentales de cualquier persona al truncar porque truncan su proyecto de
vida? Esa es una pregunta que yo le hago a los progresistas. Porque sí creen
que es necesario hacer pasar a una niña de entre 11 y 15 años por el
sufrimiento innecesario de una violación sexual a manos del tipo al que se la
vendieron sus padres, que quede embarazada y luego tenga que abortar, por
favor. Estoy convencido de que en la vida ha sufrimientos, pero hay algunos que
son necesarios para crecer y otros que la verdad es mejor ni siquiera pensar en
pasar por ellos.
El segundo caso en el que
encuentro contradicciones es en el tema de violencia de género, que para mí es
una sin razón. A lo largo de mis casi treinta años de existencia he conocido
diversos casos de violencia en la pareja o en la familia. La mayoría de ellos fueron
perpetrados por hombres y las víctimas eran evidentemente la pareja, los hijos
o ambos, pero también supe de dos casos en los que el victimario era la mujer
(todos esos casos los vi de cerca en Zacatecas). Y aunque no he tenido el
infortunio (toda forma de violencia es detestable), pero no por eso no quiere
decir que no pase, sé que también existe la violencia en las parejas
homosexuales. En otras palabras, la violencia de género no existe como tal sino
que es violencia en la pareja o en la familia son términos más apropiados para
describir estos fenómenos. Hace poco en México querían aprobar una ley contra
la “violencia de género” en la que la presunción de inocencia simple y
llanamente no existe porque la autoridad inmediatamente procedía a la detención
sin investigar nada, solo con el testimonio de la víctima (o supuesta víctima).
La idea se copió de una legislación parecía aprobada en España y que es muy
cuestionada. Y algo que leí del país ibérico en periódicos como “El Mundo” o “El
Confidencial” sobre el filicidio (la muerte de los hijos a manos de sus padres)
en España es algo alarmante: de 22 casos, doce fueron perpetrados únicamente por
la madre, cinco por a manos del padre, uno a manos de ambos y otro a manos de
la madre y el padrastro. ¿Aquí aplica el término “violencia de género”? Yo creo
que no y solo existe la violencia a secas.
En el caso de la
violencia sexual, también hay delitos que son invisibilizados por los
progresistas, como el abuso sexual de menores de sexo masculino por parte de
mujeres (incluso en la cultura machista es calificada de “iniciación sexual” en
muchos casos, incluso en países desarrollados, no solo en México). Pero no solo
es lo referente a este tipo de delitos lo que me deja perplejo, sino también
otras cuestiones. En la Ciudad de México, por ejemplo, se reservan áreas
especiales para mujeres y niños menores de doce años en transportes colectivos
como el metro o el metrobus, e incluso se plantea el meter a la cárcel a los
hombres que no respeten esa segregación. Lo contradictorio de este punto es que
ese mismo grupo que propone lo anterior en el congreso capitalino (es el de
MORENA, no faltaba más) se le ha ocurrido la idea de imponer baños unisex en
restaurantes, plazas comerciales y escuelas. Y aunque yo entiendo que el acoso
sexual en el transporte público de la capital es algo muy serio (leí en alguna
parte acerca de un hombre que se masturbó en un vagón del metro en hora pico y
eyaculó en la pierna de una mujer, que asco), creo que un baño público es un
mucho peor lugar para ser compartido por hombres y mujeres que un vagón del
metro en hora pico. Estos son los motivos que me llevan a desconfiar de muchos
grupos progresistas. Ya mejor ni hablamos de los puntos en los que se comportan
de manera más puritana que la propia Iglesia Católica a al que tanto dicen
detestar y que tienen que ver con la sexualidad femenina. Lo que sí me queda
claro es que en muchos casos no les dan voz a las víctimas que se salen de sus
discursos o pretenden tratarlos como eternos incapacitados de tomar las riendas
de su vida como mejor les parezca. Ahí les dejo la reflexión.
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