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jueves, 20 de febrero de 2020

Contradicciones progresistas


Si en la actualidad hay una corriente de pensamiento a la que no tomo en serio bajo ninguna circunstancia es al progresismo. Sí sé que en su agenda política están el matrimonio igualitario, la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo y la protección de los animales y otras cosas que son muy bonitas, pero también tienen unas contradicciones que me deja perplejo como el aborto, la inclusión a rajatabla y leyes sacadas de la Santa Inquisición para castigar ciertos delitos o conductas que les parecen incómodas. Es cierto que en todas las ideologías hay contradicciones, pero en esta es donde he encontrado más que en ninguna otra. Yo he vivido en un lugar tan conservador como Zacatecas o en uno tan progresista como la Ciudad de México y puedo asegurar que en ambos hay muchas contradicciones en la manera de ver las cosas. Sin embargo, las contradicciones del progresismo en la capital del país me dejan azorado.
El primer apartado en el que encuentro contradicciones importantes es en lo referente al aborto. Me llama mucho la atención que un grupo que lucha a favor de los derechos de los animales esté de acuerdo con acabar con la vida de un no nato. Me llama, insisto, mucho la atención que un colectivo que está en contra de espectáculos sangrientos como las corridas de toros (herencia de los espectáculos del Coliseo Romano) también estén a favor de matar a un niño inocente que empieza su vida. Pero más allá, cuando los progresistas celebraron la aprobación del aborto en Oaxaca, no pocas voces señalaron que en ese estado existen grupos indígenas que venden a las niñas entre los 11-15 años con fines de matrimonio a cambio de cabezas de ganado e incluso bebidas alcohólicas. El argumento a favor del aborto tiene que ver con el “derecho a decidir sobre su cuerpo y su vida de las mujeres”, ¿la venta de niñas con fines de matrimonio que ocurre en muchas comunidades indígenas de Oaxaca, Guerrero o Chiapas no viola precisamente esos dos derechos fundamentales de cualquier persona al truncar porque truncan su proyecto de vida? Esa es una pregunta que yo le hago a los progresistas. Porque sí creen que es necesario hacer pasar a una niña de entre 11 y 15 años por el sufrimiento innecesario de una violación sexual a manos del tipo al que se la vendieron sus padres, que quede embarazada y luego tenga que abortar, por favor. Estoy convencido de que en la vida ha sufrimientos, pero hay algunos que son necesarios para crecer y otros que la verdad es mejor ni siquiera pensar en pasar por ellos.
El segundo caso en el que encuentro contradicciones es en el tema de violencia de género, que para mí es una sin razón. A lo largo de mis casi treinta años de existencia he conocido diversos casos de violencia en la pareja o en la familia. La mayoría de ellos fueron perpetrados por hombres y las víctimas eran evidentemente la pareja, los hijos o ambos, pero también supe de dos casos en los que el victimario era la mujer (todos esos casos los vi de cerca en Zacatecas). Y aunque no he tenido el infortunio (toda forma de violencia es detestable), pero no por eso no quiere decir que no pase, sé que también existe la violencia en las parejas homosexuales. En otras palabras, la violencia de género no existe como tal sino que es violencia en la pareja o en la familia son términos más apropiados para describir estos fenómenos. Hace poco en México querían aprobar una ley contra la “violencia de género” en la que la presunción de inocencia simple y llanamente no existe porque la autoridad inmediatamente procedía a la detención sin investigar nada, solo con el testimonio de la víctima (o supuesta víctima). La idea se copió de una legislación parecía aprobada en España y que es muy cuestionada. Y algo que leí del país ibérico en periódicos como “El Mundo” o “El Confidencial” sobre el filicidio (la muerte de los hijos a manos de sus padres) en España es algo alarmante: de 22 casos, doce fueron perpetrados únicamente por la madre, cinco por a manos del padre, uno a manos de ambos y otro a manos de la madre y el padrastro. ¿Aquí aplica el término “violencia de género”? Yo creo que no y solo existe la violencia a secas.
En el caso de la violencia sexual, también hay delitos que son invisibilizados por los progresistas, como el abuso sexual de menores de sexo masculino por parte de mujeres (incluso en la cultura machista es calificada de “iniciación sexual” en muchos casos, incluso en países desarrollados, no solo en México). Pero no solo es lo referente a este tipo de delitos lo que me deja perplejo, sino también otras cuestiones. En la Ciudad de México, por ejemplo, se reservan áreas especiales para mujeres y niños menores de doce años en transportes colectivos como el metro o el metrobus, e incluso se plantea el meter a la cárcel a los hombres que no respeten esa segregación. Lo contradictorio de este punto es que ese mismo grupo que propone lo anterior en el congreso capitalino (es el de MORENA, no faltaba más) se le ha ocurrido la idea de imponer baños unisex en restaurantes, plazas comerciales y escuelas. Y aunque yo entiendo que el acoso sexual en el transporte público de la capital es algo muy serio (leí en alguna parte acerca de un hombre que se masturbó en un vagón del metro en hora pico y eyaculó en la pierna de una mujer, que asco), creo que un baño público es un mucho peor lugar para ser compartido por hombres y mujeres que un vagón del metro en hora pico. Estos son los motivos que me llevan a desconfiar de muchos grupos progresistas. Ya mejor ni hablamos de los puntos en los que se comportan de manera más puritana que la propia Iglesia Católica a al que tanto dicen detestar y que tienen que ver con la sexualidad femenina. Lo que sí me queda claro es que en muchos casos no les dan voz a las víctimas que se salen de sus discursos o pretenden tratarlos como eternos incapacitados de tomar las riendas de su vida como mejor les parezca. Ahí les dejo la reflexión.  

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