La rifa del avión
presidencial es definitivamente un circo para que la gente hable de ese tema y
se olvide de la pésima administración de López Obrador. Vamos, el sistema de
salud está colapsado sin que le importe al presidente, la inseguridad va al alza,
la economía está paralizada y tal parece que se va a reafirmar el capitalismo
de cuates con el espectáculo que dieron ayer algunos dizque empresarios con la
compra de boletos para la rifa (o no rifa) del avión presidencial. Un circo que
solo sirve para distraer de lo que importa y para que le aplaudan al
presidente. Esto me recuerda mucho al PRI de los años 60 y 70 que fue cuando el
autoritarismo del mismo llegó a su cenit y había una banda de aduladores lista
para aplaudir al señor presidente aunque se equivocara de manera terrible. Y estamos
hablando de la época de los peores gobiernos del PRI, empezando con Luis
Echeverría y terminando con el de José López Portillo.
Remontándonos a la década
de los 60 y 70 cuando el Estado era el amo y señor porque decidía desde el
color de los carros del metro hasta todo lo referente a la materia económica, además
de otros aspectos de la vida de los mexicanos. El secretario de Hacienda durante
los gobiernos de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz (1958-1964 y
1964-1970), Antonio Ortiz Mena, que por cierto fue uno de los mejores que ha
tenido México, publicó en sus memorias que si bien el modelo económico en el
que el gobierno era el que tomaba todas las decisiones había tenido efectos
positivos, a la larga esto sería insostenible. Y tenía razón, pues durante los
siguientes dos sexenios después de que dejo su cargo el modelo comenzó a hacer
agua. Luis Echeverría, en primer lugar, se puso a estatizar todas las empresas
que pudo así como a regalar tanto dinero como le fuera posible. Sin embargo,
esto comenzó a reducir las entradas de dinero, pero lo que sí creció de manera
desmesurada fue el gasto gubernamental, por lo que el gobierno comenzó a
endeudarse espectacularmente. Esta tendencia continuó durante el gobierno de
José López Portillo motivado por el alto precio del petróleo derivado del
embargo petrolero por parte de la OPEP. Pero esto obviamente no duró y a
principios de los años 80 el precio cayó y se desató una de las peores crisis económicas
de la historia de nuestro país, pero es evidente que de eso ya nadie se
acuerda, o por lo menos no entre las generaciones más jóvenes.
Hay algo que la mayoría de
las personas no alcanzan a comprender y es el hecho de que en México nunca se
implantó el modelo neoliberal en forma plena. Es cierto que durante las décadas
de los 80 y 90 se privatizaron un buen número de empresas paraestatales, pero
la liberalización de la economía también debió haber llevado consigo la liberalización
de la competencia económica de las empresas, caso de algunos sectores clave de
la economía en los que no ocurrió como en energía, transporte y comunicaciones.
La izquierda le ha vendido a todos los mexicanos una idea errónea de lo que es
la liberalización de una economía, pues nada tiene que ver con ello la cooptación
del gobierno y los empresarios. Y esto, contrario a lo que se cree entre el vox
populi no es algo nuevo, sino que viene del virreinato cuando el gobernante
decidía sobre todo, hasta quién podía entrar a ciertos negocios. En realidad
esto es una pequeña muestra de que no hemos roto con el antiguo orden español
del que la mayoría de los mexicanos se avergüenzan, y por el que el actual
gobierno insiste en exigir disculpas al gobierno español pero no desterrar el
orden que nos impusieron, que incongruencia.
Vamos: actualmente la economía
está mal, pues la caída del 0.1% del PIB era algo no visto desde el sexenio de
Ernesto Zedillo (la últimas vez que cayó por cuestiones más internas que
externas). Recientemente el Banco de México anunció una reducción de la tasa de
interés del 9.5 al 7%, lo que es un indicio de que nadie está pidiendo crédito
y eso es un indicador de que la economía está parada. Con la crisis del sector
salud, culpa en buena medida del gobierno, la rifa del avión presidencial tiene
por objeto (según dice el gobierno) comprar medicinas y equipo médico. Y a esto
hay que agregar una cosa más: buena parte de los recursos se está destinando
para comprar votos en las próximas elecciones. Uniendo los tres puntos se llega
a una conclusión escabrosa: con la economía parada cayó la recaudación fiscal y
el gobierno ya no encuentra la puerta para sufragar tanto gasto que tiene que
afrontar. Con la cena que hizo el presidente pretende obtener dinero fácil y rápido
(que en realidad es más difícil de obtener) y conseguir inversiones para
reactivar la economía y de pasada taparle el ojo al macho con la rifa del
avión. El pase de charola es para extorsionar a los empresarios sin lugar a
dudas. Evidencia por un lado que el gobierno no tiene recursos y por el otro
que es capaz de llegar hasta la inmundicia con tal de obtenerlos. Tanto que
criticó el presidente a Salinas por el pase de charola de 1993 y ahora López
Obrador muestra que puede caer igual o más bajo todavía.
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