Tal parece que están
saliendo a flote los escándalos más importantes de la administración de Enrique
Peña Nieto. Y aunque todo acto de corrupción debe ser castigado con todo el
peso de la ley, tengo mis dudas acerca del caso en contra de Emilio Lozoya. Si son
legítimos o no, es algo que solo el tiempo dirá si quienes vaticinamos esto
tenemos razón o no. Esto es porque no soy el único que piensa que el gobierno
ya está quemando los cartuchos que tenía reservados para momentos difíciles. Y vaya
que estos momentos son ahora a más de año y medio después de la toma de posesión
y López Obrador y a dos años de la victoria de MORENA en las urnas. Si esto lo
digo es porque antes ya había analistas que piensan que la pandemia solo
aceleró lo que era inevitable, aunque yo esperaba ver este escenario hasta el
tercer o cuarto año de gobierno. Tiene razón Brozo al afirmar que la pandemia
solo desnudo a la 4T ante un país que en materia económica venía bastante mal
desde hacia tiempo.
Algo de lo que no me cabe
la menor duda es la tremenda corrupción durante la administración de Peña Nieto. La Estafa
Maestra o el caso Odebrecht son los ejemplos más claros de esta corrupción,
aunque también hay que agregar a gobernadores como Cesar Duarte o Javier Duarte
y el caso de FERTINAL. Lozoya como director de PEMEX está involucrado en el
caso Odebrecht y en el de FERTINAL. Desde luego que esto es correcto pues la detención
de Lozoya podría ser un primer paso para poner fin a la impunidad de los altos
funcionarios, pero con este gobierno francamente tengo serias dudas. Esto es
porque el presidente está usando la detención de Lozoya para golpear a sus
adversarios de tal modo que pueda desprestigiarlos para los próximos comicios. Pero
sobre todo para montar un espectáculo y de eso modo distraer a todo el mundo de
su pésima administración y tratar de recuperar popularidad para las elecciones
de 2021. Sin embargo, el único modo en el que eso podría suceder es que el ex presidente
Enrique Peña Nieto acabe tras las rejas lo que se antoja bastante difícil. Y si
no se llega a hasta ese punto, la popularidad de López Obrador podría llegar a
caer aún más de lo que ya lleva hasta el momento de tal modo que parece que
está jugando con fuego.
Sin embargo, López
Obrador está usando el caso para hacer cacería de brujas, pues intenta que la
gente crea que Lozoya tiene información comprometedora de sus adversarios y que
podría poner en entredicho la reforma energética. Entre los nombres que
supuestamente ha dado el ex director de PEMEX está Ricardo Anaya, Ernesto
Cordero, Felipa Calderón, etc., es decir, todos aquellos contra los que tiene o
tuvo rencillas. Sus electores podrían creer que el mesías camina sobre el agua,
pero cualquier persona con dos dedos de frente sabe muy bien que el presidente
está en sus horas más bajas y en su desesperación sale a cazar brujas como en
el Salem del siglo XVIII tratando de desprestigiar a los que considera sus
adversarios. Sin embargo, el juego le puede salir contraproducente porque
cualquier abogado medianamente competente podría tirar el caso argumentando que
el presidente no respetó el debido proceso debido a que se la pasó revelando información
confidencial incluso antes del juicio. Pero al presidente solo le importa
quedar bien con sus seguidores (que cada vez son menos) y por eso esta cacería
de brujas para desprestigiar a los que considera que son sus adversarios.
Pero el presidente no ha
volteado a ver la auténtica porquería que hay dentro de su partido, pues
evidente que los corruptos no tienen color o ideología. Lo he dicho en
incontables ocasiones, la corrupción no tiene color ni ideología y MORENA nos está
demostrando eso en efecto. Quizá el caso más escandaloso sea el de Ana Gabriela
Guevara en la CONADE, porque además de sufrir recortes presupuestales
inmisericordes también sufren la corrupción de la funcionaria que está juntando
dinero para su campaña para gobernadora de Sonora. Qué casualidad que un grupo
de matarifes hayan intentado matar a un grupo de empresarios que la denunció y
que ahora a ese mismo grupo lo hayan detenido y acusado de estar involucrados
en una desaparición forzada. Pero no es el único caso pues parece que a Jaime
Bonillas, gobernador de Baja California, lo sorprendieron jugando en un casino
en San Diego, justo al otro lado de la frontera. Insisto, el presidente está
usando el caso de Lozoya para hacer cacería de brujas con el doble objetivo de
desprestigiar a los que considera sus adversarios y tirar las reformas
estructurales solo para quedar bien con sus seguidores (cada vez menos,
insisto) yo no dudo que en el gobierno de Peña Nieto haya habido corrupción,
pero también la hubo en el de Calderón y la hay en este y los demás. Pero para
hacer un buen combate a este flagelo se empieza desde casa, pero el presidente
se enoja porque descubren a sus funcionarios. Así no se puede.
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