Quién lo diría, hemos
pasado de tener un crecimiento económico mediocre a tener un decrecimiento
importante. Y no solo es efecto del cierre forzoso producto de la pandemia sino
que, como lo han señalado muchos economistas antes que yo, la economía iba mal
desde antes de la pandemia, esto solo aceleró lo que era inevitable. Lo peor
del caso es que la recuperación va a tardar años y años, a menos de que el
gobierno tome las medidas pertinentes para salir del agujero, cosa que
definitivamente va a pasar cuando las vacas vuelen. Esto, como lo he dicho en
incontable ocasiones, era totalmente inevitable, el cierre forzado lo único que
hizo fue acelerar la debacle económica que se viene gestando desde la cancelación
del aeropuerto hace casi dos años. Y los efectos negativos de todos esos
errores acumulados ya se están sintiendo pues el desempleo es bastante alto (12
millones en paro) pero al presidente no parece importarle en lo más mínimo. Y no,
los programas sociales no van a ayudar en lo más mínimo.
Para empeorar la situación,
otros problemas se están juntando de manera continua, pues parece que una
planta de amoniaco carrera la misma suerte que el aeropuerto o la planta de
Constellation Brands. La cancelación de la planta de amoniaco en Topolobampo,
Sinaloa sin duda sería un golpe más a la ya de por sí deteriorada confianza de
los inversionistas. El presidente y el gabinete (que se limita a oír, callar y
obedecer ciegamente) están poniendo todas sus esperanzas en el T-MEC, pero
destruyendo la confianza de los dueños del capital y que no van a arriesgar su
dinero si a la primera oportunidad su dinero se va a perder por una consulta
patito. Con esto pues lamentablemente se está hipotecando el futuro. Pero a
nadie del gobierno le importa, tal parece que pretende que pongamos buena cara
ante la destrucción del país. Eso es imposible ya que no puedes venderle humo y
espejos a quien quiere comer algo más que pan y le aburre este circo chafa que
pretenden vender como el Ringlin Brothers pero ni a espectáculo de feria de
pueblo llega. Todo lo anterior se está traduciendo en aumentos en la tasa de
pobreza y por consiguiente de la delincuencia que se verá más temprano que
tarde.
Y la verdad es que todo
esto se venía venir desde aquella vez que el presidente se lanzó contra el CONEVAL
al revelar que la Ciudad de México es la cuarta entidad en la que más ha
aumentado la pobreza en el periodo 2008-2018. Era un aviso de lo que se venía y
era evidente que López Obrador no quería que se viéramos los nefastos resultados
de sus políticas públicas. Es evidente que regalar dinero a diestra y siniestra
tiene el efecto contrario en la pobreza al que sus seguidores piensan, aunque
esta revelación no tuvo mucho eco en los medios de comunicación. Pero esto es
crucial para entender que las políticas públicas de López Obrador tienen el
efecto de multiplicar el número de pobres. Basta con ver la disminución de la
pobreza en el mismo periodo de tiempo en estados como Jalisco, Aguascalientes,
Guanajuato o Querétaro, que han seguido políticas públicas muy diferentes y han
reducido sus niveles de miseria de manera espectacular al atraer inversión que
de hecho los ha convertido en un cinturón industrial muy importante que empieza
en San Juan del Río y termina en Aguascalientes. Y mientras que en las ciudades
de esa zona es raro ver pordioseros pidiendo limosna, en la Ciudad de México son
parte del paisaje urbano y no es raro verlos en el centro histórico o en las inmediaciones
de la Basílica de Guadalupe pidiendo dinero.
Y mientras tanto, los
militantes de MORENA, entre legisladores, gobernadores y otros funcionarios andan
perdiendo el tiempo en estupideces. Mario Delgado, dirigente de la bancada de
MORENA en la Cámara de Diputados anda de taxistas preguntando a la gente su opinión
del gobierno, aunque en realidad no ha de faltar la persona que le recuerda el
10 de mayo. En Oaxaca, la legisladora local Magali López consiguió que se
aprobara una prohibición prácticamente imposible de hacer cumplir de vender
comida chatarra a menores de edad en todo el estado y ahora se pretende
replicar en varias legislaturas estatales e incluso en la federal, aunque solo prohíbe
la venta de productos industrializados según la norma 051. Lo peor del caso es
que la presidencia tiene en la mira a los fideicomisos a los que quiere
hincarles el diente para despilfarrar el dinero en sus populismos. La situación
económica está cada día más fatal pero el presidente en su eterna soberbia no
entiende que ha errado el camino y debería rectificar, pero parece empeñado en
llevar al país al despeñadero. Y para terminar de empujar al país al barranco,
el presidente no deja de prometer regalar dinero, como a los yaquis en Sonora,
pero también es evidente el descontento sobre todo al ver la cantidad de groserías
que le dicen al presidente en las últimas giras. Y mientras el presidente busca
adulaciones, el país se cae a pedazos. Pero bueno, deseo que a fin de sexenio todavía
haya país que rescatar.
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