Con la entrada en vigor
del T.MEC el gobierno está esperando la llegada de inversiones en avalancha. Como
si las inversiones en un país o región fuera algo que no se estudiara
concienzudamente, pues los inversionistas lo que desean con mayor ahínco es
ganar dinero a manos llenas. Para atraer inversiones es evidente que se
necesita algo más que un tratado comercial con una de las regiones más dinámicas
económicamente hablando. Hay que ganarse la confianza de los dueños del capital
con cadenas de valor, mano de obra capacitada y a bajo costo si es posible además
de un andamiaje jurídico estable. Todo eso es algo que no tenemos en este
momento gracias a las desatinadas políticas de la actual administración que
espantan a la inversión que espantan en lugar de atraer la inversión a nuestro
país. Pero el presidente no está dispuesto a ceder en sus posiciones contrarias
a los empresarios a los que se ha acusado de ladrones y conquistadores hasta el
cansancio que incluso el embajador de Estados Unidos desaconseja invertir en
nuestro país.
En otras palabras, el
T-MEC no va a atraer las inversiones que el país necesita para salir del bache
en el que nos tiene sumergido el actual gobierno. Se ha dicho hasta el
cansancio que la economía estaba mal desde antes del inicio de la emergencia
sanitaria por la desconfianza generada por el presidente desde la cancelación del
aeropuerto antes de siquiera tomar posesión del cargo para el que había sido
electo. Desde ahí la caída de la economía no ha parado y lo único que hizo la
emergencia sanitaria fue acelerar lo que tarde o temprano sería inevitable de
no corregir el camino. Además, la negativa del presidente a ayudar a los
empresarios por el cierre forzoso debido a la pandemia contribuyó a aumentar el
desempleo que se venía gestando desde antes del inicio de la emergencia
sanitaria, cosa que han hecho incluso países desarrollados alrededor del
planeta. Al principio creía que se trataba simplemente de que se pretendía hacer
dependientes a todos aquellos despedidos del Estado, pero no es lo único sobre
la mesa. Es cada vez más evidente la quiebra de la hacienda pública de México,
alto que ya habían sido advertido por diversos economistas desde antes siquiera
de las elecciones de 2018. No me queda más que decir que estamos metidos en un
verdadero problema pues significa que las cosas se van a poner peores.
Lo que más va a resentir (o
mejor dicho, ya está resintiendo) la falta de inversión es sin duda la hacienda
pública. Producto de la quiebra de empresas y la desconfianza de los dueños del
capital de arriesgar su dinero en nuestro país el dinero recaudado ha disminuido
drásticamente. El T-MEC no va a resolver en automático este problema cuando se
han cancelado cuantiosas inversiones empezando con el aeropuerto y terminando
con la planta de Constellation Brands. El mismo embajador de Estados Unidos
reconoce que este no es el momento idóneo para invertir en México por la
incertidumbre que el gobierno de López Obrador ocasiona cambiando las reglas a
su antojo. Con todo esto, la recaudación de impuesto se puede reducir de manera
considerable y tal parece que al presidente no le interesa en lo más mínimo. Piensa
que con sus programas sociales va a sacar adelante al país pero el problema es
que se necesita mayor recaudación para sostenerlos. Además, con el desempleo el
número de beneficiarios crecería y la presión sobre las finanzas públicas será aun
mayor así que el gobierno tendrá que aumentar la deuda pública de manera
importante y llegara el momento en el que tampoco tendrá liquidez para pagar
los créditos por lo que igualmente el asunto de las finanzas públicas ira de
mal en peor.
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