Tal parece que México no
se salva de la corrección política pues ahora se pide que se censure la serie
Animaniacs. Esta serie creada por Tom Ruegger y creada por Steven Spielberg había
sido anunciada para su retransmisión en el canal 7 de Tv Azteca en México
inmediatamente causó indignación de parte de los ofendiditos progresistas de
siempre. Dicen que no es entretenimiento apropiada para niños (supongo que
tiene que ver con la parte de “hola, Enfermera”). Pero mientras son peras o son
manzanas, se califica como contenido inapropiado. La serie tiene el humor característico
de los Looney Toons que sí son violentos, pero también tenía buenos segmentos
educativos donde se aprendía de arte, ciencia e historia de una manera didáctica
que no he vuelto a ver desde hace décadas. En esta serie vimos a los hermanos
Warner visitar a Miguel Ángel Buonarroti mientras pintaba la Capilla Sixtina o a
Einstein mientras formulaba la teoría de la relatividad. A, pero se me olvida
que los progresistas quieren borrar el arte y la cultura por ser “ofensiva”.
Comenzando desde el
principio, Animaniacs es la segunda serie animada producida por Amblin
Entertainment para Warner Bros. entre 1993 y 1998 con 99 episodios. Su creador
fue el animador Tom Ruegger en colaboración con Steven Spielberg. Ellos también
crearon la serie Tiny Toons, siendo ambas un homenaje a los cortos clásicos de
los Looney Toons. A diferencia de muchos programas educativos que veo el día de
hoy, Ruegger nunca trató a sus espectadores como tarados. Ese es un problema
muy recurrente hoy en día con la programación dirigida al público infantil al
considerar que un niño no es inteligente, de hecho muchas veces tienen una comprensión
mayor de la que imaginamos los adultos, aunque debo destacar que su inocencia
les impide captar de la misma manera que lo hace una persona mayor. En realidad,
esa es la tendencia, tratar a la audiencia como si fueran tarados, aunque hay
producciones de se tipo que al día de hoy llegan a aburrir a los más pequeños
del hogar. Y no hay manera de ofender más a una audiencia como si tuvieran poca
inteligencia, independientemente de si el espectador tiene seis años o sesenta,
está mal hacer eso, punto.
Los progresistas son el
grupo de pensamiento político más propenso a ofenderse por lo que sea y el más incongruente.
Hablan de diversidad y son los que ponen todo tipo de etiquetas basadas en las
preferencias sexuales, el sexo biológico, el color de la piel o los gustos
alimenticios como si fueran las características que definen nuestro carácter e
identidad. Hablan de igualdad y piden privilegios para las minorías. Además, no
parecen entender que el mundo actual es resultado de la historia, para bien o
para mal. Yo en serio quisiera preguntar que hicieron mal en la generación que
nos educó para que salieran tan sensibles a este mundo que no va a cambiar por
ellos. Cancelar programas o películas porque no son del agrado de ciertos
grupos no va a cambiar la historia. Whoopi Woldberg ya había hecho algunos
comentarios a propósito de esto en una introducción de cortos de los Looney
Toons acerca de preservar obras por políticamente incorrectas que fueran por el
hecho de tener un registro histórico del trato discriminatorio hacia los
afroamericanos. Pero además hay que recordar que no se pueden medir los eventos
del pasado con los valores actuales. Animaniacs fue un producto de su tiempo,
cosas que se hacían en los 90 no se consideran correctas hoy. Sin embargo, los
ofendiditos van a querer seguir censurando lo que no les guste aunque no vean
televisión ni se paren en un cine.
Algo que me llama mucho
la atención es el hecho de que muchas producciones que se han realizado bajo
los estándares progresistas han fracaso en audiencia. Entre tramas donde el protagonista
es inverosímil hasta representación como idiotas retrasados mentales a los que
llaman “hombres blancos heterosexuales” son algo común en esas películas y
series de televisión. A los espectadores no les gusta que los adoctrinen
mientras se entretienen (en realidad, ese es el fin de la literatura, el
teatro, el cine y la televisión) y de ahí el fracaso de las producciones
progresistas. Es más, los ofendiditos no ven televisión ni se paran en el cine,
solo les interesa fastidiar el entrenamiento de los demás. Y todavía la
academia de Hollywood se pone sus moños al pedir inclusión por encima de
calidad en las producciones cinematográficas que pretenden competir en los
oscares. Si de por sí las últimas entregas han caído en audiencia en parte
porque están hartos de los discursos políticos de los que consideran verdaderos
bufones o que las películas nominadas o premiadas no sean las mejores en cuanto
a guion, fotografía, dirección o actuación, todo se reduce a cuotas. Otros premios
sí se están dedicando a premiar a las películas por sus características técnicas
o artísticas y no meras cuotas han crecido mucho en los últimos años. Con esto
no digo que no pueden puedan hacer películas sobre homosexualidad o con actores
de cualquier fisionomía sino que estas deben destacar por sus detalles artísticos,
nada más. Porque censurar una serie de televisión, película, obra de teatro o
novela por “ofensiva” solo demuestra la poca cultura de los que censuran.
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