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jueves, 2 de julio de 2020

Y ahora contra Amblin Entertainment

Tal parece que México no se salva de la corrección política pues ahora se pide que se censure la serie Animaniacs. Esta serie creada por Tom Ruegger y creada por Steven Spielberg había sido anunciada para su retransmisión en el canal 7 de Tv Azteca en México inmediatamente causó indignación de parte de los ofendiditos progresistas de siempre. Dicen que no es entretenimiento apropiada para niños (supongo que tiene que ver con la parte de “hola, Enfermera”). Pero mientras son peras o son manzanas, se califica como contenido inapropiado. La serie tiene el humor característico de los Looney Toons que sí son violentos, pero también tenía buenos segmentos educativos donde se aprendía de arte, ciencia e historia de una manera didáctica que no he vuelto a ver desde hace décadas. En esta serie vimos a los hermanos Warner visitar a Miguel Ángel Buonarroti mientras pintaba la Capilla Sixtina o a Einstein mientras formulaba la teoría de la relatividad. A, pero se me olvida que los progresistas quieren borrar el arte y la cultura por ser “ofensiva”.

Comenzando desde el principio, Animaniacs es la segunda serie animada producida por Amblin Entertainment para Warner Bros. entre 1993 y 1998 con 99 episodios. Su creador fue el animador Tom Ruegger en colaboración con Steven Spielberg. Ellos también crearon la serie Tiny Toons, siendo ambas un homenaje a los cortos clásicos de los Looney Toons. A diferencia de muchos programas educativos que veo el día de hoy, Ruegger nunca trató a sus espectadores como tarados. Ese es un problema muy recurrente hoy en día con la programación dirigida al público infantil al considerar que un niño no es inteligente, de hecho muchas veces tienen una comprensión mayor de la que imaginamos los adultos, aunque debo destacar que su inocencia les impide captar de la misma manera que lo hace una persona mayor. En realidad, esa es la tendencia, tratar a la audiencia como si fueran tarados, aunque hay producciones de se tipo que al día de hoy llegan a aburrir a los más pequeños del hogar. Y no hay manera de ofender más a una audiencia como si tuvieran poca inteligencia, independientemente de si el espectador tiene seis años o sesenta, está mal hacer eso, punto.

Los progresistas son el grupo de pensamiento político más propenso a ofenderse por lo que sea y el más incongruente. Hablan de diversidad y son los que ponen todo tipo de etiquetas basadas en las preferencias sexuales, el sexo biológico, el color de la piel o los gustos alimenticios como si fueran las características que definen nuestro carácter e identidad. Hablan de igualdad y piden privilegios para las minorías. Además, no parecen entender que el mundo actual es resultado de la historia, para bien o para mal. Yo en serio quisiera preguntar que hicieron mal en la generación que nos educó para que salieran tan sensibles a este mundo que no va a cambiar por ellos. Cancelar programas o películas porque no son del agrado de ciertos grupos no va a cambiar la historia. Whoopi Woldberg ya había hecho algunos comentarios a propósito de esto en una introducción de cortos de los Looney Toons acerca de preservar obras por políticamente incorrectas que fueran por el hecho de tener un registro histórico del trato discriminatorio hacia los afroamericanos. Pero además hay que recordar que no se pueden medir los eventos del pasado con los valores actuales. Animaniacs fue un producto de su tiempo, cosas que se hacían en los 90 no se consideran correctas hoy. Sin embargo, los ofendiditos van a querer seguir censurando lo que no les guste aunque no vean televisión ni se paren en un cine.

Algo que me llama mucho la atención es el hecho de que muchas producciones que se han realizado bajo los estándares progresistas han fracaso en audiencia. Entre tramas donde el protagonista es inverosímil hasta representación como idiotas retrasados mentales a los que llaman “hombres blancos heterosexuales” son algo común en esas películas y series de televisión. A los espectadores no les gusta que los adoctrinen mientras se entretienen (en realidad, ese es el fin de la literatura, el teatro, el cine y la televisión) y de ahí el fracaso de las producciones progresistas. Es más, los ofendiditos no ven televisión ni se paran en el cine, solo les interesa fastidiar el entrenamiento de los demás. Y todavía la academia de Hollywood se pone sus moños al pedir inclusión por encima de calidad en las producciones cinematográficas que pretenden competir en los oscares. Si de por sí las últimas entregas han caído en audiencia en parte porque están hartos de los discursos políticos de los que consideran verdaderos bufones o que las películas nominadas o premiadas no sean las mejores en cuanto a guion, fotografía, dirección o actuación, todo se reduce a cuotas. Otros premios sí se están dedicando a premiar a las películas por sus características técnicas o artísticas y no meras cuotas han crecido mucho en los últimos años. Con esto no digo que no pueden puedan hacer películas sobre homosexualidad o con actores de cualquier fisionomía sino que estas deben destacar por sus detalles artísticos, nada más. Porque censurar una serie de televisión, película, obra de teatro o novela por “ofensiva” solo demuestra la poca cultura de los que censuran.          

 


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