A que nivel tiene que
llegar la quiebra de la hacienda pública que en la Secretaría de Economía se
tienen que empeñar tres de cada cuatro computadoras por falta de fondos. La mala
administración de este gobierno es tal que se tienen que empeñar las
herramientas de trabajo de los burócratas y obligarlos a comprarlas o a
llevarlas de su casa. Ya algunos comentaristas habían advertido que esto pasaría
puesto que pasamos de tener un gobierno con las uñas largas a uno mal
administrado y también con las uñas muy largas. Brozo tenía razón: la 4T fue
encuerada por la pandemia, basta ver la falta de insumos en el sector salud el
que prácticamente ya está en los huesos porque es más importante rescatar una
empresa quebrada como PEMEX, repartir dadivas para comprar los votos de los
pobres y sus proyectos con ninguna rentabilidad social o económica. Ahí es
donde se ha ido todo el dinero del gobierno después de los recortes sobre recortes
y lo peor es que el presidente no quiere dar un golpe de timón muy necesario
porque vamos directo a ser el Titanic
La quiebra de la hacienda
pública se ha venido gestando prácticamente desde antes del inicio de esta administración.
La deuda pública aumentó de manera dramática durante la administración de Peña
Nieto y que critiqué bastante en ese espacio. Pero a pesar de algunos recortes
en la recta final del gobierno de Peña Nieto el dinero alcanzaba para todo. Ahora
pasamos a tener un gobierno derrochador que no tiene límites en los montos
gastados, sobre todo en lo referente a los proyectos insignia de esta administración
o las dadivas para comprar votos. Estoy consciente de que la reducción de la
pobreza es un objetivo muy loable para cualquier gobierno, pero hay maneras de
llegar a los mismos puesto que muchas medidas pueden ser contraproducentes. Sin
embargo, esta administración se ha dedicado a repartir dinero a diestra y
siniestra sin un modo sostenible de obtener recursos. Pero los recursos peor
gastados son sin dudas los que se inyectan a PEMEX y lo único que consiguen es
aumentar las pérdidas de la empresa. No importa la cantidad de dinero que se le
inyecte a PEMEX, las pérdidas son cada vez más grandes, por lo que convendría mejor
declarar la quiebra de la petrolera, que además solo ha traído más problemas
que beneficios, aunque se rasguen las vestiduras.
Lo peor del caso es lo
referente a los ingresos del gobierno que se han visto disminuidos por la mala gestión
económica. El año pasado, como lo han dicho los analistas muchas veces, el país
tuvo una contracción económica del 0.1% de PIB y este año ya la caída era
bastante evidente incluso antes de la pandemia. La caída en los ingresos
fiscales se intentó subsanar gastando el dinero de los ahorros reunidos por las
pasadas administraciones, por lo que al llegar la pandemia de coronavirus
simplemente ya no hubo los recursos necesarios para hacerle frente a la
contingencia sanitaria. De ahí la negativa a retrasar la entrega de las
declaraciones fiscales e incluso transferir dinero a las empresas con el fin
perverso de tener una masa de electores cautivos, pero estamos en un círculo
vicioso en el que va aumentando la presión sobre las finanzas públicas en un
momento en el que la recaudación es menor. Pero lo peor es que el presidente no
reconsidera sus posiciones lo que va a llevar a una larga y profunda crisis económica
durante los próximos dos o tres años. Y no, el país no iba bien antes de la
pandemia, sino que se contaban cinco trimestres de caída, señal de que
prácticamente no se ha crecido desde el inicio de esta administración.
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