Buscar este blog

domingo, 5 de julio de 2020

Nuevo Tratado de Libre Comercio

El 1 de julio entró en vigor el nuevo Tratado de Libre Comercio, conocido como T-MEC por sus siglas en inglés, y que fue resultado de las peticiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Las negociaciones fueron muy tensas y le tocó el paquete al gobierno de Enrique Peña Nieto, que ciertamente sí la supo hacer en unas pláticas bastante difíciles. Este finalmente se firmó el 30 de noviembre de 2018, es decir, el último día del gobierno de Peña Nieto y en el que se modificaron cosas como el contenido de partes americanas en los automóviles, tema delicado porque en México se producen autopartes de manera masiva tanto para las armadoras que hay en el país como para las que se encuentran en Estados Unidos y Canadá. Pero lo más importante y preocupante se debe a que el presidente López Obrador está fincando todas sus esperanzas para levantar la economía que desgració con sus políticas erradas e improvisadas y que nos están costando empleos con todo lo que conlleva el incremento de las personas desocupadas como aumentos en la pobreza además de las afectaciones a las arcas públicas.

 En el marco del segundo aniversario del triunfo de López Obrador hay detalles que hay que destacar. Para empezar, el hecho de que los festejos fueron bastante desangelados, no solo por el encierro forzado producto de la pandemia sino porque en redes sociales ya no se defiende al presidente como al principio de su mandato y de hecho parecía más un día de luto que una fiesta. El presidente quiere presentar el nuevo tratado como un logro de su gobierno a pesar de que las negociaciones no habían comenzado durante las negociaciones. El que tuvo que lidiar con ese toro fue Peña Nieto con la asistencia de su gabinete, que para la capacidad que tenían y que yo siempre he criticado lo hicieron bastante bien. López Obrador piensa que las inversiones van a llegar a caudales, pero se necesita algo más que un tratado comercial para atraer inversión extranjera pues lo principal es ganarse la confianza de los dueños del capital de tal modo que puedan poner a trabajar su dinero con riesgos mínimos de perderlo y obtener jugosas ganancias. Sin embargo, este gobierno se ha dedicado a espantar tanto las inversiones nacionales como extranjeras con sus dimes y diretes de tal modo que es poco probable que lleguen en el caudal que desea el presidente y que es muy necesario.

Se le ha dicho una y mil veces al presidente que con sus consultas amañadas hacen mucho daño. Y vaya que lo hacen puesto que el primer acto de gobierno fue cancelar el aeropuerto mediante este mecanismo nefasto y eso solo fue la primera puñalada a la economía. A esto hay que agregar a a la banda infernal de Rocío Nahle, Octavio Romero y Manuel Bartlett con la cancelación de las rondas petroleras cuyos contratos fueron calificados como “leoninos”, los cambios de reglas en lo referente a energías renovables y ahora otra vez los gasoductos por la termoeléctrica de la empresa española Iberdrola y lo que se junte en el futuro. A esto hay que agregar la planta de Constellation Brands en Mexicali que se canceló con otra consulta amañada. Con estos antecedentes el presidente está loco si está esperando una avalancha de inversiones con el T-MEC porque también se necesita certeza jurídica para que animen los inversionistas a arriesgar sus capitales en México. Se hizo mucho este año y medio para perder el grado de inversión del país con todo lo anterior. Esto también ha traído problemas legales como la suspensión judicial del acuerdo firmado por Rocío Nahle y Bartlett para limitar la distribución de electricidad proveniente de energías renovables, llamando incluso a los inversionistas como “conquistadores”.

Todo lo anterior se va a traducir en menor bienestar para todos nosotros por el desempleo y la consiguiente pobreza por la falta de ingresos. Pero al presidente no le importa el asunto puesto que estoy convencido de que está pensando que puede suplir la falta de ingresos por desempleo con programas sociales pero la presión de las finanzas públicas a aumentar radicalmente. Pero eso no es lo peor puesto que López Obrador se auto invitó en visita de Estado a Estados Unidos para “agradecer” a Donald Trump el 8 y 9 de julio y vaya que empieza mal la visita desde ahora, antes de salir. Para empezar, la casa donde normalmente se hospedan los mandatarios en van a Washington en visita de Estado está presuntamente en remodelación y al presidente de México le van a pagar un hotel a cuenta de la Casa Blanca. Con esa grosería yo francamente cancelaba la visita de Estado o por lo menos la pospondría con cualquier pretexto. Es evidente que a pesar de todo, Trump no le tiene tanto aprecio a López Obrador como se decía, se rumoraba y se comentaba hasta hace no mucho tiempo. Yo ya me imaginaba que el presidente solo iba a hacer el ridículo Llendo a visitar a Trump pero esta grosería rebasa con creces las expectativas que tenía. Además, Trump estoy seguro de que tiene cuentas pendientes con López Obrador por asuntos como López Obrador por lo de Ovidio Guamán, las empresas de energías renovables y quizá hasta la planta de Constellation Brands, las últimas tres tienen que ver con el T-MEC. Pero en fin, el emperador va desnudo y ahora con todo esto espero que se dé cuenta de sus limitaciones.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Se acepta todo tipo de comentarios, menos insultos hacia el público o al editor.