En días recientes,
Nicolás Maduro, el dictador de Venezuela, logró que el máximo tribunal de su país
retirara el poder a la asamblea nacional. Esto con el objetivo de darle más
poderes al ejecutivo venezolano en manos de Maduro. Era lógico que el pueblo
venezolano se lanzara a las calles para protestar por estas medidas que restringían
aún más sus libertades económicas en pro de la “igualdad”. Además de todo, hay
que ver que la reacción internacional fue bastante fuerte, lo que ha obligado a
Maduro a echar para atrás la decisión del tribunal supremo. También hay que ver
que el socialismo del siglo XXI va en retroceso en el continente y en el poder
ya no están Dilma Rouseff ni Cristina Fernández de Kirchner, sus aliados en la
Organización de los Estados Americanos.
En realidad, todo lo que
está pasando en Venezuela y otros países sudamericanos es reflejo del hartazgo
de la sociedad. En Venezuela, el chavismo lo único que ha hecho es traer
sufrimiento al pueblo. Desde la entrada al poder de Hugo Chávez en 1999 estaba
muy claro que su agenda de gobierno estaba plagada de populismos de la peor
clase. La tónica de siempre es la misma en nuestro continente. Tal parece que
no se ha perdido la tradición española de esperar un mesías que con unos
cuantos pases mágicos resuelva nuestros problemas y, en el caso de México,
basta con ver algunas páginas de nuestra historia. Basta con echarle una mirada
a la historia de cualquier país de Latinoamérica para darse cuenta que todos
tienen en común dictaduras, militares, civiles e incluso partidistas. Para ver
eso tenemos que ver de dónde venimos todas nuestras naciones del subcontinente.
Dos naciones fueron las
que conquistaron la mayor parte del continente: España y Portugal, y ambas eran
monarquías absolutistas. Es del periodo colonial de donde vienen la mayoría de
nuestras taras nacionales que no hemos podido superar en 200 años de
independencia la mayoría de Latinoamérica. Esto ha hecho que la mayoría de los
latinos piensen que muchos gobernantes son casi dioses, que su poder es divino,
de ahí que la mayoría espere a un mesías. La segunda tara en mi opinión tiene
que ver con la concepción que tenemos de los extranjeros, que tienen la culpa
de todos nuestros problemas y de ahí que seamos incapaces de asumir
responsabilidades nacionales. En el caso de México, los enemigos extranjeros históricamente
han sido España y Estados Unidos. De hecho, es común en cualquier dictadura
buscar enemigos extranjeros para poder de alguna manera justificar sus errores
y de ese modo evadir su responsabilidad. La tercera tara de los países latinoamericanos
son los enemigos internos de cualquier régimen, al igual que con los
extranjeros, los enemigos internos de las dictaduras también sirven para
desviar la atención del gobierno al tener un chivo expiatorio a quine echarle
la culpa. En el caso de Maduro, los opositores están confabulados con los
norteamericanos y por eso su económica está en severa crisis desde hace
bastante tiempo.
Sin sus amigos más poderosos
en el continente y la oposición creo que Nicolás Maduro dejara el poder de
manera abrupta y sabe que es cuestión de tiempo. Maduro va a caer, el cuándo es
algo que no puedo determinar, pero sé que va a caer, como también creo que va a
caer el régimen de los Castro un día, no sé cuándo. Todos los imperios tienen
un principio, un auge y una decadencia aunque ustedes no lo crean. Maduro, al
igual que todos los dictadores, piensan que serán eternos y su obra va a durar
por siempre. Aquí en México, la mayor parte de la obre de Porfirio Díaz se ha
ido al caño. La intransigencia de los dictadores a la larga representa su perdición.
Este es el error más grande que ha cometido Maduro, ya que piensa que en
Venezuela solo “truenan sus chicharrones” y esto pone en alerta a los
opositores al régimen chavista. Los venezolanos se han dado cuenta que el
populismo les ha traído pobreza y corrupción. Los medios de comunicación progresistas
no aceptan que los gobiernos de izquierda también pueden caer en actos de corrupción
y que esta es independiente de la ideología y de la clase social, para estos
medios solo gente como Peña Nieto es corrupta, no la que es como López Obrador
y minimizan siempre los problemas y abusos de los gobiernos de izquierda, pero
sí denuncian los abusos de dictaduras como la de Pinochet. Sin embargo, una
dictadura tampoco tiene ideología y puede ser de ambos espectros.
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