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domingo, 2 de abril de 2017

Socialismo del siglo XXI

En días recientes, Nicolás Maduro, el dictador de Venezuela, logró que el máximo tribunal de su país retirara el poder a la asamblea nacional. Esto con el objetivo de darle más poderes al ejecutivo venezolano en manos de Maduro. Era lógico que el pueblo venezolano se lanzara a las calles para protestar por estas medidas que restringían aún más sus libertades económicas en pro de la “igualdad”. Además de todo, hay que ver que la reacción internacional fue bastante fuerte, lo que ha obligado a Maduro a echar para atrás la decisión del tribunal supremo. También hay que ver que el socialismo del siglo XXI va en retroceso en el continente y en el poder ya no están Dilma Rouseff ni Cristina Fernández de Kirchner, sus aliados en la Organización de los Estados Americanos.
En realidad, todo lo que está pasando en Venezuela y otros países sudamericanos es reflejo del hartazgo de la sociedad. En Venezuela, el chavismo lo único que ha hecho es traer sufrimiento al pueblo. Desde la entrada al poder de Hugo Chávez en 1999 estaba muy claro que su agenda de gobierno estaba plagada de populismos de la peor clase. La tónica de siempre es la misma en nuestro continente. Tal parece que no se ha perdido la tradición española de esperar un mesías que con unos cuantos pases mágicos resuelva nuestros problemas y, en el caso de México, basta con ver algunas páginas de nuestra historia. Basta con echarle una mirada a la historia de cualquier país de Latinoamérica para darse cuenta que todos tienen en común dictaduras, militares, civiles e incluso partidistas. Para ver eso tenemos que ver de dónde venimos todas nuestras naciones del subcontinente.
Dos naciones fueron las que conquistaron la mayor parte del continente: España y Portugal, y ambas eran monarquías absolutistas. Es del periodo colonial de donde vienen la mayoría de nuestras taras nacionales que no hemos podido superar en 200 años de independencia la mayoría de Latinoamérica. Esto ha hecho que la mayoría de los latinos piensen que muchos gobernantes son casi dioses, que su poder es divino, de ahí que la mayoría espere a un mesías. La segunda tara en mi opinión tiene que ver con la concepción que tenemos de los extranjeros, que tienen la culpa de todos nuestros problemas y de ahí que seamos incapaces de asumir responsabilidades nacionales. En el caso de México, los enemigos extranjeros históricamente han sido España y Estados Unidos. De hecho, es común en cualquier dictadura buscar enemigos extranjeros para poder de alguna manera justificar sus errores y de ese modo evadir su responsabilidad. La tercera tara de los países latinoamericanos son los enemigos internos de cualquier régimen, al igual que con los extranjeros, los enemigos internos de las dictaduras también sirven para desviar la atención del gobierno al tener un chivo expiatorio a quine echarle la culpa. En el caso de Maduro, los opositores están confabulados con los norteamericanos y por eso su económica está en severa crisis desde hace bastante tiempo.

Sin sus amigos más poderosos en el continente y la oposición creo que Nicolás Maduro dejara el poder de manera abrupta y sabe que es cuestión de tiempo. Maduro va a caer, el cuándo es algo que no puedo determinar, pero sé que va a caer, como también creo que va a caer el régimen de los Castro un día, no sé cuándo. Todos los imperios tienen un principio, un auge y una decadencia aunque ustedes no lo crean. Maduro, al igual que todos los dictadores, piensan que serán eternos y su obra va a durar por siempre. Aquí en México, la mayor parte de la obre de Porfirio Díaz se ha ido al caño. La intransigencia de los dictadores a la larga representa su perdición. Este es el error más grande que ha cometido Maduro, ya que piensa que en Venezuela solo “truenan sus chicharrones” y esto pone en alerta a los opositores al régimen chavista. Los venezolanos se han dado cuenta que el populismo les ha traído pobreza y corrupción. Los medios de comunicación progresistas no aceptan que los gobiernos de izquierda también pueden caer en actos de corrupción y que esta es independiente de la ideología y de la clase social, para estos medios solo gente como Peña Nieto es corrupta, no la que es como López Obrador y minimizan siempre los problemas y abusos de los gobiernos de izquierda, pero sí denuncian los abusos de dictaduras como la de Pinochet. Sin embargo, una dictadura tampoco tiene ideología y puede ser de ambos espectros.      

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