En pleno año electoral en
el Estado de México vemos muestras de cómo los tres candidatos al cargo de gobernador
reparten todo tipo de apoyos. Es de destacar que en esta entidad es donde veo
más actividad del tricolor, en especial por parte del Grupo Atlacomulco, que ejerce
un cacicazgo incuestionable. En tiempos actuales en los que el Estado de México
padece demasiados problemas a la vez, siendo la inseguridad y los feminicidios
los más importantes, es cuando uno se da cuenta de que la estructura
corporativa que el PRI ha impuesto en la entidad está rebasada y que buena
parte de la población exige un cambio en políticas públicas, más cuando el 40%
de la población vive en situación de pobreza a pesar de la gran actividad económica
en la entidad.
Mi opinión en esta ocasión
tiene que ver con los repartos de despensas, animales, dinero y otros, llamémoslos
incentivos, a cambio del voto a favor de tal o cual partido o candidato. Uno de
los fenómenos más difundidos de la política mexicana es el de los “acarreados”,
es decir, gente a la que se soborna para ir a un mitin de algún político. El objetivo
de llevar acarreados a los mítines es el de hacer parecer dichos eventos muy
concurridos con el fin de hacer parecer al personaje como alguien muy popular
entre la gente. No es difícil deducir que este tipo de tretas no han engañado a
la gente y en realidad se engaña a sí misma la clase política. En tiempos de la
dictadura perfecta los acarreados eran los empleados del gobierno y los
miembros afiliados a las estructuras partidistas del PRI. En los tiempos
modernos esto ha ido menguando y está siendo sustituido por gente a la que se
le paga por ir a eventos políticos, con tortas, dinero en efectivo, artículos
de propaganda y hasta electrodomésticos. Esto se ha vuelto común incluso entre
los partidos opositores al PRI y esto ya es bastante terrible puesto que ellos deberían
hacer lo contrario por lo menos en este aspecto de la vida política.
Uno de los tipos de
asistencialismos que se ha vuelto un vicio difícil de erradicar es el de
condicionar los apoyos sociales a la victoria de un determinado candidato en
los comicios. E incluso les puedo dar un ejemplo: en las elecciones locales de
Chihuahua en 1992, en las que ganó el PAN, se amenazó a los vecinos de la
colonia donde vivía con que les iban a confiscar las casas que habían sido
adquiridas mediante créditos gubernamentales, todo porque en dicho asentamiento
eran trabajadores del gobierno de manera primordial. Esto me recuerda a su vez
una anécdota del libro “La Revolución Mexicana”, del historiador francés Jean
Meyer, de un campesino que no aceptó el pedazo de tierra que le iba a tocar y
el motivo era muy simple: el argumentaba que las tierras que recibirían no eran
gratis como lo sostenían otros campesinos, y el tiempo le dio la razón, pues
cuando estalla el conflicto cristero los agricultores que habían recibido
tierras fueron llamados a las armas a favor del gobierno y en contra de los
reaccionarios. En la actualidad es bastante común que los alcaldes,
legisladores e incluso gobernadores hagan uso de este tipo de prácticas
corporativas para beneficiar al candidato de las preferencias de dichos servidores
públicos.
Todo lo anterior me lleva
a pensar que estamos ante un tipo de corrupción en la que se soborna al ciudadano
a cambio de obtener su voto en los comicios, de ahí que para mucha gente es
evidente que no haya un interés general de la clase política por resolver el
problema de los altos índices de pobreza que hay en el país. En realidad todo
esto se ha convertido en un círculo vicioso y no he visto hasta ahora la más
mínima intención por salir de él. Dicen que los jóvenes somos los que vamos a
cambiar las cosas, sin embargo, son los que más piden asistencialismos de todo
tipo: educación superior sin exámenes de admisión, becas, subsidios para esto y
para lo otro, y hasta el momento actual no he visto cambios positivos, sino al
contrario, han sido bastante perjudiciales. En la campaña actual he visto de
todo: 100% de inscripción en las universidades hasta darles un ingreso a las
amas de casa y la verdad es que no logro comprender de dónde saldrán los
recursos. El Estado benefactor está condenado al desastre al hacer dependientes
a los ciudadanos a las dadivas y esto es algo que se tiene que acabar para
poder avanzar como nación. Los asistencialismo en realidad lo único que han
hecho es atar a la sociedad a estructuras corporativas pero en realidad no han
servido para mejora la calidad de vida de la población y esto debería ponernos
a pensar a todos. Algo es cierto: se necesitan programas sociales, pero cuando
se diseñan políticas sociales estoy convencido de que deben ser en el sentido
de dar las herramientas a las personas para participar en su desarrollo y no
subsidiar todo y dar cosas en bandeja de plata. Aquí el grave error del Estado
Mexicano en materia de política social.
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