En los
últimos años hemos visto cómo los avances tecnológicos acaparan la atención de
todas las personas alrededor del mundo. Es mi opinión después de ver los
últimos acontecimientos mundiales que la mayoría de las personas ven a los
smartphones, tabletas, computadoras y otros dispositivos electrónicos de última
generación como un fin y no como las herramientas que en realidad son. El hecho
de que las nuevas generaciones hayan crecido con la tecnología no
necesariamente los hace la generación más informada en la historia de la
humanidad aunque otros digan lo contrario. Es cierto que en generaciones
pasadas a los jóvenes idealistas se les tildó de locos, pero en mi generación,
la actual, temo decir que no veo muchas actividades que de antaño veía en el
pasado con el hábito de la lectura, fundamental para desarrollar el pensamiento
crítico.
¿Les parece
que soy un joven muy pesimista? Puede ser. La verdad es que estoy algo
decepcionado de la falta de sentido crítico de las nuevas generaciones. Claro que
no puedo tomar a la ligera el hecho de que mi generación haya tomado lo malo de
la tecnología y se hayan olvidado de algunos de los más bellos valores a cambio
del dinero fácil y la obtención de placeres de forma inmediata. Se está
demostrando en muchas facetas de la vida cotidiana como en todo lo que vemos en
internet y que muchos toman como cierto sin verificar la fuente de la información.
Esta es la falta de pensamiento crítico de la que estoy hablando en la que la
gente no se cuestiona si lo que están diciendo es cierto, en este caso en la
pantalla de un dispositivo electrónico a pesar de tener la facilidad de hacerlo
a diferencia de otros tiempos. En cuanto a esto, desde luego que estoy
convencido de que es una tendencia mundial dado que la mayoría de los jóvenes contestaron
que tomaban como ciertas todas las noticias que aparecían en las redes sociales
sin verificar su autenticidad.
Creo yo que
la falta del hábito de la lectura estoy convencido que en estos tiempos no ha perdón
posible. En la actualidad hay libros electrónicos o se pueden comparar en
internet. Aunque también hay que ver que existe también gente que lee basura,
es decir, libros como “Crepúsculo” o “Los juegos del hambre” y otras bagatelas
que en realidad no aportan nada a la cultura. También me rio de las personas
que citan intelectuales pero no han leído ni un solo pedazo de su obra. Es por
eso que es de risa ver jóvenes haciendo blogs de política y no tienen la menor
idea de lo que están hablando al no tener los elementos como para hacer una
crítica constructiva. Al contrario, el principal argumento contra las opiniones
que disienten es el insulto y la provocación. Es cierto que en una sociedad democrática
debe existir el debate, pero esto debe hacerse de una manera racional y de
ninguna manera debe realizarse insultando ni descalificando a la otra parte. Entonces
hemos llegado al punto donde hay una dictadura de todo lo que se considera políticamente
correcto, y a lo que no lo es, pues es callarlo de inmediato a groserías y les
ponen adjetivos despectivos. Estamos llegando pues a un mundo de la dictadura
de lo políticamente correcto.
Con todo esto
no es raro que mucha gente sea escéptica respecto a lo que los jóvenes representan
para el futuro. Como lo dije, el hecho de que las generaciones más jóvenes sean
hábiles para manejar smartphones y computadoras no quiere decir que lo sepan
todo. Además, las nuevas generaciones en buena medida tienen la idea de que la
libertad es lo mismo que el libertinaje y esto es apoyado por el estado muchas
veces. Entonces pues que estamos en una encrucijada bastante fuerte en tiempos
donde usar la razón es algo imprescindible. Esto pues es un llamado a los
millennials, o sea, a las personas que tienen 32 años o menos y que están
leyendo estas líneas. El saber usar el dispositivo con el que se está leyendo
este texto no los hace mejor informados, hay que revisar dichas fuentes. Es más,
hay que leer o ver tres o más medios de comunicación para formarse un criterio
acerca de un tema y antes de formarse una opinión. Estoy convencido de que todavía
se puede cambiar el estigma que cargan los millennials de ser la generación que
no tiene criterio propio y que solo piensa en que la tecnología lo es todo. Quizá
es por eso que en Lejano Oriente la juventud es una etapa de aprendizaje y no
como una virtud. Tal vez por eso la edad mínima para ser presidente de China
sea de 55 años de edad, 20 años más que los 35 años requeridos en nuestro país.
Es cierto que los jóvenes tienen el vigor, pero en muchos casos se carece de
conocimientos y experiencia para andar en el mundo. Aunque ahora podemos hacer
cosas que nuestros abuelos considerarían inventos de Julio Verne. Pero las
herramientas informáticas no son un fin, sino un medio de comunicación y otras
formas de expresión que antes no existían.
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