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miércoles, 19 de abril de 2017

La traición en el PRI

El Partido Revolucionario Institucional siempre me ha parecido intrigante por lo que sucede al interior de sus filas. Desde el principio fue concebido como un partido de tipo autoritario, y vertical. El corporativismo siempre ha jugado un papel importante dentro de las estructuras partidistas y esto ha sido documentado por varios historiadores e intelectuales que se han dedicado a estudiar el tema de los partidos de corte autoritario. De lo que estoy convencido es de las cosas que se toleran y las que no al interior del tricolor. Desde luego que el peculado, el amiguismo, el nepotismo, el callar a la prensa, el apresamiento de los opositores y el asesinato con fines políticos es lo que se ha tolerado y se sigue tolerando. Lo que jamás se ha tolerado al interior del partido es la traición, es decir, cuando los militantes o miembros de la estructura corporativa apoyan a candidatos opositores o violan algún apotegma del instituto político.
Esto creo yo que tiene que ver con los orígenes del PRI, es decir, cuando se empezaron a formar las estructuras que le dieron origen. Creo yo que el primer acto de traición que se castigó al interior de los fundadores del PRI fue el de Adolfo de la Huerta, Rafael Buelna, Fortunato Maycotte y Manuel M. Diéguez en contra de la imposición de Plutarco Elías Calles en la presidencia. Maycotte, Diéguez y Buelna terminaron sus días en el paredón y de la Huerta en el exilio hasta  la administración de Lázaro Cárdenas. La segunda gran traición fue la de Arnulfo R. Serrano, uno de los masacrados en Huitzilac en 1928, al intentar derrocar al gobierno callista por la reelección de Álvaro Obregón en julio de ese año. La tercera gran traición fue la del propio Obregón al violar el principal apotegma de la revolución: la no reelección. Esto lo llevó a ser acribillado a tiros por los diputados de Guanajuato y a usar a León Toral como chivo expiatorio. Con estos antecedentes creo que queda muy claro que con la fundación del PRI en 1929 se podía tolerar todo en el seno del partido menos la traición.
En mi opinión creo que la traición más alta que se puede dar en el seno del PRI es cuando un militante apoya a gente que no pertenece al partido o que no es capaz de mantener bajo doble llave los secretos de la familia revolucionaria o que no se somete a los designios presidenciales. Creo yo que los ejemplos más claros fueron el líder ferrocarrilero Luis Gómez Z., dirigente del movimiento a favor de mejorar las condiciones laborales y que estuvo preso desde ese año y hasta 1970; en segundo lugar pongo a Oscar Soto Máynez, gobernador de Chihuahua acusado de matar a un taxista y por ser opositor a Adolfo Ruiz Cortines y fue obligado a renunciar. “Pan o palo”, concepto inventado por Porfirio Díaz era y sigue siendo muy usado por el partido tricolor: pan, concesiones, cargos públicos; palo, ostracismo, destitución, cárcel e incluso la muerte. Esto no es exclusivo del PRI puesto que este tipo de prácticas son comunes en los partidos políticos de corte autoritario: el Partido Nazi, el Partido Fascista italiano, el Partido Comunista soviético y muchos otros más.

En los años recientes la traición dentro de las filas del PRI ha tomado otros matices pues los partidos de izquierda modernos están formados primordialmente por ex militantes del partido por no obtener candidaturas o cargos públicos. Algo tiene que ver con esto la ayuda que algunos militantes del PRI han dado a opositores al régimen, por ejemplo, durante las elecciones de 1988, esto quedó claro con el apoyo dado a Cuauhtémoc Cárdenas por parte del líder del sindicato petrolero Joaquín Hernández Galicia, “La Quina” y esto le valió que Carlos Salinas de Gortari lo pusiera tras las rejas en 1989, y solo salió de allí cuando Ernesto Zedillo llegó a la presidencia, en 1995. La segunda gran traidora fue Elba Esther Gordillo por apoyar a Vicente Fox y Felipe Calderón en sus respectivas administraciones a pesar de seguir siendo priista, y Peña Nieto no tuvo miramientos al mandarla a la cárcel. Ahora, con la captura de Javier Duarte se dice, se rumora y se comenta que este le dio a Andrés Manuel López Obrador dinero para su partido, 2.5 millones de pesos mensuales para ser exactos. El dueño de MORENA dice que si el ex gobernador de Veracruz declarara en contra suya que no creamos nada, que es un maniobra de la “mafia del poder” para ensuciarlo. Sin embargo, los cargos en contra de los líderes sindicales que mencione en este párrafo no eran falsos, que sean presos políticos es otra cosa, mis queridos chairos. Entonces pues no se puede descartar que Javier Duarte de Ochoa le haya dado dinero al dueño de MORENA para evitar la llegada de Miguel Ángel Yunes y tenga miedo de lo que pueda llegar a declarar el primero. “Palo” sin lugar a dudas.    

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