El Partido Revolucionario
Institucional siempre me ha parecido intrigante por lo que sucede al interior
de sus filas. Desde el principio fue concebido como un partido de tipo
autoritario, y vertical. El corporativismo siempre ha jugado un papel importante
dentro de las estructuras partidistas y esto ha sido documentado por varios
historiadores e intelectuales que se han dedicado a estudiar el tema de los
partidos de corte autoritario. De lo que estoy convencido es de las cosas que
se toleran y las que no al interior del tricolor. Desde luego que el peculado,
el amiguismo, el nepotismo, el callar a la prensa, el apresamiento de los
opositores y el asesinato con fines políticos es lo que se ha tolerado y se
sigue tolerando. Lo que jamás se ha tolerado al interior del partido es la traición,
es decir, cuando los militantes o miembros de la estructura corporativa apoyan
a candidatos opositores o violan algún apotegma del instituto político.
Esto creo yo que tiene
que ver con los orígenes del PRI, es decir, cuando se empezaron a formar las
estructuras que le dieron origen. Creo yo que el primer acto de traición que se
castigó al interior de los fundadores del PRI fue el de Adolfo de la Huerta,
Rafael Buelna, Fortunato Maycotte y Manuel M. Diéguez en contra de la imposición
de Plutarco Elías Calles en la presidencia. Maycotte, Diéguez y Buelna
terminaron sus días en el paredón y de la Huerta en el exilio hasta la administración de Lázaro Cárdenas. La segunda
gran traición fue la de Arnulfo R. Serrano, uno de los masacrados en Huitzilac
en 1928, al intentar derrocar al gobierno callista por la reelección de Álvaro
Obregón en julio de ese año. La tercera gran traición fue la del propio Obregón
al violar el principal apotegma de la revolución: la no reelección. Esto lo
llevó a ser acribillado a tiros por los diputados de Guanajuato y a usar a León
Toral como chivo expiatorio. Con estos antecedentes creo que queda muy claro
que con la fundación del PRI en 1929 se podía tolerar todo en el seno del
partido menos la traición.
En mi opinión creo que la
traición más alta que se puede dar en el seno del PRI es cuando un militante
apoya a gente que no pertenece al partido o que no es capaz de mantener bajo
doble llave los secretos de la familia revolucionaria o que no se somete a los
designios presidenciales. Creo yo que los ejemplos más claros fueron el líder
ferrocarrilero Luis Gómez Z., dirigente del movimiento a favor de mejorar las
condiciones laborales y que estuvo preso desde ese año y hasta 1970; en segundo
lugar pongo a Oscar Soto Máynez, gobernador de Chihuahua acusado de matar a un
taxista y por ser opositor a Adolfo Ruiz Cortines y fue obligado a renunciar. “Pan
o palo”, concepto inventado por Porfirio Díaz era y sigue siendo muy usado por
el partido tricolor: pan, concesiones, cargos públicos; palo, ostracismo, destitución,
cárcel e incluso la muerte. Esto no es exclusivo del PRI puesto que este tipo
de prácticas son comunes en los partidos políticos de corte autoritario: el
Partido Nazi, el Partido Fascista italiano, el Partido Comunista soviético y
muchos otros más.
En los años recientes la traición
dentro de las filas del PRI ha tomado otros matices pues los partidos de
izquierda modernos están formados primordialmente por ex militantes del partido
por no obtener candidaturas o cargos públicos. Algo tiene que ver con esto la
ayuda que algunos militantes del PRI han dado a opositores al régimen, por ejemplo,
durante las elecciones de 1988, esto quedó claro con el apoyo dado a Cuauhtémoc
Cárdenas por parte del líder del sindicato petrolero Joaquín Hernández Galicia,
“La Quina” y esto le valió que Carlos Salinas de Gortari lo pusiera tras las
rejas en 1989, y solo salió de allí cuando Ernesto Zedillo llegó a la
presidencia, en 1995. La segunda gran traidora fue Elba Esther Gordillo por apoyar
a Vicente Fox y Felipe Calderón en sus respectivas administraciones a pesar de
seguir siendo priista, y Peña Nieto no tuvo miramientos al mandarla a la
cárcel. Ahora, con la captura de Javier Duarte se dice, se rumora y se comenta
que este le dio a Andrés Manuel López Obrador dinero para su partido, 2.5
millones de pesos mensuales para ser exactos. El dueño de MORENA dice que si el
ex gobernador de Veracruz declarara en contra suya que no creamos nada, que es
un maniobra de la “mafia del poder” para ensuciarlo. Sin embargo, los cargos en
contra de los líderes sindicales que mencione en este párrafo no eran falsos,
que sean presos políticos es otra cosa, mis queridos chairos. Entonces pues no
se puede descartar que Javier Duarte de Ochoa le haya dado dinero al dueño de
MORENA para evitar la llegada de Miguel Ángel Yunes y tenga miedo de lo que
pueda llegar a declarar el primero. “Palo” sin lugar a dudas.
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