Muchos historiadores,
intelectuales y periodistas han hablado acerca del caudillismo, pero pocos son
los que se atreven a hablar acerca de por qué nuestros países son tan proclives
a caer en esta trampa. Y aun son menos los que ven en este un problema
cultural, al contrario, incluso hay intelectuales que se decantan por los
caudillos y no logró discernir cuál es el motivo para esto. Prácticamente todos
los países latinoamericanos han sufrido por lo menos una dictadura en mayor o
menor medida, sin embargo, los dictadores que han sobresalidos son los de los países
más representativos de la región como Argentina con los Perón y la dictadura
militar en los 70 y 80, México con Porfirio Díaz y el PRI, Chile con Salvador
Allende y Pinochet, República Dominicana con Rafael Leónidas Trujillo y Venezuela
con Marcos Pérez Jiménez y Hugo Chávez.
Creo que sería bueno
comenzar con algunas precisiones sobre el caudillismo ya que considero
necesario ver algunas cuestiones culturales. En mi opinión la principal causa
de su existencia tiene que ver con de dónde venimos. Como sabemos, la mayoría de
nuestros países fueron colonias de España y Portugal y en menor medida de
Francia y Holanda. Todos esos países eran monarquías absolutistas, es decir,
donde el rey era el que dictaba la ley y tenía injerencias en todos los asuntos
del Estado y nadie le ponía freno. Además de todo, todos los pueblos que vivían
en el momento de la conquista tenían sistemas de gobierno parecidos a los de
Europa y los aztecas. Además, como en aquellos tiempos se consideraba que el
poder era un derecho divino y creo que de ahí es de donde viene aquella idea de
que hay gobernantes que con unos cuantos pases mágicos puede resolver todos los
problemas que aquejan a nuestras sociedades. Y, por lo menos en México, al
momento de la independencia la mayor parte de la población era analfabeta, es
más, casi todos los mexicanos no sabían leer ni escribir gracias a la
maleficencia de la iglesia e intuyó que en prácticamente todos los países de la
región era la misma situación.
En segundo lugar creo que
hay que poner el hecho de que los problemas de la región son bastante graves,
entre ellos, la pobreza y la corrupción son bastante comentados entre la gente.
Entonces es cuando llega un tipo hablándonos bonitos y promete bajarnos el sol,
la luna y las estrellas. Todos tienen en común promesas que son imposibles de
cumplir de acuerdo con los procedimientos propuestos o de plano no dan detalles
acerca de cómo van a ser sus políticas. Sin embargo, la desesperación de las
clases medias en la región es lo que se lleva a toda la población entre las
patas. Esto muchas veces tiene que ver con el hecho de que los caudillos suelen
inventar enemigos tanto internos como externos cuando las cosas van mal por las
políticas aplicadas. De ese modo se desvía la atención para evadir su
responsabilidad cuando las cosas se tuercen. Además, sobre todo con los
caudillos de izquierda, la mayoría de los intelectuales no hacen más crítica
que a los opositores, ya que el “ayudar al pueblo” siempre es lo correcto
aunque las políticas públicas causen desastres mayores que los inicialmente
denunciados.
Ya para concluir hablare
de los principales intelectuales del caudillismo y los que lo reprobaban de
manera enérgica. El principal intelectual a favor del caudillismo fue un británico
de nombre Thomas Carlyle, que siempre vio en la democracia algo malo y admiraba
a personas que ejercían el poder de manera despótica, siendo admirador sobre
todo de Simón Bolívar por ejercer un poder casi absoluto. Todas las grandes
dictaduras en la historia, pero más las del siglo XX llevaron en mayor o menor
medida las ideas de Carlyle a la acción: los Nazis en Alemania, el fascismo en
Italia, y el estalinismo en la Unión Soviética considero que son los grandes
ejemplos. Es decir, los personajes que llevaron a la práctica las ideas de
Carlyle fueron Lenin, Stalin, Hitler y Mussolini, todos grandes dictadores y,
en buena mayor o menor medida, genocidas. En cambio, Marx y Georgi Plejanov
(maestro de Lenin) eran enemigos declarados del caudillismo y del culto a la
personalidad al que se sometieron casi todos los personajes citados. De hecho, es
patente que Plejanov rompió con Lenin porque este último creía en el
caudillismo y el segundo lo repudiaba a más no poder. Entonces pues, en buena
media las ideas de Marx y Lenin están en abierta contradicción y esto también es
un detalle que se ignora dado que el hábito de lectura no es algo generalizado,
por lo menos en México. Además, es evidente que el caudillismo en general crea
más problemas que soluciones: basta con ver Cuba y Venezuela para darse cuenta
de ello. Además, en México el caudillismo evolucionó a una dictadura de tipo
partidista y podríamos volver a caer en ella con quien menos se imaginan.
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