Tal parece que en nuestro
país la corrupción es un mal endémico desde tiempos de la colonia. Ahora bien,
no es nuevo un intento por evitar sobornos, tráfico de influencias y desvió de
recursos públicos a las cuentas privadas de la clase política. Entonces tenemos
organismos públicos, procuradurías especializadas y demás dependencias
gubernamentales. Y después de todo lo anterior no me explico cómo es que
nuestra clase política es tan corrupta. Aunque en el pasado, tengo que
admitirlo, hubo gobernantes corruptos, aunque sí hubo periodos en los que el
desarrollo económico y social creció de manera sostenida. Ahora también tenemos
una clase política bastante inepta y ahora es cuando con más ahínco que nunca y
con la existencia de candidatos independientes que uno debería preguntarse si
estamos mejor.
Esto es bastante
decepcionante en un tiempo donde la sociedad pide transparencia mientras
nuestra clase gobernante se gasta a manos llenas el dinero de nuestros
impuestos. Aunque quisiera hacer una precisión: a mí no me molesta que la clase
política se da sus lujos, lo que me indigna es que lo hagan con el dinero del
erario. Por lo tanto, el que los políticos se den vida de ostentación no quiere
decir que lo toman del presupuesto, pero también hay personas a los que les
encanta utilizar el dinero del erario como si fuera de su propiedad. Esto ha
sido la tónica desde la independencia ya que los caudillos se sentían con el
derecho de servirse de ella sin corta prisas. Fue durante la Revolución cuando
este problema aumentó hasta sus dimensiones actuales pues el saqueo nacional nunca
ha sido tan fuerte como en los gobiernos posteriores a dicho movimiento armado.
En el tiempo de Álvaro Obregón también se consolida el sistema de sobornar a
los opositores con los famosos “cañonazos de 50 mil”.
En los últimos años hemos
visto a varios gobernadores que han endeudado sus estados de manera
espectacular. Los casos más sonados en la actualidad son lo de Chihuahua y
Veracruz porque los gobernadores se apellidan igual: Cesar Duarte y Javier
Duarte, respectivamente. En otros casos la corrupción de los gobiernos locales
tiene que ver con la inacción de la administración y los gobernadores intentado
tapar el sol con un dedo. En este ejemplo cae el gobernador de Morelos, Graco
Ramírez, que heredo de la administración anterior un problema de inseguridad y
ha resultado evidente su capacidad para resolverlo. Graco redujo de manera considerable
la tasa de homicidios en Morelos al arrojar a las víctimas a la fosa común, de
tal manera que los desaparecidos en la entidad en buena medida no están en una
fosa clandestina, sino en una legal. También están los que evidentemente han
pactado con el crimen organizado para dar la apariencia de reducción de crímenes
en dichos estados. En este rubro caen varios gobernadores de Tamaulipas y
nuevamente Cesar Duarte, de Chihuahua. La verdad también creo que los gobernadores
que inflaron su capacidad de para reducir este flagelo, como es el caso de
Jaime Rodríguez Calderón, de Nuevo León, que los habitantes de dicho estado
degradaron de “El Bronco” a “El Pony” por su evidente incapacidad de poner
orden en los penales de dicho estado.
Creo que también se me
está olvidando el importantísimo detalle de los funcionarios que inflaron los
costos de la obra pública. En primer lugar, y con todo el dolor de mi corazón,
pongo a Felipe Calderón por lo sucedido con la Estela de Luz del Bicentenario
de la Independencia, que costaron más de cinco veces el costo original y no
estuvo lita a tiempo para los festejos. En este rubro también pongo a la actual
Cámara de Senadores que se supone que también debería estar terminada para las
fiestas del Bicentenario pero no fue así. Pero el que se voló la barda, también
con todo el dolor de mi corazón, fue Marcelo Ebrard con la línea 12 del metro,
que costó como siete veces el presupuesto original y tampoco estuvo lista a
tiempo. Pero lo más grave es que la línea 12 presenta fallas en su diseño ya
que los rieles sufrieron desgaste prematuro. Entonces de entrada el sistema
nacional anticorrupción tendría de entrada un trabajo descomunal, y de ahí que
la propuesta esté congelada en el Congreso, pues como lo he dicho en esta
entrada, esto no es un asunto exclusivo de un grupo o partido político sino de
la mayoría. Quizá por eso el dictamen del sistema nacional anticorrupción se
haga sin prisas puesto que a la mayor parte de la clase política podría ir a la
cárcel y corresponde a la ciudadanía hacer presión.
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