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domingo, 5 de febrero de 2017

Voltearle el juego a Donald Trump

Con las repetidas amenazas de Donald Trump a nuestro país me queda muy claro que esto nos pasa en muy mal momento. Los medios de comunicación se han dedicado a apoyar a México pero no para ayudarlo, sino para llevarle la contraria al presidente de Estados Unidos, ya que considero que si en realidad nos tuvieran un poco de estima nos habrían defendido también de los abusos de la administración de Barack Obama. Sin embargo, me temo que se necesita inteligencia para tratar con Trump misma que de la que carece todo el gabinete de Peña Nieto. Me temo, que en este punto Calderón tuvo más pantalones (por lo menos de dientes para afuera) para contestarle al presidente de la primera potencia (Obama, claro) Obama no fue nuestro amigo y Trump no lo es, pero creo tener una idea de cómo sortear esta realidad adversa.
El primero de los puntos tiene que ver con la propuesta del mandatario de construir un muro en la frontera que comparten México y Estados Unidos. Considero que las fugas en dicho límite, que es bastante impermeable, son hacia ambos lados: de México a Estados Unidos pasan drogas e inmigrantes ilegales; de Estados Unidos a México pasan armas. En el primer caso (sin ánimo de ofender) Estados Unidos ocupa el primer lugar en consumo de drogas y eso es en un contexto donde algunos estados de la Unión Americana (California, Colorado, etc.) legalizan el consumo de marihuana mientras se nos pedía combatir el narcotráfico. Se me ocurre que para detener el tráfico de drogas a Estados Unidos se trabaje sobre la posibilidad de rehabilitar a los adictos a estupefacientes y en programas de prevención para evitar que más personas caigan en las drogas. Con esto se matan tres pájaros de un tiro: se reducirían los delitos en Estados Unidos, mermarían las ganancias del narcotráfico y disminuiría el tráfico de armas hacia México. Y en cuanto a este último ilícito se resolvería simplemente limitando el comercio de armas, aunque la medida es bastante impopular entre los norteamericanos.
Los inmigrantes ilegales es harina de otro costal puesto que de eso sí somos responsables en buena medida. En México y en buena parte del resto de América Latina no se ha hecho un esfuerzo por crear un sistema económico funcional para dar excelentes oportunidades a la población. Me queda muy claro que no es obligación de Estados Unidos dar esas oportunidades y era un abuso por parte de nuestro gobierno el famoso acuerdo migratorio para comprometer al gobierno norteamericano a crear las oportunidades que no hay en nuestro país. Donald Trump tiene bastante razón al querer deportar a los indocumentados con antecedentes penales y la verdad es que está bien preguntarse si para eso se fueron. Tenemos pendiente el crear un sistema económico competitivo, mejorar nuestro sistema educativo y combatir la pobreza desde otro ángulo. Sin embargo, a nuestra clase política no le interesa hacerlo puesto que la gran mayoría de sus integrantes por su propia agenda. Además, la mayor parte de la ciudadanía está más preocupada por los inmigrantes ilegales que por mejorar nuestra calidad de vida y de ese modo evitar que muchos de nuestros compatriotas se arriesguen a morir en el desierto y quebrantar las leyes de otro país. Seamos sinceros, nosotros tampoco tenemos ninguna obligación hacia los inmigrantes de Centro y Sudamérica que por la misma causa salen: para huir de la miseria en la que viven porque su gobierno no ha podido o querido crear mejores oportunidades.

En cuanto al Tratado de Libre Comercio, me temo que va a terminar desmoronándose por el bajo interés de los tres países en seguir con el acuerdo. En primer lugar considero que nosotros solo fuimos unos ilusos pensando que no necesitábamos más que inversión extranjera para poder salir del bache en el que estamos desde la “Docena Trágica” (1970-1982) gracias a las malas políticas de Echeverría y López Portillo. Además de todo hay que resaltar el hecho de que nos avocamos a ser un país maquilador y productor de materias primas sin ir más allá, como la innovación y el desarrollo de nuevos productos. Esto es en parte debido a nuestra mentalidad estatista y por el sistema económico poco dinámica que tenemos. ¿Cómo demonios queremos competir contra las economías más grandes del continente en esas condiciones? No es de a gratis que nuestros principales socios comerciales nos estén dando la espalda ahora y en lugar de estar de hipócritas (muchos de los que ahora lloran por el Tratado de Libre Comercio se lamentan por la destrucción del campo mexicano) tratemos de mejorar nuestra competitividad. Y dado que no se puede negociar con Donald Trump lo mejor que podemos hacer es dejar que las cosas sigan su curso y trabajar sobre nuestros pendientes como nación para otorgar mejores oportunidades. 

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