En estos tiempos
turbulentos que vivimos en nuestro país con la llegada de Donald Trump a la
presidencia de nuestro vecino del norte queda claro que no tenemos una autocrítica
hacia nosotros como nación durante todo el siglo pasado. Es más, nosotros nunca
hemos procurado el darnos un sistema económico funcional dado que hemos estado
empantanados en matarnos entre nosotros mismos mientras una clase política miope
y voraz se repartía el país a pedazos. Sin embargo, es muy común entre los
mexicanos echarles la culpa a otros por nuestras desgracias pasadas o presentes
sin hacer un momento de autorreflexión de nuestros errores como nación como un
primer paso para cambiar nuestra realidad. Sin embargo, esto es algo que no va
a hacer la mayoría de los connacionales puesto que es más cómodo echarles la
culpa a otros de nuestra desgracia.
En primer lugar hay que
considerar los primeros años de la independencia cuando Lucas Alamán fundó el
Banco del Avío. Esta institución tenía por objeto otorgar créditos a los
mexicanos que desearan instalar alguna empresa con el fin de construir una
industria nacional. Los liberales (incongruentes como siempre) criticaron esta
media al considerarla proteccionista y Alamán la defendió argumentando que no
era tiempo de liberar la economía sino de crear una industria nacional y
liberar la economía cuando estas empresas fueran competitivas. Sin embargo, los
liberales, en su mayoría francmasones, cerraron el banco y liberaron la economía.
En tiempos recientes he llegado a la conclusión de que los masones han sido
siempre el grupo más nocivo para nuestro
país: ellos fueron responsables por la caída del primer imperio y de la pérdida
de la mitad de nuestro territorio a manos de los norteamericanos. Sin embargo
son los héroes nacionales por “oponerse a los designios de la iglesia y
defendernos del emperador déspota y los franceses”, pero no tuvieron
miramientos al cansarse de venderles el país a los norteamericanos. Los liberales
supuestamente se opusieron al viejo orden español pero ene l fondo lo
impulsaron debido a que se preservan el ascenso social por relaciones
familiares y millonarios con fortunas hechas al amparo del poder público,
opuesto a todo liberalismo.
Además de todo hay que
revisar lo hecho por el régimen revolucionario luego de la caída de Porfirio
Díaz. Durante estos años se dan cambios en materia social y económica con la
supuesta intención de reivindicar las causas populares manifestadas en el
periodo 1910-1920. Sin embargo y como y como lo vemos en la realidad esto no
fue así. Sin embargo sí voy a rescatar algo de uno de los personajes que más me
desagradan, es decir, Álvaro Obregón. Ya expliqué en entradas anteriores las
razones por las que no me agrada este sonorense, sin embargo se me hace
interesante su proyecto de reforma agraria. Obregón primero intentó educar a
los campesinos que en su mayoría eran analfabetas y de ese modo fue que se
comenzó con el reparto agrario con la idea de que no se podía entregar tierras
a diestra y siniestra. Lázaro Cárdenas fue el causante de la destrucción del
campo pues el sí repartió tierras a diestra y siniestra pues no le dio al
agricultor seguridad sobre sus tierras además de no instruirlos en el mejor
aprovechamiento de las mismas. Esto llegó a muchos campesinos empobrecidos a
emigrar a Estados Unidos con el programa bracero en el que se calcula que se
fueron a trabajar legalmente al otro lado 5 millones de personas mientras que 5
millones lo hicieron de manera ilegal. Tomando en cuenta que la población según
el censo de 1960 era de 30 millones de mexicano y el programa bracero terminó
en 1964 tenemos que la tercera parte de los mexicanos se había ido a trabajar a
Estados Unidos. Todo lo anterior a pesar de los créditos agropecuarios lo que
me hace pensar que esto fue la causa del abandono del campo y el Tratado de
Libre Comercio solo aceleró un proceso que lleva décadas gestándose.
Por último hablare de las
empresas paraestatales, empezando por PEMEX por la que todos se desgarran la
camisa. El auge de este tipo de empresas fue en el periodo 1970-1982 y no
fueron precisamente de los más eficientes. Al contrario, estas empresas solo
generaron pérdidas y más pérdidas y el gobierno lo subsanó con dinero público. Con
el tiempo esto fue agotándose ya que el único producto que valía la pena era el
petróleo. El gobierno llegó a poseer el 60% de la actividad productiva, el
empleo era pleno pera a base de endeudamiento e inflando nóminas. Con el tiempo
esto se hizo insostenible y el sistema terminó por colapsar en 1982. Entonces este
modelo económico basado en la expropiación de empresas y la fundación de estas
por parte del estado no es buena idea de ninguna manera. De tal manera que así
llegamos a maestros días con una economía estancada y para salir de este bache
hay que romper con los modelos impuestos en el pasado, algo que muy pocos están
dispuestos a hacer pero no es necesario para avanzar como nación, pero sobre
todo debemos dejar de culpar a otros por nuestros problemas.
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