El nuevo secretario de
hacienda, José Antonio Meaede, ha anunciado recortes al presupuesto para el próximo
año. Esto era de esperarse, debido a que el país está pasando por una precariedad
en su sistema económico derivado de años de dejadez y corrupción. No me
sorprende en lo más mínimo que no se den recortes en algunos de los rubros más
cuestionables, como es el caso de los programas sociales, el gasto en las cámaras
o el dinero de los partidos políticos. Aunque hay algunos rubros en los que
estoy de acuerdo que haya recortes, como es el caso de los apoyos al campo, hay
otros como es el caso de la educación, que es algo que ni siquiera debería ponerse
en la mesa para su discusión. Estoy de acuerdo en que es necesario revisar el
presupuesto para educación es para no seguir manteniendo sindicatos parásitos
como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
Entre las cosas que deberían
recortarse son los dineros de las clientelas políticas, que ningún bien hace al
país. Entre las clientelas a las que se reparte dinero como las centrales
campesinas, que en buena medida son las responsables del saqueo que ha sido
víctima este país desde hace décadas. Entre otros asuntos en las que se tira
dinero a lo estúpido es con los microproyectos, con los que se financia
cooperativas y otros proyectos, la mayoría fracasan de manera estrepitosa, por
lo que se debe replantear este tipo de financiamiento a las empresas, además de
que buena parte de esos recursos termina en manos de unos cuantos políticos demasiado
corruptos. Algo similar ocurre con los apoyos al campo, ya que en una buena proporción
acaba en manos de las personas que tienen más tierras y recursos para
trabajarlas, no en las de los productores más necesitados, y en este último
caso puede pasar que los agricultores gasten el dinero en aparatos electrónicos,
borracheras y otras tonterías, menos en cultivar la tierra y obtener cosechas,
y esto en parte le ha dado en la torre al campo mexicano.
Otra cosa que me causa un
fuerte desasosiego es que no les hayan recortado ni un centavo a los partidos políticos.,
que son los primeros parásitos a nivel nacional. Esto se evidencia sobre todo
en los procesos electorales, ya que se gastan millones en campañas por demás sucias
debido a la cantidad de acarreados y las cosas que reparten entre la gente para
garantizar su voto. No es de sorprenderse la cantidad de mexicanos que están
decepcionados de los partidos políticos y el gran abstencionismo en los
comicios que es cada vez mayor. Los partidos tales como el PRI, PAN, PRD, Verde
y otros no dicen nada de la austeridad del estado, pero MORENA es el que más me
revienta el hígado en lo que respecta a este rubro. López Obrador dice que los demás
partidos gastan millonadas en las campañas, siendo este el discurso que uso en
2012 contra Peña Nieto, sin embargo, Jaime Rodríguez “El Bronco”, el año pasado
que intentó desprestigiarlo, le dijo que si quería el apoyo de los mexicanos debía
renunciar al financiamiento público. Por otro lado, el principal argumento a
favor del financiamiento público no se sostiene y es tramposo: evitar la
entrada de intereses ajenos a los de los mexicanos, y me temo que hay hasta
alcaldes, diputados e incluso gobernadores coludidos con el crimen organizado y
otros respaldando intereses empresariales espurios.
Otros gastos que no
tienen razón de ser son los relacionados con el gasto corriente del gobierno,
excesivo en extremo. Las enormes dietas de magistrados, presidente de la
república, secretarías de estado, directores de paraestatales. Tampoco es que
les diga que lleven una vida como la de José Mújica, pero los sueldos de los
altos funcionarios no son acorde a la calidad de trabajo, al contrario, este
deja mucho que desear en muchos aspectos. Además, tenemos el problema cada vez
más común el hecho de que a los políticos cada vez menos les interesa llegar al
poder para beneficio nuestro, sino para lucrar a mansalva con nuestros impuestos.
Otra cosa que me enoja bastante es el excesivo gasto de la cámara de diputados
y en el senado. En ambos caso les dan un vehículo, tienen chef dentro de los
recintos legislativos y un seguro médico que muchos no pueden permitirse. Estoy
muy seguro que ni los partidos de izquierda quieren renunciar a estos
privilegios. Estamos en problemas financieros y ellos son los primeros que se deberían
apretar el cinturón, no nosotros. Además, existe el problema de que hay
demasiada burocracia en el gobierno, y me temo que este no es muy eficiente. Esta
es la prueba más clara de que el neoliberalismo solo existe de dientes para
afuera. Al contrario, el estado es cada vez más obeso y me temo que la
situación está lejos de mejorar, y a los miembros del nada Honorable Congreso
de la Unión no les importa, y todos piden más comisiones y burocracia. Tal parece
que los mexicanos nos encontramos solos contra un gobierno que pide más y más
impuestos sin ver ninguna mejora. Esto harta, y mucho.
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