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sábado, 10 de septiembre de 2016

Mismos productos, diferente empaque

En estos días hemos visto cambios el en gabinete, siendo el más importante la remoción de Luis Videgaray de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Considero que es uno de los cambios más importantes, ya que él era uno de los peores secretarios de hacienda de la historia, ya que en lugar de buscar políticas públicas de ahorro al erario, mejor hizo una reforma fiscal en la que se exprimía más a los de siempre mientras se mantenía una dependencia del petróleo irracional a fin de mantener funcionando onerosos programas sociales. Ahora, con la visita de Donald Trump a México por invitación del presidente Peña Nieto (que al parecer fue idea de Videgaray), el político mexiquense y ahora ex titular de hacienda ha renunciado a su cargo.
¿Qué fue lo que paso? Bueno, pues como lo decía desde hace algún tiempo en este espacio, el ahora ex secretario de hacienda no daba el ancho en dicho cargo, sino que al contrario, cada vez daba más de que hablar con su tremenda ineptitud al frente de las finanzas del ejecutivo nacional. Hace tres años, cuando se presentó la iniciativa de reforma fiscal, era obvio que intentaba quedar bien con los partidos de izquierda cuando todavía estaban calientes los humos por lo acontecido en las elecciones presidenciales del año anterior, todo con el objetivo que quedar bien con la izquierda y de este modo obtener su apoyo en futuros proyectos legislativos. Lo que he de decir como crítica en este caso es que las onerosas cargas fiscales sirven para destruir economías prosperas, incluso países desarrollados han caído en este tipo de prácticas y han arruinado sus finanzas y las de su población en su intento por reducir la “desigualdad” y de este modo mantener onerosos programas sociales para lograr el objetivo anterior.
Algo que he repetido hasta el cansancio y no me cansare de hacerlo es el hecho de que no se hizo lo suficiente en materia fiscal en lo que respecta a la reforma energética, ya que con esta se creía que se iban a obtener más recursos para programas sociales. Lo que en realidad se debió haber hecho es utilizar esta reforma como un modo de relanzar la industrialización del país, no para destinar más recursos a programas sociales que son eficientes para comprar votos de los electores más pobres del país. Antes lo dije y lo vuelvo a repetir: los argumentos contra la reforma energética carecen de fundamente económico, pero tenían una fuerte carga ideológica tendiente a mantener uno de los mayores mitos históricos del México moderno. Pemex es una empresa que representa nuestra soberanía y del progreso nacional, pero cuando uno rasca, se da cuenta que esto está fuera de la realidad. Pemex es una empresa que opera en números rojos desde 1938. Sin embargo, los gobiernos priístas nos hicieron creer lo contrario durante décadas y hay de aquel que se atreviera a decir lo contrario. En años recientes la situación se hizo insostenible cuando el 30% del presupuesto federal provenía del petróleo y este mismo recurso era la principal fuente de divisas. Lógicamente, tras la caída del precio en octubre de 2014, llego la cruda realidad. Los recortes al presupuesto no se hicieron esperar, y por supuesto, los chairos fueron los primeros en protestar por los recortes.

Sin embargo, y a pesar de todo lo anterior, Videgaray renuncia a su cargo porque él fue el de la idea de invitar a Donald Trump a México a debatirá acerca de ciertos temas que preocupan a nuestros connacionales como el muro que pretende construir en la frontera y quiere que nosotros paguemos de nuestros bolsillos. Si esa idea fue buena o mola, en este espacio no lo voy a discutir. Lo que en realidad me llamo la atención es que no se hagan otros cambios en el gabinete, como es el caso de Miguel Ángel Osorio Chong en la Secretaría de Gobernación, o porque no ha llegado nadie nuevo al gabinete, ya que el que reemplazo a Videgaray es el señor Meaede que procede de la SEDESOL. Estos cambios en el gabinete presidencial me temo que no tendrán el impacto que Peña Nieto necesita, en primera porque falta poco más de dos años para que se termine el sexenio, y en segunda, porque no ha llamado a gente con ideas frescas a su gabinete. No, el presidente se ha dormido en sus laureles, no ha pensado en cambiar de caballos, prefiere seguir con los de siempre, a pesar de haber mostrado su incompetencia en muchas ocasiones.   

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