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sábado, 28 de mayo de 2016

La corrupción en México

Y vaya que sí lo es. En días recientes diputados del PRI, PVEM y MORENA han desestimado la votación de la ley 3 de 3, una iniciativa para el combate a la corrupción. En ella se incluye un mecanismo por el cual los aspirantes a puestos de elección popular deben declarar cuales son sus propiedades, dinero y posibles conflictos de interés a la hora de discutir leyes y algún problema judicial. 

Sin embargo, el problema de la corrupción en nuestro país se extiende desde darle un pequeño soborno al policía de tránsito para evitar una multa hasta las altas esferas de la política con gobernantes que practican el tráfico de influencias y desvían recursos públicos para su beneficio personal. En el fondo, los mexicanos hemos alimentado a este monstruo, que en años recientes ha crecido a niveles alarmantes, basta con ver las deudas estatales que crecen sin parar y sin que nadie haga algo por evitarlo. El problema con las deudas estatales es que el dinero que se ha pedido prestado no se refleja en la comunidad, por lo tanto se presume que han pasado a otras manos por medio del peculado, pero parece que a nadie le importa resolver el problema de lleno. 

Se han hecho iniciativas para combatir el problema, pero siempre quedan en letra muerta: se han creado infinidad de secretarías, organismos, auditorías tanto en el legislativo federal como en los locales, tribunales especiales, pero el problema no parece ceder en nada. De hecho, pienso que el problema tiene remedio, pero de momento no se me ocurre como resolverlo. Supuestamente se ha hecho demasiado para solucionar el problema de los políticos con uñas largas, pero hasta ahora no se ha encarcelado a ninguno. Lo peor es que otros países latinoamericanos ya tienen avances en el sector, como Guatemala donde pudieron deponer al presidente Otto Pérez presuntamente por tráfico de influencias para meter mercancía de contrabando al país sin los más mínimos controles aduanales; el caso más sonado estos días es el de Brasil, donde el poder judicial retiro de su cargo a Dilma Rousseff por peculados, mientras que hay una investigación abierta contra Luiz Inácio Lula da Silva, ex presidente y antecesor de Dilma en el cargo, por malversar fondos de Petrobras, ya que el señor ahora vive como potentado. 

Mientras eso sucede en las altas esferas, aquí abajo se da mordida a los policías de tránsito para evitar una multa, o se soborno a los servidores públicos para agilizar tramites administrativos y se soborna a los agentes aduanales para introducir mercancía de contrabando. Recuerdo que cuando inició la administración de López Obrador en el DF se quito el exámen para obtener la licencia de conducir. Malo, porque la mayoría de los mexicanos conducimos muy mal, señal de que dicho tramite perdió la batalla contra la corrupción y en nada ha beneficiado a la ciudadanía. También es muy común que en los verificentros de la Zona Metropolitana del Valle de México los dueños y empleados se dejen sobornar por los automovilistas cuyos vehículos emiten más gases contaminantes que lo permitido por la normatividad. 

Por otro lado, la corrupción también hizo que en el pasado se destruyera el campo mexicano, la creación de sindicatos charros y la creación de grupos de choque. Gracias a todos estos sectores, la planificación de las ciudades mexicanas fue perjudicada radicalmente, en especial en los municipios de las Zonas Metropolitanas del Valle de México y Guadalajara. No es gratis que la Ciudad de México ahora tenga problemas de contaminación atmosférica, ya que la ciudad fue planificada en la más absoluta anarquía. 

También es necesario recalcar que la corrupción ha hecho que las autoridades tomen medidas ineficientes como el "Hoy no circula" en el DF y municipios conurbados del Estado de México, pero en ambas entidades no han podido establecer un transporte público digno por las mafias de microbuseros y el sindicato del STC metro. Aunque en el resto de los estados no es muy distinto. El Vivebus de Chihuahua ha tenido problemas financieros desde el principio, y en prácticamente todos los estados la vigilancia hacía el transporte público es pésima, y uno lo puede constatar en el estado de las unidades. La corrupción tampoco nos deja tener servicios públicos dignos, evidentemente. 

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