En los meses recientes hubo cambios importantes en el gabinete del Presidente Enrique Peña Nieto, entre ellos el director general de Pemex, José Antonio González Anaya. La razón principal fue la crisis que atraviesa la industria petrolera, no solo en México, sino en todo el globo, debido a la reducción en los precios del barril de crudo, principalmente.
Recordemos algunos posts que escribí el año pasado, con respecto a la reforma fiscal y a la petrolera. El año pasado dije que apoyaba la reforma energética, basado en el hecho de que Pemex y la CFE no eran empresas productivas, sino que perdían más dinero del que en realidad generaba. También dije que la reforma fiscal estaba hecha al vapor por el motivo de que no ampliaba la base de contribuyentes, sino que exprimía a los que ya están cautivos. El hecho es que la clase política nos ha mentido durante décadas, al decir que la industria petrolera iba a sacarnos del atraso económico y social imperante en México desde hace casi dos siglos. Sin embargo, entre el sindicato, dirigido por un corrupto de primera llamado Carlos Romero Deschamps, el gobierno y la directiva de la empresa únicamente han lucrado a mansalva con un patrimonio que se supone es de todos los mexicanos.
Sin embargo, la declive de la industria petrolera nacional está en la misma expropiación petrolera. ¿Por qué digo esto? Por el hecho que a partir de ese tiempo, se entrego el petroleo a un sindicato corrupto, las ganancias de la industria no se han usado para el desarrollo de país, sino para el gasto corriente, eso sin tomar en cuenta lo que se lleva la dirigencia sindical, directivos y políticos.
En años recientes, con la petrolización de la economía iniciada desde el sexenio de Luis Echeverría (1970-1976), una buena tajada del presupuesto de la nación proviene de los ingresos petroleros. El origen de este problema esta en los altos precios del barril de crudo al inicio de la década de los setenta. Aunado a esto, la expropiación de empresas emprendida en el sexenio del presidente antes mencionado, siguio la misma tónica su sucesor: José López Portillo (1976-1982). A este último le tocaron las consecuencias de la petrolización de la economía mexicana. A inicios de la década de los ochenta se cayo el precio del crudo. Debido a que López Portillo y su antecesor se habían empeñado en destruir la planta productiva del país, no había más ingresos que los petroleros en las arcas públicas. Esto derivó en una crisis económica de efecto prolongado (la seguimos viviendo hasta el día de hoy), lo que provocó una fuga de capitales. Pare evitarlo, el presidente decreto la nacionalización de la banca. Sin embargo, esto solo fue un paliativo, no soluciono el problema de fondo, y la solución a la larga terminaría en el FOBAPROA, considerado el fraude más grande en la historia de México.
Como lo he dicho antes, y lo sostengo, los gobiernos que siguieron a López Portillo no hicieron lo necesario para remediar la situación. Quizá el hecho más marcado fue en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), ya que al finalizar su administración se dio un recrudecimiento de la crisis económica iniciada desde el sexenio de López Portillo, no una nueva crisis como lo ha querido manejar la prensa progresista.
México tiene todo para no depender únicamente de la industria petrolera, como recursos minerales, un clima ideal para la agricultura, infraestructura diversa, entre otras cosas. Tenemos todo para tener una economía moderna. Sin embargo, también tenemos una clase empresarial abusiva, dedicada a la extracción de rentas, y una clase política miope que mira la próxima elección.
Esta demostrado que no podemos vivir del petroleo, quizá ese recurso natural es el que nos tenga en el subdesarrollo, y se demostró lo que predije. En el año 2013, cuando se estaba discutiendo la reforma petrolera en el Congreso de la Unión, los progresistas (que tienen todo, menos idea de progreso) argüían que básicamente que la economía mexicana estaba totalmente ligada al petroleo, al decir que de cada tres pesos que circula en México, uno era del petroleo, o que el 30% del presupuesto de egresos de la federación provenían de Pemex. Al año siguiente, se cayo el precio del petroleo, y desde el año pasado comenzamos a vivir las consecuencias. La subida del dolar y la inflación que nos afectan actualmente, además de la baja perspectiva de crecimiento son efecto de la petrolización de la economía. Y como dije antes, la reforma energética no debe ser entendida como una manera fácil de obtener ingresos, sino una manera de relanzar la industrialización del país.
Así que entiendalo de una vez: no se puede vivir de una mercancía cuyo valor en el mercado internacional es muy inestable.
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