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miércoles, 24 de febrero de 2016

Primer aniversario, y ahora acerca de la Constitución

Hace dos semanas se celebraba el aniversario número 99 de la promulgación de la Constitución que actualmente nos rige. En ese contexto, varios grupos de activistas han propuesto que se escriba una nueva Carta Magna, debido a que el gobierno actual no ha cumplido las expectativas (las mías sí, que realmente son muy bajas, no esperaba mucho de la administración de Enrique Peña Nieto) de mucha gente. 

El día de ayer un amigo mío (por razones de respeto, no diré su nombre) compartió en Facebook un meme donde se espera que lo que pasó en Islandia, donde se hizo renunciar al primer ministro gracias a la enorme corrupción de su gobierno previo a la crisis económica 2008-2009, logrando también la redacción de una nueva Ley Suprema, al parecer "hecha por el pueblo para el pueblo". Y termina cuando sera el turno de México. 

En primer lugar, no me es posible hacer una similitud entre la situación de Islandia con la de México, dado que nuestra idiosincrasia, historia y problemas son muy distintos, y la verdad no considero que haya relación con las dificultades que ha pasado una y otra nación. Cada país tiene diferentes circunstancias, y aunque sí opino que puede haber similitudes, me temo que hay más diferencias. La razón: cada país tiene su historia, sus propias circunstancias. 

No considero que sea prudente escribir otra Constitución, dado que ya llevamos tres en lo que va de vida independiente como nación (Islandia, al parecer, dos). En México, en todo ese tiempo hemos tenido la experiencia de inestabilidad política que al parecer no tiene fin. Veamos porque. 

La primera Carta Magna del México independiente se promulgó en 24 de octubre de 1824. En esta se organizaba el país como una República Federal, con estados libres y soberanos capaces de crear leyes, siempre y cuando no contradigan la legislación federal. Para cuando esta ley suprema dejó de tener validez, en el año de 1854, que fue cuando Juan Alvarez se levanto contra Santa Anna, teniamos un centralismo de facto, que elimino este último, aunque nunca hemos tenido un verdadero federalismo. En ese tiempo hubo muchos presidentes, algunos que incluso duraron pocos días en el cargo. Robos, simulación de división de poderes, y repito que un federalismo ficticio y un centralismo de facto, debería darnos una idea de que los gobernantes de aquel entonces no tenían ningún respeto por las leyes. 

Con el triunfo de la Revolución de Ayutla, dirigida por el general Juan Alvarez en 1854, los miembros del partido liberal tomaron el control de la nación. Se elaboró otra Carta Magna, promulgada el 5 de febrero de 1857. Si alguien ha estudiado historia, recordara que al año siguiente se inició la Guerra de Reforma, donde Liberales y Conservadores buscaron quedarse con el control de todo el país. Después vino la Intervención Francesa, y aunque la Constitución decía que independientemente de las condiciones de la república, el presidente debía entregar el gobierno a otra persona. Como no se podían realizar elecciones, esta debía recaer en el presidente de la Suprema Corte de Justicia, que en aquel entonces era el zacatecano Jesús Gonzalez Ortega, sin embargo, Benito Juárez no le entregó el poder, arguyendo que la ley suprema estaba suspendida por el periodo de guerra. Terminada esta, Juárez obtuvo del Congreso de la Unión para obtener poderes extraordinarios, suspendiendo de este modo la aplicación de la Constitución de 1857. Uno de sus principales defensores estaba pisoteandola. Y solo dejo la presidencia cuando la muerte lo arrancó de ella, en 1872. Y durante ese tiempo, la división de poderes y el federalismo eran nuevamente pura simulación, dado que el presidente era el que nombraba a los gobernadores, el congreso no hacía nada más que obedecer sus órdenes y la Suprema Corte parecía de adorno, dado que Juárez siempre busco poderes extraordinarios para mantener la constitución suspendida, como si México siempre estuviera en estado de guerra.  

Pasó el tiempo, el Porfiriato, y llegamos a la Revolución. Después de varias luchas fratricidas, a finales de 1916, Venustiano Carranza, Primer Jefe de la Revolución, y apodado el Varón de Cuatrociénegas, hizo una convocatoria para redactar una nueva Constitución, promulgada el 5 de febrero de 1917, que es la que actualmente nos rige. Y vaya que ha sido violada casi desde el principio. Recordaran que en el primero post, hace casi un año conté lo ocurrido en el poblado de Huitzilac, en Morelos, es evidencia del poco respeto que tiene la clase política por las garantías individuales. La libertad de expresión es una parte fundamental de esta Carta Magna, sin embargo el regimen priista no se tentó el corazón para perseguir periodistas, algunos incluso hasta la muerte, solo porque se atrevían a decir la verdad. Eso sin contar con que se utilizó para control político, como fue el caso de la reforma agraria, que solo contribuyo a aumentar la pobreza en el campo mexicano. También es importante mencionar el hecho de que la división de poderes nuevamente quedó en pura simulación, al igual que el federalismo y las garantías individuales. 

Las causa de todo lo que comente previamente, es el caudillismo. Este ha estado presente prácticamente desde el inicio de la lucha por la independencia, representada un tiempo por el cura Hidalgo, después por Morelos y por último con Iturbide. Luego llegó Santa Anna, Juárez, Porfirio Díaz, Madero, Carranza, Obregón, Calles, etc. Ellos pensaron que ellos eran insustituibles, como mesías, que su presencia era necesaria en el país, y por ende consideraban que debían estar por encima del estado de derecho, fundamental para el funcionamiento de cualquier país. También cabe mencionar la división de la sociedad desde tiempos de la independencia, el renegar de nuestras raíces españolas, lo que nos ha llevado a matarnos los unos contra los otros por ideales de un grupo de personas que no tienen la más mínima intención de hacerle el bien a la nación, sino servirse de ella por poder o riqueza. 

En conclusión, no hay garantías de que si se escribiera una nueva constitución la clase política respetara la nueva ley, que me temo que no podrá ser a menos de que superemos lo que comente en el párrafo anterior. 


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