Tal y como lo veo, le doy
la razón al historiador mexicano José Manuel Villalpando que dice que no hay
nada nuevo bajo el sombrero de la política. Y a lo que se refiere es que muchas
veces nuestros problemas no son nuevos y lo que aparentemente es innovador no
lo es. En está ocasión me refiero por supuesto a las campañas políticas de este
año que se nota que será difícil el ascenso a la amada silla. Los candidatos
están recurriendo a las formas más bajas de descalificación al contrario y a la
demagogia para ganar nuestra atención y nuestro voto. Además, es evidente que
la mercadotecnia electoral es bastante abrumadora y en realidad es más probable
el que tenga las mejores estrategias de publicidad y demagogia que el que
presente un proyecto sensato, aunque esto último es lo menos presente en las
campañas de las últimas tres elecciones presidenciales. Y esto me temo que
tiene mucho que ver con el desconocimiento histórico, un mal que nos aqueja a
todos.
Y puedo decir sin temor a
equivocarme que el aspirante más demagogo y que más le apuesta al
desconocimiento histórico es Andrés Manuel López Obrador. Entre mis lectores es
bien sabido que la crítica que ejerzo en contra de López Obrador se basa en que
es la encarnación de los peores vicios del PRI. Basta con ver el manejo que le
da al partido y las propuestas de su posible gobierno para darnos cuenta de que
no estoy tan errado. Lo que vende López Obrador son las propuestas del PRI de
la “Docena Trágica” a pesar de que provocaron la crisis económica de 1982 cuyas
consecuencias aun padecemos. En segundo lugar, esta su propuesta para combatir
la inseguridad de dar amnistía a los delincuentes (algo que no se debe
considerar ni como último recurso) y ahora sale con que no entendió la opinión pública
que lo criticó desde el principio diciendo ahora que no va a perdonar asesinos,
violadores y secuestradores (aunque la mayor parte del crimen organizado ha
cometido esos delitos). El alega que los medios de comunicación la traen en su
contra y por es no dicen la verdad. ¿De qué verdad habla? ¿De que su partido
tiene los mismos vicios que el viejo tricolor? ¿Qué ha admitido a personas
impresentables dentro de las filas de MORENA? Que Peña Nieto no dio el ancho en
su administración es algo que todos sabemos.
El segundo más demagogo
en mi opinión es el aspirante de la coalición “Por México al frente” que
postulara a Ricardo Anaya. Anaya llegó a la candidatura traicionando a medio
mundo y se autoimpuso al estilo de López Obrador. Esto lo hizo haciendo a un
lado a Margarita Zavala, esposa del ex presidente Felipe Calderón, y al que lo puso en la presidencia nacional
del PAN, Gustavo Madero. Después de López Obrador, Anaya es el que tiene las
propuestas más demagógicas, destacando la Renga Básica Universal, que es
respaldada por varios premios Nobel y empresarios como Elon Musk. Sin embargo,
no he conocido hasta la fecha un solo país que haya sacado a la población de la
pobreza regalando dinero porque los que lo han intentado han fracasado
estrepitosamente. Me sorprende que esta propuesta venga de un militante de un
partido que defiende la libre empresa y estuvo décadas en contra del
corporativismo y las demagogias del PRI. Pero ahora, como el principal enemigo
a vencer es López Obrador que defiende las demagogias que el tricolor usó en el
pasado para mantenerse en el poder durante siete décadas y parece que a muchos
les seduce la idea de regresar a aquellos tiempos sin saber que al final
llegamos a esta realidad. Y es por eso Anaya pone sobre la mesa una de las
medidas más demagógicas de los últimos tiempos para tratar de restarle votos a
López Obrador.
Por último está el
aspirante del PRI, José Antonio Meade, que carga con los errores de la administración
de Peña Nieto. En primer lugar están las reformas estructurales cuyos
resultados se van a comenzar a ver en los años venideros, pero como el mexicano
no cree más que en pases mágicos quiere resultados a muy corto plazo. Es decir,
por no decir la verdad ahora se les está echando encima la gente por no ver los
resultados prometidos. En segundo lugar, Meade tendrá que lidiar con las
acusaciones de corrupción de los gobiernos priistas de los tres niveles. Ahora
acaba de salir a la luz que en 2016 algunos gobernadores desviaron recursos
públicos para las campañas políticas del tricolor. Esto salió a la luz luego de
que el tesorero de Chihuahua durante la administración de César Duarte declaró
que él y otros mandatarios estatales le entregaron el dinero al entonces
dirigente nacional del tricolor, Manlio Fabio Beltrones. El actual gobernador
de Chihuahua, Javier Corral, está haciendo todo lo posible para enviar a su
predecesor a la sombra por un largo tiempo y estoy convencido de que tienen un
caso sólido. Pero no es el único caso, pues también está la mentada “Estafa
Maestra” en la que desaparecieron 7 mil millones de pesos varios miembros del
gabinete de Peña Nieto en contubernio con algunos rectores de universidad
públicas y lo más probable es que ahora estén en un paraíso fiscal. En el caso
de Javier Duarte es muy complejo de explicar y además temo que no hay mucho que
decir de momento. Lo único que puedo decirles es que traicionó al partido que
lo llevó al poder y ahora quieren venganza, y en el camino se van a llevar
entre las patas a dos que tres personas que muchos ni se imaginan. Pero no es
prudente decirlo ahora.
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