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sábado, 20 de enero de 2018

Política en los tiempos de la corrupción

El proceso electoral del año que inicia es bastante complicado pues entre las acusaciones de corrupción y propuestas demagógicas temo decir que no tenemos los líderes que necesitamos. Uno de los temas pilares de las presentes campañas electorales es el combate a la corrupción que aqueja al país. Contrario a lo que la mayoría pudiera pensar, la corrupción es un problema que aqueja a cualquier político porque es algo que no diferencia de ideologías o partidos políticos, puede afectar a la izquierda o la derecha. Sin embargo, y dado que en la actualidad se está viviendo en una especie de dictadura de lo políticamente correcto, a la izquierda no se le acusa de actos de corrupción porque actúan (supuestamente) en beneficio de las “mayorías más necesitadas”. Entre gobernadores acusados de peculado y funcionarios federales que son exhibidos como parte de una estafa maestra queda claro que el panorama no es alentador en ningún sentido. Y sin embargo, es algo que no queda muy claro en las campañas por la amada silla presidencial.
De cuando el PRI era el amo y señor mantenemos todavía algunas estructuras corporativas que en cierto modo impiden el desarrollo nacional. Estas son sindicatos y organizaciones populares que están al servicio del tricolor y otros partidos para darles votos a cambio de privilegios en detrimento del bienestar de la mayoría. Esto es el corporativismo del que tanto he hablado. Con las prebendas dadas por los diferentes gobiernos hicieron que los líderes sindicales, de organizaciones campesinas y otras del sector popular se convirtieran en parte del saqueo del que han hecho al país su principal víctima. Lo peor del caso es que en los 12 años que el PAN detentó el poder no hizo nada por desmantelar dicho sistema a pesar de que los fundadores de dicho partido siempre fueron opositores a ese tipo de prácticas clientelares. Prueba de lo anterior fue el poder que ganó Elba Esther Gordillo durante los sexenios de Fox y Calderón. Sin embargo, López Obrador quiere hacer la insensatez de derogar la reforma educativa a cambio de unos cuantos votos y que le negará a las futuras generaciones el derecho a una educación de calidad y nos seguirá condenando al retraso que nos tiene contra las cuerdas. Si alguno de sus seguidores está leyendo esta entrada en serio debería tomar en cuenta esto pues la práctica fue inventada por el PRI con el objetivo de mantenerse en el poder durante mucho tiempo y a la postre tuvo consecuencias negativas en varios aspectos.
El segundo punto a tratar es el tema relacionado con los altos funcionarios públicos que cometen actos de corrupción. Del que más se habla últimamente es el peculado porque hay funcionarios de los tres órdenes de gobierno acusados de desviar recursos públicos a sus cuentas personales. Pero de los que se habla muy poco o prácticamente nada son del soborno y el tráfico de influencias. Ambos permiten la adjudicación de contratos públicos u obtener información privilegiada para hacer negocios. El soborno y el tráfico de influencias permiten la existencia de fortunas hechas al amparo del poder político al impedir la competencia económica y que distorsionan la economía. Y no solo beneficia a empresarios sino que también hay grupos clientelares que obtienen ganancias fabulosas de estas prácticas como son los sindicatos como el petrolero o el de electricistas que además en muchos casos son aviadores, no cumplen con los conocimientos o habilidades para realizar su trabajo y tienen inamovilidad y todo a cambio de unos cuantos votos para el partido en turno.

Y por último hay que tratar el tema de que se hace y que se puede hacer para combatir el problema y este es un tema ineludible en el presente proceso electoral. Como lo he dicho antes, la corrupción no es algo exclusivo de alguna ideología, es decir, puede ocurrir tanto en gobiernos de izquierda o de derecha. En la izquierda están Graco Ramírez y Arturo Núñez, en el centro están los Duarte, Roberto Borge y los Moreira, y en la derecha están Guillermo Padrés y Emilio González Márquez. Ahora bien, lo que querían hacer los legisladores del PRI al querer nombrar al fiscal anticorrupción a modo corresponde a un intento de cubrir las fechorías de sus militantes que no son pocas ni menores. En lo que más se necesita avanzar es en materia de transparencia y rendición de cuentas pero en las campañas no se han visto propuestas de ese tipo. No concuerdo con el señor Meade en que hay que aumentar las condenas si no hay modo de llevar a los políticos corruptos ante la justicia y en eso se ha trabajado poco. No estoy de acuerdo con Anaya porque la entrada de un partido opositor no significa limpieza automática del sistema. La propuesta más descabellada hasta el momento en la materia porque pretende hacer el combate de manera vertical es la de López Obrador. Y dados los escándalos de Rene Bejarano y Carlos Ponce uno puede darse cuenta lo inefectivos que son. La participación de la sociedad civil en la prevención y el combate a la corrupción es vital pero el dueño de MORENA quiere hacerle creer a la población que con su solo ejemplo basta aunque esto no impidió que Bajaran recibiera sobornos. López Obrador propone mayores controles presidenciales aunque esto puede resultar contraproducente. En realidad, ninguno de los tres candidatos tiene propuestas serias para combatir y prevenir la corrupción de manera efectiva.    

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