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viernes, 26 de enero de 2018

Más solos que nunca

En el marco de las próximas elecciones en los que se renovara al ocupante de Los Pinos tengo un profundo desasosiego. Considero que este sentimiento no es gratuito pues nuestra clase política como nunca está alejada de nuestros problemas del día a día aunque pretenden convencernos de lo contrario. En mis lecturas acerca de nuestro pasado y específicamente del siglo antepasado, cuando había un cuartelazo prácticamente todos los días estoy seguro de que los pocos mexicanos ilustrados se sentían igual que como yo me siento en este momento. Eso era porque tal vez cambiaba la cabeza del gobierno pero las prácticas eran exactamente las mismas que las de la administración anterior. Quizá (y estoy especulando) veían las personas que se habían dado cuenta de lo bribones que habían sido personajes como Juárez o Santa Anna y otros de aquel convulso siglo. En el caso de Santa Anna, por ejemplo, cuesta creer que hubiese gente que lo apoyara a pesar de que nunca había traído algo bueno al país.
Lo anterior lo traigo a colación porque los precandidatos a ocupar la presidencia no tienen propuestas congruentes para la precaria realidad nacional. La situación del México moderno es bastante delicada en muchos sentidos y el mexicano promedio lo sabe. Pero lo que mis connacionales ignoran es que no es la primera vez que existe desconfianza hacia las autoridades y es un ciclo que se repite una y otra vez. La prueba de ello son varias constituciones y otras leyes supremas que no funcionaron porque las autoridades no quisieron y no porque estuvieran mal escritas. En segundo lugar tiene que ver con el caudillismo, del que ya he hablado en entradas anteriores, porque muchas personas esperan al “salvador de la patria” que resolverá todos los problemas que nos aquejan con unos cuantos pases mágicos, aunque en el pasado este tipo de políticos han gobernado con resultados cuestionables. Este ideal persiste en todas las clases sociales y no importa el nivel educativo de las personas pues todas esperan algo del gobierno. Sin embargo, son pocos los que han aprendido que solo los gobiernos que ponen las condiciones para que la gente prospere son los que tienen éxito en todos sentidos. En América Latina son pocos los gobiernos que se han guiado por lo anterior y no dudo ni por un segundo que es esa la razón del subdesarrollo en esta región del continente.
El entorno nacional actual es complejo como siempre y las soluciones no son tan fáciles como la mayoría podría suponer. Tenemos un sistema educativo que apenas sí puede hacer pasar a la población del analfabetismo total al funcional, una fallida guerra contra el narcotráfico con las funestas consecuencias para toda la nación, corrupción gubernamental a niveles francamente alarmantes, multimillonarios que hacen sus fortunas al amparo del poder público y unas elites que no responden ante los desafíos. Con este diagnóstico y a sabiendas de que no es la primera vez que estamos ante una situación similar ya deberíamos haber sacado callo con respecto a las elites que no responden al interés nacional en especial las elites políticas. En el marco del actual proceso electoral deberíamos darnos cuenta de que nadie ha hecho propuestas congruentes con la complicada realidad nacional o lo que anteriormente detentaron cargos públicos no lo hicieron de manera decorosa. En la escuela se nos enseñó que a los antiguos mexicanos los españoles los estafaron al cambiarles objetos de oro por cuentas de vidrio y espejos, pues me temo que cinco siglos después no hemos avanzado gran cosa pues nos siguen estafando con humo y espejos, claro que no tengo prejuicios ni contra los españoles ni contra los indígenas.

En realidad, lo que nos hace falta como sociedad es ser más activos y dejar de esperar que todo nos caiga del cielo. No podemos desentendernos de nuestras responsabilidades y después pretender que todo es culpa de otros. En realidad es tarea de nosotros y no la clase política el tomar las riendas de nuestro país y de nuestros destinos ya que nadie va a solucionar nuestros problemas por arte de magia. Para poder avanzar como nación es necesario que sepamos decidir entre lo que es mejor y lo que es fácil. El problema es que la mayoría piensa que lo mejor es siempre lo que parece fácil y ahí radican las palabras del demagogo para encantar los oídos de los electores que caen en la desesperación. La desesperación es siempre uno de los peores consejeros para tomar decisiones pues usualmente tomamos lo que es mejor a corto plazo pero que a la larga puede resultar contraproducente. Para construir la nación de nuestros sueños se requiere más que nada paciencia, mucho trabajo y constancia que no hemos aprendido a tener porque siembre queremos tener todo rápido. Se necesitan muchos años de trabajo para hacer que el país de nuestros sueños sea realidad. Basta con ver la situación de otros países que tampoco tienen los líderes que serían los ideales pero aun así en dichas naciones todo funciona porque no están esperando a que les resuelvan todo o les den a manos llenas. El mexicano promedio piensa que los alemanes tienen el mejor país del mundo pero jamás se han preguntado porque es así o cómo son los ciudadanos de Alemania. En otras palabras, el mexicano quiere todo sin luchar ni prepararse.  

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