En el marco de las próximas
elecciones en los que se renovara al ocupante de Los Pinos tengo un profundo
desasosiego. Considero que este sentimiento no es gratuito pues nuestra clase política
como nunca está alejada de nuestros problemas del día a día aunque pretenden
convencernos de lo contrario. En mis lecturas acerca de nuestro pasado y específicamente
del siglo antepasado, cuando había un cuartelazo prácticamente todos los días
estoy seguro de que los pocos mexicanos ilustrados se sentían igual que como yo
me siento en este momento. Eso era porque tal vez cambiaba la cabeza del
gobierno pero las prácticas eran exactamente las mismas que las de la administración
anterior. Quizá (y estoy especulando) veían las personas que se habían dado
cuenta de lo bribones que habían sido personajes como Juárez o Santa Anna y
otros de aquel convulso siglo. En el caso de Santa Anna, por ejemplo, cuesta
creer que hubiese gente que lo apoyara a pesar de que nunca había traído algo
bueno al país.
Lo anterior lo traigo a colación
porque los precandidatos a ocupar la presidencia no tienen propuestas congruentes
para la precaria realidad nacional. La situación del México moderno es bastante
delicada en muchos sentidos y el mexicano promedio lo sabe. Pero lo que mis
connacionales ignoran es que no es la primera vez que existe desconfianza hacia
las autoridades y es un ciclo que se repite una y otra vez. La prueba de ello
son varias constituciones y otras leyes supremas que no funcionaron porque las
autoridades no quisieron y no porque estuvieran mal escritas. En segundo lugar
tiene que ver con el caudillismo, del que ya he hablado en entradas anteriores,
porque muchas personas esperan al “salvador de la patria” que resolverá todos
los problemas que nos aquejan con unos cuantos pases mágicos, aunque en el
pasado este tipo de políticos han gobernado con resultados cuestionables. Este ideal
persiste en todas las clases sociales y no importa el nivel educativo de las
personas pues todas esperan algo del gobierno. Sin embargo, son pocos los que
han aprendido que solo los gobiernos que ponen las condiciones para que la
gente prospere son los que tienen éxito en todos sentidos. En América Latina
son pocos los gobiernos que se han guiado por lo anterior y no dudo ni por un
segundo que es esa la razón del subdesarrollo en esta región del continente.
El entorno nacional actual
es complejo como siempre y las soluciones no son tan fáciles como la mayoría podría
suponer. Tenemos un sistema educativo que apenas sí puede hacer pasar a la población
del analfabetismo total al funcional, una fallida guerra contra el narcotráfico
con las funestas consecuencias para toda la nación, corrupción gubernamental a
niveles francamente alarmantes, multimillonarios que hacen sus fortunas al
amparo del poder público y unas elites que no responden ante los desafíos. Con este
diagnóstico y a sabiendas de que no es la primera vez que estamos ante una
situación similar ya deberíamos haber sacado callo con respecto a las elites
que no responden al interés nacional en especial las elites políticas. En el
marco del actual proceso electoral deberíamos darnos cuenta de que nadie ha
hecho propuestas congruentes con la complicada realidad nacional o lo que
anteriormente detentaron cargos públicos no lo hicieron de manera decorosa. En la
escuela se nos enseñó que a los antiguos mexicanos los españoles los estafaron
al cambiarles objetos de oro por cuentas de vidrio y espejos, pues me temo que
cinco siglos después no hemos avanzado gran cosa pues nos siguen estafando con
humo y espejos, claro que no tengo prejuicios ni contra los españoles ni contra
los indígenas.
En realidad, lo que nos
hace falta como sociedad es ser más activos y dejar de esperar que todo nos
caiga del cielo. No podemos desentendernos de nuestras responsabilidades y después
pretender que todo es culpa de otros. En realidad es tarea de nosotros y no la
clase política el tomar las riendas de nuestro país y de nuestros destinos ya
que nadie va a solucionar nuestros problemas por arte de magia. Para poder
avanzar como nación es necesario que sepamos decidir entre lo que es mejor y lo
que es fácil. El problema es que la mayoría piensa que lo mejor es siempre lo
que parece fácil y ahí radican las palabras del demagogo para encantar los oídos
de los electores que caen en la desesperación. La desesperación es siempre uno
de los peores consejeros para tomar decisiones pues usualmente tomamos lo que
es mejor a corto plazo pero que a la larga puede resultar contraproducente. Para
construir la nación de nuestros sueños se requiere más que nada paciencia,
mucho trabajo y constancia que no hemos aprendido a tener porque siembre
queremos tener todo rápido. Se necesitan muchos años de trabajo para hacer que
el país de nuestros sueños sea realidad. Basta con ver la situación de otros países
que tampoco tienen los líderes que serían los ideales pero aun así en dichas
naciones todo funciona porque no están esperando a que les resuelvan todo o les
den a manos llenas. El mexicano promedio piensa que los alemanes tienen el
mejor país del mundo pero jamás se han preguntado porque es así o cómo son los
ciudadanos de Alemania. En otras palabras, el mexicano quiere todo sin luchar
ni prepararse.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Se acepta todo tipo de comentarios, menos insultos hacia el público o al editor.