A cinco días del destape
de José Antonio Meade como precandidato a la presidencia se han generado muchas
reacciones a favor y en contra. Es evidente que la designación de Meade
corresponde a una decisión desde la presidencia, “dedazo”, al más puro estilo
del PRI en el siglo pasado. Esto es algo que sin duda genera desconfianza entre
el electorado pues pone en evidencia que el Revolucionario Institucional no ha
superado algunos de los vicios que le dieron tan mala fama desde su fundación en
1929. Además de todo, los mismos militantes del tricolor están bastante
inconformes con la decisión del presidente, pues Meade no milita en el PRI y es
muy posible que esto genere bastantes problemas en las filas del partido que
sean incontrolables. Basta con recordar la inconformidad que hubo en los
comicios de 1994 con la elección de Luis Donaldo Colosio por parte del
presidente Carlos Salinas de Gortari y que tuvo un trágico final. A pesar de
esto, no puedo dejar de destacar la preparación de Meade aunque también tengo
cierto recelo hacia el partido que lo postula y lo que ha representado en sus
nueve décadas de existencia.
La realidad del país actualmente
es demasiado compleja como para tomar a la ligera esta campaña presidencial ya que
el gobierno actual no cumplió con las expectativas. La inseguridad en el país ha
llegado a cotas no vistas en un siglo, la inflación pega bastante fuerte al
bolsillo de los ciudadanos y parece que ninguno de los dos problemas tiene solución
aparente. He de confesar que siempre he tenido bajas expectativas del mal
gobierno debido a los resultados de Peña Nieto como gobernador del Estado de
México que ahora no pasa por su mejor época. Todo esto es notado por la población
que quiere aspirar a un mejor nivel de vida (aunque muchas veces mucha gente no
hace algo para hacerlo) y no se tienen los medios. El crimen organizado campea
a sus anchas y se está convirtiendo en un problema que amenaza la existencia
del mismo Estado y como prueba de ello es el control absoluto que tienen en
amplias zonas del país. Pero sobre todo están los casos de peculado en los tres
niveles de gobierno además de otras formas de corrupción que al parecer van en
aumento. Aunque también tiene mucho que ver el hecho de que la población ha
echado leña al fuego en algunos problemas como es el caso de la inseguridad
alabando la cultura del narco y la corrupción que ya se trató en este espacio. El
siguiente presidente no la tiene fácil y si se duerme en sus laureles todo estará
perdido.
Meade, con lo anterior, debería
estar consciente de que el partido que lo postula no la tendrá fácil debido a
que su regreso a la presidencia fue decepcionante. La oposición se va a
aprovechar de esto para llevar agua a su molino, aunque el Frente Ciudadano
está bastante dividido. En cambio, López Obrador es el virtual candidato del
partido que creó y el que le podría dar más batalla al PRI y el apoyo que tiene
debido en parte al hartazgo de buena parte de la población y en parte proponer políticas
públicas que fueron aplicadas por gobiernos del PRI y que a la larga hundieron
al país en su peor crisis económica de la historia además de socavar el régimen
del tricolor. Estoy convencido de que el dueño de MORENA de que se aprovecha de
la falta de memoria histórica de la población. Sabe que Meade está mejor
preparado en el ámbito académico y personal y tal vez por eso esté convencido
de que será el que le dará más batalla. Ya la preocupación de López Obrador podría
estar justificada pues el Instituto Nacional Electoral planea cambiar el
formato de los debates por uno más abierto además de tomar medidas para las
descalificaciones entre candidatos. Es decir, ahora los candidatos deberán defender
su proyecto de gobierno con argumentos sólidos y el problema del plan de López
Obrador es que el diablo está en los detalles, ya que según él los recursos
para sus disparates saldrán del combate a la corrupción (su punto débil evidente
cuando gobernó el Distrito Federal) y reducir los salarios y prestaciones de
los altos funcionarios públicos (aunque su impacto sea mínimo). Él está en
contra de la transparencia y quiere hacerle creer al electorado que con solo
poner el ejemplo se puede reducir la corrupción aunque muchos de los militantes
de su partido han sido cuestionados por actos de corrupción.
Los puntos fuertes de
Meade contra López Obrador son su preparación académica y su experiencia en el
sector público. Meade puede hacer pedazos a AMLO en los debates con mucha
facilidad y de hecho no este no ha dejado de insultarlo y descalificarlo. Lo que
tiene en su contra, sin embargo, es que no ha militado en el partido que lo
postula a lo que se suma que ocupó el cargo de Secretario de Hacienda en el
sexenio panista de Felipe Calderón en la recta final del gobierno de este. Es por
este último detalle que los priistas miran con cierto recelo la candidatura de
Meade pues piensan que este cargo debería ser para un militante con muchos
años. También hay que volver a mencionar que Meade va a cargar en la campaña
hacia la amada silla con los errores de la administración de Peña Nieto que tal
vez sean pocos por no son menores y el electorado se lo va a restregar. Por lo
tanto, es evidente que una repetición del PRI en la presidencia luego de doce
años de ausencia se antoja bastante difícil sino es que imposible. Es cierto
que es una maniobra ingeniosa el postular a una persona que no ha militado en
el tricolor con anterioridad para tratar de que el electorado piense que no
tiene los vicios de dicho instituto político. Sin embargo, no puedo dejar de
mirar con recelo el hecho de que los sectores más rancios apoyan a Meade y me
produce escalofríos lo que puede pasar en caso de salir victorioso en la
contienda porque la situación nacional ya es bastante complicada. Además de
todo, también temo que algunos de los personajes inútiles de la actual administración
ocupen cargos en el futuro así que mis reservas hacia Meade creo que están bien
fundadas.
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