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viernes, 1 de diciembre de 2017

AMLO vs Meade

A cinco días del destape de José Antonio Meade como precandidato a la presidencia se han generado muchas reacciones a favor y en contra. Es evidente que la designación de Meade corresponde a una decisión desde la presidencia, “dedazo”, al más puro estilo del PRI en el siglo pasado. Esto es algo que sin duda genera desconfianza entre el electorado pues pone en evidencia que el Revolucionario Institucional no ha superado algunos de los vicios que le dieron tan mala fama desde su fundación en 1929. Además de todo, los mismos militantes del tricolor están bastante inconformes con la decisión del presidente, pues Meade no milita en el PRI y es muy posible que esto genere bastantes problemas en las filas del partido que sean incontrolables. Basta con recordar la inconformidad que hubo en los comicios de 1994 con la elección de Luis Donaldo Colosio por parte del presidente Carlos Salinas de Gortari y que tuvo un trágico final. A pesar de esto, no puedo dejar de destacar la preparación de Meade aunque también tengo cierto recelo hacia el partido que lo postula y lo que ha representado en sus nueve décadas de existencia.
La realidad del país actualmente es demasiado compleja como para tomar a la ligera esta campaña presidencial ya que el gobierno actual no cumplió con las expectativas. La inseguridad en el país ha llegado a cotas no vistas en un siglo, la inflación pega bastante fuerte al bolsillo de los ciudadanos y parece que ninguno de los dos problemas tiene solución aparente. He de confesar que siempre he tenido bajas expectativas del mal gobierno debido a los resultados de Peña Nieto como gobernador del Estado de México que ahora no pasa por su mejor época. Todo esto es notado por la población que quiere aspirar a un mejor nivel de vida (aunque muchas veces mucha gente no hace algo para hacerlo) y no se tienen los medios. El crimen organizado campea a sus anchas y se está convirtiendo en un problema que amenaza la existencia del mismo Estado y como prueba de ello es el control absoluto que tienen en amplias zonas del país. Pero sobre todo están los casos de peculado en los tres niveles de gobierno además de otras formas de corrupción que al parecer van en aumento. Aunque también tiene mucho que ver el hecho de que la población ha echado leña al fuego en algunos problemas como es el caso de la inseguridad alabando la cultura del narco y la corrupción que ya se trató en este espacio. El siguiente presidente no la tiene fácil y si se duerme en sus laureles todo estará perdido.
Meade, con lo anterior, debería estar consciente de que el partido que lo postula no la tendrá fácil debido a que su regreso a la presidencia fue decepcionante. La oposición se va a aprovechar de esto para llevar agua a su molino, aunque el Frente Ciudadano está bastante dividido. En cambio, López Obrador es el virtual candidato del partido que creó y el que le podría dar más batalla al PRI y el apoyo que tiene debido en parte al hartazgo de buena parte de la población y en parte proponer políticas públicas que fueron aplicadas por gobiernos del PRI y que a la larga hundieron al país en su peor crisis económica de la historia además de socavar el régimen del tricolor. Estoy convencido de que el dueño de MORENA de que se aprovecha de la falta de memoria histórica de la población. Sabe que Meade está mejor preparado en el ámbito académico y personal y tal vez por eso esté convencido de que será el que le dará más batalla. Ya la preocupación de López Obrador podría estar justificada pues el Instituto Nacional Electoral planea cambiar el formato de los debates por uno más abierto además de tomar medidas para las descalificaciones entre candidatos. Es decir, ahora los candidatos deberán defender su proyecto de gobierno con argumentos sólidos y el problema del plan de López Obrador es que el diablo está en los detalles, ya que según él los recursos para sus disparates saldrán del combate a la corrupción (su punto débil evidente cuando gobernó el Distrito Federal) y reducir los salarios y prestaciones de los altos funcionarios públicos (aunque su impacto sea mínimo). Él está en contra de la transparencia y quiere hacerle creer al electorado que con solo poner el ejemplo se puede reducir la corrupción aunque muchos de los militantes de su partido han sido cuestionados por actos de corrupción.
Los puntos fuertes de Meade contra López Obrador son su preparación académica y su experiencia en el sector público. Meade puede hacer pedazos a AMLO en los debates con mucha facilidad y de hecho no este no ha dejado de insultarlo y descalificarlo. Lo que tiene en su contra, sin embargo, es que no ha militado en el partido que lo postula a lo que se suma que ocupó el cargo de Secretario de Hacienda en el sexenio panista de Felipe Calderón en la recta final del gobierno de este. Es por este último detalle que los priistas miran con cierto recelo la candidatura de Meade pues piensan que este cargo debería ser para un militante con muchos años. También hay que volver a mencionar que Meade va a cargar en la campaña hacia la amada silla con los errores de la administración de Peña Nieto que tal vez sean pocos por no son menores y el electorado se lo va a restregar. Por lo tanto, es evidente que una repetición del PRI en la presidencia luego de doce años de ausencia se antoja bastante difícil sino es que imposible. Es cierto que es una maniobra ingeniosa el postular a una persona que no ha militado en el tricolor con anterioridad para tratar de que el electorado piense que no tiene los vicios de dicho instituto político. Sin embargo, no puedo dejar de mirar con recelo el hecho de que los sectores más rancios apoyan a Meade y me produce escalofríos lo que puede pasar en caso de salir victorioso en la contienda porque la situación nacional ya es bastante complicada. Además de todo, también temo que algunos de los personajes inútiles de la actual administración ocupen cargos en el futuro así que mis reservas hacia Meade creo que están bien fundadas.    


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