Dicen que durante las
crisis puede aflorar lo mejor o lo peor de nosotros y es un argumento bastante
razonado si se piensa bien. Mientras ciertos grupos de personas intentan ayudar
los más que pueden al personal médico y de cuidado de los hospitales mexicanos
ante la indolencia de un gobierno que les niega los insumos necesarios para
enfrentar la pandemia, otros agreden a ese mismo personal pensando que pueden contagiarlos
de coronavirus. Mientras algunos empresarios intentan ayudar a otros para
evitar la quiebra de empresas y por consiguiente un desempleo masivo, otros
(como Ricardo Salinas Pliego) buscan la manera de sacar provecho económico de
la situación. Y esto es natural, sucede en otras partes del mundo sin que se
pueda evitar.
Pero centrándome en lo
peor de cada uno de nosotros, la clase política mexicana tiene una experiencia
lamentablemente larga en sacar provecho de situaciones de emergencia. En el
caso de los partidos en el gobierno, intentan sacar raja política pretendiendo
ayudar a la población que ha caído en desgracia, mientras que los que están en
la oposición buscan la manera de descalificar las acciones del gobierno de la
manera que sea. En este momento, como la oposición en nuestro país está
reducida prácticamente a nada, pues solo que da hablar de lo mezquino que puede
llegar a ser el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Y vaya que está sacando
el tirano que lleva dentro (y que todos siempre supimos que llevaba, pero
algunos no querían verlo). Su negativa a retrasar la entrega de las
declaraciones fiscales de muchas empresas independientemente de su tamaño puede
tener efectos bastante severos en la tasa de desempleo, como ya se ve en
Estados Unidos que en unas pocas semanas ha perdido 20 millones de puestos de
trabajo sin que se pueda evitar. Es evidente que esto iba a pasar, sin embargo,
tal parece que al gobierno solo le interesa tener una masa de personas que le
pidan ayudas gubernamentales, aunque con la depresión de la actividad económica
venidera, la fuga de capitales producto de las malas decisiones de este
gobierno llevara a la caída de la recaudación fiscal y llega una pregunta
obligada, ¿con qué recursos piensa repartir apoyos el gobierno? Además, tenemos
un círculo vicioso puesto que por un lado se va a incrementar el número de
personas que requieren apoyo mientras los recursos disponibles disminuyen
debido a la caída en la recaudación, por lo que el escenario futuro no es
promisorio.
También dentro de los
gobiernos locales ciertamente ha salido el tirano que llevan dentro los
gobernadores, sobre todo los de MORENA. En primer lugar, tenemos a Jaime
Bonilla, que tuvo la brillante idea de imponer impuestos a las aplicaciones de
transporte y reparto de comida y a la nómina, por lo que los aumentos de los
costos de operación de las empresas en su estado, Baja California, está a la
orden del día. Mientras tanto, en la Ciudad de México, la jefa de gobierno
Claudia Sheinbaum tuvo la esclarecedora idea de que poner Hoy no Circula
(programa que ha demostrado hasta el cansancio ser ineficiente, pero que deja
mucho dinero a las arcas capitalinas, además de que la jefa de gobierno es una “ecologista”
de avanzada) generalizado mientras cierra algunas estaciones del sistema de
transporte colectivo como el metro y el metrobus es buena estrategia para
prevenir los contagios. Con el transporte público tuvo la misma idea el
gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, pero, a diferencia de
Claudia Sheinbaum, al ver que la idea era contraproducente, pues ya está
pensando en echarla para atrás. Tiene razón el gobernador de Michoacán, Silvano
Aureles, que antes de probar una idea hay que pensar si tendrá los resultados
que se esperan.
Sin embargo, lo peor del
caso, es que el presidente, siguió sacando a relucir lo tirano que es al irse
contra el Consejo Mexicano de Negocios por hacer un trato con el Banco
Interamericano de Desarrollo que tiene el fin de ayudar a las pequeñas y
medianas empresas, que son las que más han sufrido el cierre. Ante la
indolencia de un gobierno que detesta a la empresa privada, los grandes
empresarios fueron con el BID y solicitaron un apoyo para sus proveedores
pequeños y medianos para darles un crédito que las empresas grandes van a
liquidar en unos tres meses. El mecanismo se conoce como intercambio de
facturas y es un procedimiento común en el mundo financiero. Al presidente
López Obrador, por supuesto, no le cayó en gracia, pues él tenía un plan de
crédito con el IMSS que habría hecho sonrojar al más usurero de los banqueros
de Londres o Nueva York. El problema radica en que el presidente quiere enviar
apoyos con una carta para los pequeños y medianos empresarios con el fin de
promocionar los logros ficticios de su nefasto gobierno y ha llenado a los
empresarios de los adjetivos de siempre: corruptos, ladrones y toda las
palabras que usa en contra de lo que huela a apoyo sin que él pueda sacar raja política.
De verdad, esto ha dejado
que muchos saquen el cobre. Mal, mal, muy mal.
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