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domingo, 26 de abril de 2020

El emperador va desnudo


Mientras todos estamos encerrados en nuestras casitas esperando que pase la emergencia sanitaria producto de la pandemia de Covid-19, la clase política mexicana sigue haciendo sus desatinos. En realidad, esto no me sorprende en lo absoluto porque el gobierno actual está conformado por personas ignorantes y miopes que no pueden ver más allá de la próxima elección, aunque también es un problema que se extiende a la oposición, que no ata ni desata ante una administración que no atina una sola. Con estos ingredientes, la mesa está servida para el desastre en México y no tanto por la pandemia, sino por los efectos que traerá a consecuencia de este encierro forzoso ordenado por nuestras autoridades y que está sacando a relucir el dictador interno que llevan uno que otro de los gobernadores y el presidente.
Como antecedentes tenemos los malos resultados económicos durante el año pasado, en el que la economía creció alrededor de -0.1% y se crearon 342 mil empleos, la mitad de los creados en 2018. En esta materia, el gobierno está tratando de rescatar infructuosamente a PEMEX inyectándole dinero que arrojó como resultado que la empresa tuvo pérdidas del 92% con respecto a 2018 mientras las calificadoras reducen a basura los bonos de deuda emitidos por la empresa. Además de todo, el cambio del Seguro Popular al INSABI tiene de cabeza al sector salud, pero no solo eso, sino que el nuevo mecanismo de compras del gobierno (hecho de manera improvisada, el sello de esta administración) junto con los subejercicios de presupuesto en dicho rubro provocaron una persistente escasez de medicinas y material de curación sin que el gobierno tenga intenciones de resolverlo. La inseguridad, un problema que tiene al país de cabeza desde hace trece años parece no ceder, al contrario, tal parece que la estrategia de “abrazos, no balazos” del presidente está teniendo efectos contraproducentes en el número de asesinatos del país. Y peor aún: el presidente saluda a la madre de Joaquín “El Chapo” Guzmán, en una evidente falta de respeto hacia los familiares de desaparecidos y a las fuerzas castrenses que arriesgan sus vidas todos los días para mitigar el problema que ha convertido a este país en un cementerio enorme.
Concentrándonos en la debacle económica que se viene luego de terminar con el confinamiento obligatorio, la desnortada administración de Andrés Manuel López Obrador en lugar de ayudarnos a salir del agujero, tal parece que pretende hundirnos más en él. Con el parón de la economía, se teme por la pérdida de puestos de trabajo y aun así el presidente se ha negado a tomar medidas para salvar empleos y por consiguiente el ingreso de millones de mexicanos. Si con las medidas que están tomando en otros países la caída va a ser brutal, ¿se imaginan que pasaría en nuestro país, en donde el presidente le tiene animadversión a la iniciativa privada? Así, mientras en Estados Unidos, la Unión Europea y varios países asiáticos están impulsando programas para mantener la planta productiva nacional, tal parece que en México el gobierno piensa que con sus programas sociales electoreros va a asegurarle el ingreso para las familias. De ahí que durante mucho tiempo no quiso retrasar las declaraciones fiscales “porque el gobierno necesita recursos para hacerle frente a la pandemia”. Sin embargo, hay indicios muy fuertes de que el gobierno no tiene los recursos que necesita. Basta con ver algunas de sus acciones como el querer (violando la ley, faltaba más) que los funcionarios públicos que ganen más de 25 mil pesos (1250 USD) donen el 25% de sus salarios y que no cobren aguinaldo (un bono otorgado a los trabajadores durante el fin de año) con el fin de hacerse con recursos aunado a la negativa de gastar el 75% de los gastos operativos del gobierno (que incluye los recursos para comprar medicinas y material de curación en los hospitales del país y que desde el año pasado sufren una persistente carencia de dichos materiales). Y para terminar de rematarla, el presidente se ha negado rotundamente a cancelar sus proyectos de infraestructura que en lugar de dejar ganancias, las pérdidas las pagaremos todos y cada uno de nosotros: el Tren Maya, el Aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas, aun cuando la oposición (y con toda razón) pide que se cancelen y que esos recursos sean empleados en financiar al sector salud.
Pero el ridículo mayor lo hizo la Secretaria de Energía, Rocío Nahle. Esta señora es Ingeniera Química de profesión y tiene maestrías relacionadas con petróleo, pero yo tengo mis dudas que tenga todas esas credenciales viendo el espectáculo cómico que hizo a nivel mundial ante la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Para que me entiendan, la OPEP es una organización bastante mafiosa (no por nada muchos economistas y especialistas en energía han denominado a la OPEP como “el cártel del petróleo”), dirigida prácticamente por la familia real de Arabia Saudita, cuyo monarca es cómo el Vito Corleone de la industria petrolera mundial. Y debido a la caída en la demanda de petróleo derivado de la pandemia, pues los precios han caído de manera espectacular en todo el mundo (el reflejo lo podemos ver en el abaratamiento de la gasolina en México). La OPEP citó a una reunión a los países productores del oro negro, sean miembros o no, para reducir los volúmenes de extracción y poder aumentar el precio con el objetivo de paliar un poco la crisis de los precios. Como el gobierno mexicano tiene unos planes irreales con la industria petrolera, como construir una refinería en un mundo donde hay un excedente de refinación y en el que el petróleo ya está siendo desplazado por otras formas de energía además de pensar de manera ilusa que aumentar la producción del aceite de roca va a rescatar a PEMEX, al escuchar la petición de la OPEP de recortar la producción mexicana en 400 mil barriles diarios, Nahle dejo la reunión y eso fue tomado como una afrenta por los árabes, que en represalia le han quitado sus clientes a México, especialmente en Asia y Norteamérica. Y para rematar, el martes 21 hubo una caída espectacular en el precio de la mezcla de referencia West Texas, que se llevó consigo el precio de la mezcla mexicana a una cotización negativa, es decir, en lugar de cobrar por el petróleo, el productor paga porque se lo lleven y todavía celebrando Rocío Nahle por sus desatinos.
Y ya en serio, estoy harto, cansado de ver a un gobierno que no da una, que improvisa y que culpa a otros por los errores que han cometido. Es evidente que a Andrés Manuel López Obrador le quedó muy grande el puesto de presidente. El piensa que con sus geniales programas sociales va darle prosperidad a la población, pero con la economía quebrada no habrá manera de financiarlos. Muchos dicen que la causa de la crisis que está viviendo México actualmente es a causa de la pandemia, sin embargo, la verdad es que solo ha desnudado al gobierno de la transformación nacional de cuarta (ahora mejor de quinta) y mostrándolo como es: un gobierno ignorante y miope que no ve que nos aproximamos al despeñadero y por eso no corrige el rumbo. En mi opinión, la pandemia lo único que hizo fue acelerar la debacle de un gobierno totalmente ajeno a la realidad.

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