Ten cuidado con lo que
prometes, reza un dicho popular que se aplica cuando haces promesas que no
puedes cumplir. Y vaya que el gobierno de López Obrador ha hecho algunas que
son difíciles de cumplir y otras de plano imposibles. Así, con esto en el plano
político en el que el presidente mantiene su popularidad, se enfrente con el
presidente norteamericano Donald Trump, que desde su campaña nos ha usado como
una piñata que puede golpear, que ahora que vienen las elecciones en nuestro
vecino del norte y Trump quiere garantizar con esto su permanencia en la Casa
Blanca. El presidente de Estados Unidos es especialista en decir lo que piensa
de maneras estrambóticas, y con la debilidad que arrastra el Estado Mexicano
francamente está haciendo el ridículo ante todo el mundo porque el presidente
está demostrando no ser otra cosa más que un político de pueblo y no el
mandatario de un país. El cómo llegamos a esto es muy interesante.
Tratando de ser objetivo,
en el discurso de Trump hay una verdad dolorosa que nadie quiere ver: los
norteamericanos no tienen por qué dar las oportunidades que no se dan en el
resto de países. Es cierto que nuestra relación con ese país ha sido históricamente
complicada, pero en este punto realmente aquí también tenemos mucha
responsabilidad. Recordando que la mitad de nuestro territorio se perdió porque
en aquella época la clase política estaba enfrascada en sus conflictos internos
cuando los norteamericanos ya estaban en la capital me doy cuenta de que nos
hace falta una buena autocrítica como nación. México desde la independencia es
un desastre como nación más que nada porque la clase política se la ha pasado
peleando por el poder hasta nuestros días y nosotros como pueblo lo hacemos más
grande debido a que nos peleando apoyando a los diferentes bandos que han existido
desde entonces. Bajo esas condiciones, no es muy difícil entender el porqué de
la situación del país y que sirvamos como carne de cañón de otras naciones, no
solo de Estados Unidos (lean “La guerra secreta en México”, del historiador
alemán Friedrich Katz). No nos hagamos tontos, esto es porque siempre se ha
sabido allá afuera la razón de nuestra debilidad.
Con lo anterior en mente,
entiendo que López Obrador heredó un país convulso por los errores de las
pasadas administraciones. Pero algo que sí es cierto es que buscando culpables
no vamos a remediar la situación. Sin embargo, en lo que va del actual
gobierno, uno se puede dar cuenta de que esto no ha sido así. López Obrador no
ha hecho otra cosa más que agravar la ya de por sí delicada situación nacional
haciendo más grandes problemas que ya se venían arrastrando o creando otros que
no existían. México está terminando de caer en un estancamiento por las malas
decisiones del presidente y con la amenaza de nuestro principal socio comercial
de imponer aranceles si no se frena la migración desde América Central es la demostración
de lo que estoy diciendo. Además, no estoy de acuerdo con que se usen nuestros
impuestos en un plan de desarrollo para esos países, nunca han resultado y solo
se enriquece la clase política de aquellas naciones. Ellos se tienen que ayudar
a sí mismos a salir de ese agujero, de lo contrario, por más ayuda que les
proporcionen, simple y sencillamente no la van a aprovechar. Y algo más: el
gobierno mexicano tampoco tiene la obligación de ayudar a los centroamericanos,
sino los gobiernos de cada país, eso hay que entenderlo.
También estoy notando que
a Marcelo Ebrard le queda grande el puesto de secretario de Relaciones
Exteriores. Ese puesto debería servir para aconsejar al presidente sobre política
exterior y en base a esa información tomar la mejor decisión en este tipo de
casos. Pero repito, López Obrador es un político que apenas entiende de la política
de su pueblito allá en Tabasco, menos va a entender lo que se cuece en el
ámbito internacional. Para mí es más que evidente que el presidente también desprecia
todo lo que sucede fuera de México, de ahí su negativa a ir a la cumbre del G20
que se celebrará en Osaka, Japón y que sería la perfecta oportunidad para obtener
apoyo internacional. También es necesario entender que aislarnos de esa manera
no nos ayuda, lo queramos ver o no lo que ocurre afuera de nuestras fronteras
repercute en el país aunque hagamos oídos sordos que no nos afecta. Aislarnos tampoco
ayudara a que el país se desarrolle, antes al contrario: Corea, Finlandia o
Singapur se desarrollaron porque se abrieron al mundo, en cambio aquellos países
aislados como Cuba o Corea del Norte tienen a la población viviendo en la
miseria. Es más, la crisis económica de 1982 ocurrió también por querer
aislarnos de lo que ocurría en el exterior. Sin embargo, sigan yendo a los mítines
del presidente en las ciudades fronterizas, porque se ven muy bonitos, pero él
no comprender el contexto internacional nos va a condenar como nación.
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