Apenas van seis meses
desde el inicio del sexenio de la administración de Andrés Manuel López Obrador
y ya quiero que se termine. Después de ver lo sucedido en todo este tiempo me
doy cuenta que estamos llegando a una coyuntura muy delicada y de la que será difícil
salir si no se toman decisiones firmes. La inseguridad, la crisis de salud y
los recortes presupuestales en áreas clave están causando estragos muy serios
entre la población. Además de todo, la improvisación de las autoridades en
todos los temas se nota pues en lugar de resolver problemas se agravan y se
generan otros. El presidente se la vive de gira en avión comercial mientras se
toma selfies con sus seguidores, reparte apoyos y lanza discursos contra sus
adversarios como si estuviera en campaña todavía. Pero fajarse los pantalones y
demostrar que ya es el Jefe de Estado es algo que se sigue esperando.
En primer lugar estoy
viendo como la situación de la inseguridad crece en todo el país mientras el
presidente está de gira. Pero dejemos un momento en ámbito nacional y veamos lo
que está ocurriendo en la Ciudad de México. Mientras la Jefa de Gobierno,
Claudia Sheinbaum, anunciaba la discusión bizantina del uniforme neutro, no nos
dimos cuenta de otro problema que sí es importante: nuestra seguridad. Pocas semanas
después nos enteramos que hubo un aumento del 550% en el número de secuestros
en la capital. Pero el colmo fue el secuestro del estudiante joven Norberto
Ronquillo, estudiante universitario originario de Chihuahua, saliendo de la
escuela y a pocos días de graduarse. La incompetencia mayúscula de las
autoridades para reaccionar ante el caso se hizo patente, y terminó con la vida
del joven. Y es cuando todo el mundo se dio cuenta de que hubo recortes en las dependencias
de seguridad en la Ciudad de México a tal grado que tienen que limitar la
cantidad de combustible para los vehículos de emergencia. Pero eso sí, en la
capital ahora los niños pueden ir a la escuela con falda y las niñas con pantalón,
el presidente levanta la mano a Sheinbaum y le dice que no está sola mientras
que la ciudadanía paga por su ineptitud.
Volviendo al ámbito nacional,
el tema del aeropuerto parecía que algo que ya estaba zanjado, pero parece ser
que esto no va a ser así. Un colectivo denominado NoMásDerroches ha metido unos
147 amparos para frenar el aeropuerto de Santa Lucía hasta que se presenten los
estudios de seguridad aérea, ambientales y arqueológicos requeridos para
continuar con la obra. Y consiguieron cuatro suspensiones hasta la semana
pasada. Incluso lograron parar la destrucción de la obra en el aeropuerto que
se construía en Texcoco, pues ya se tiene planes de construir un parque ecológico
en esos terrenos inundando lo que ya se había construido. A sabiendas de que la
consulta con la que se canceló la obra en Texcoco carece de sustento legal,
López Obrador amagó con revelar los nombres de quienes promueven los amparos
para lanzarlos a las hordas de seguidores que tiene. No soy tonto, puede haber
intereses empresariales, de hecho, la Confederación Patronal de México
(COPARMEX) manifestó en algún momento inconformidad por la decisión del
ejecutivo que todavía no entraba en funciones. Por cierto, los invito a leer el
artículo 35 de la constitución para que vean de lo que hablo. Y ya es tiempo de
que el presidente se dé por enterado que no puede hacer lo que quiera.
Pero no es todo lo que ha
venido pasando, pues mientras los recortes continúan en áreas clave hay
derroches en otras, la verdad es que debajo del tapete pasan cosas de las que
ya nos dimos cuenta. Este escándalo comenzó en el Consejo Nacional de Ciencia y
Tecnología (CONACyT), cuando nos dimos por enterados que los académicos tienen
que pedir permiso al presidente de la república para salir del país a congresos
o estancias en otros países, la directora del organismo compraba con cargo al
erario comida gourmet para el comedor de dicha institución. Pero no fueron los únicos,
pues una semana después nos dimos cuenta que en otras dependencias como la
Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Nacional Financiera (NAFINSA) y el
Hospital General de la Ciudad de México contrataron a la misma empresa que el
CONACyT para surtir sus respectivos comedores. Y lo más irónico es que mientras
el discurso dice “austeridad” en las citadas dependencias comen salmón ahumado,
rabioles, jamón serrano, setas españolas, queso roquefort, cuscús africano, quínoa
de alta calidad, cerveza de muchos tipos e incluso compraron agua mineral Perrier®
para revolver tragos de whiskey. El presiente se la pasó despotricando contra
los lujos que se daban los funcionarios de alto rango y ahora miembros de su
gabinete comen y beben a todo lujo y confieso que algunos de los alimentos ni
siquiera los he visto en mi vida. Esto es para indignarse pues mientras en el
discurso dicen una cosa hacen lo contrario. Insisto, este sexenio va a ser muy
largo, y apenas van seis meses, imaginen lo que vendrá después.
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