Un opositor es un
personaje que además de tener ideas contrarias al gobierno en turno, hace una
crítica concienzuda de este, con argumentos sólidos. En nuestro país dominado
por políticos chafas y más mentirosos que nunca hay toda clase de opositores,
como aquellos que critican al gobierno con argumentos bien fundamentados y los
que critican solo por criticar. Y de críticas a críticas, pues el debate es algo
sano en una sociedad democrática, pero el problema viene cuando la sociedad de
hiperpolitiza tal y como sucede en tiempos modernos y en lugar de una discusión
se convierte en una arena de imposición de ideas y se insulta al que piensa
distinto. Sin embargo, hay personas que son lobos disfrazados de borregos que
fingen ser opositores al régimen actual.
Mario Vargas Llosa,
escritor peruano y uno de los intelectuales más sensatos del continente
calificó a los gobiernos emanados del Partido Revolucionario Institucional como
“la Dictadura Perfecta”, pues dicho instituto político se negó a soltar el
poder por un periodo de tiempo comprendido entre 1929 y 2000 y en el mismo se
coartó la libertad de expresión que es la base de cualquier democracia. En serio
que estos tiempos son gloriosos, puesto que en otra época ya me habrían obligado
a cerrar el blog. Para las personas que han leído la historia de nuestro país durante
el siglo XX saben que el Revolucionario Institucional hizo alianzas con
obreros, campesinos y otros grupos sociales para ascender en las altas esferas
del poder a cambio de darles a los mencionados grupos prebendas y concesiones
que contribuyeron enormemente a generar saqueos, nepotismo y otras formas de corrupción
que han sido las causas de nuestro fracaso como nación en todo sentido. Todo lo
anterior ayudó al tricolor a hacer fraudes electorales y de este modo el país vivió
la única dictadura partidista del continente Americano.
Como principio yo pondría
que la primera desbandada fue la ocasionada por la salida de Cuauhtémoc
Cárdenas en 1987 debido a que el dedazo de Miguel de la Madrid no lo favoreció.
En este momento no está a discusión el fraude de 1988 porque queda claro que
fue eso mismo, un vergonzoso fraude. Lo que sí voy a precisar es que en ese año
también se salieron del tricolor Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López
Obrador por el mismo motivo. En el terreno de la especulación creo que con la
victoria de Cárdenas las cosas en el país no hubiesen cambiado por la alianza
con el corrupto líder petrolero Joaquín Hernández Galicia “La Quina”,
encarcelado por salinas sin duda por traicionar a la familia revolucionaria. Al
año siguiente se funda el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en cuyas
siglas la D sale sobrando pues en un partido que solo ha postulado en las
últimas cuatro elecciones presidenciales dos candidatos sin que hayan sido
electos por los miembros del instituto político. El hecho de que Cárdenas haya cedido
su lugar a López Obrador fue porque el segundo cometió parricidio político contra
el primero al exhibir las corruptelas de Rosario Robles al frente del Distrito
Federal.
Andrés Manuel López
Obrador dejó el PRD para fundar MORENA cuando la dirigencia del Sol Azteca (los
Chuchos) ya no quiso seguir siendo mangoneados por el tabasqueño cuando
firmaron el Pacto por México en 2013. López Obrador empezó a aglutinar el
descontento de algunos sindicatos como el SME y la Ruta 100 desde hace varios
años por los “agravios” a los trabajadores (aunque nadie mencione los agravios
a la población por parte de ambos sindicatos) al que recientemente se sumó la
Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación que se opone a la Reforma
Educativa porque sabe que quedaran al descubierto la incapacidad de sus
agremiados de otorgar educación. Tal parece que la historia de repite y López
Obrador se aprovecha de la falta de memoria histórica de los mexicanos para
imponer la rancia agenda de la Revolución que se encargó de destruir los logros
de Porfirio Díaz y los resultados están a la vista. Además no puedo olvidar que
las alianzas como las que López Obrador hizo fueron idénticas a las usadas por
el PRI para imponer una dictadura partidista idéntica a ala soviética que duro
70 años en los que hubo simulación democrática, persecución de los opositores, fraudes
electorales, destrucción del campo, industria y transportes y demás agravios de
la “Dictadura Perfecta”. Sin duda Peña Nieto tiene razón al decir que un
triunfo de MORENA es un regreso al pasado, ese pasado donde su partido era el
amo y señor y nosotros los súbditos de una presidencia imperial descrita por
Enrique Krauze.
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