Estamos en los inicios de
la efervescencia electoral y parece que el panorama pinta para bastante lodo. La
ambición por la amada silla está llegando a cotos inimaginables y tal parece
que la clase política está dispuesta a hacer lo indecible para ganarla. Los principales
problemas de nuestro país en la actualidad son la corrupción y la inseguridad
que además de todo están ligados y para resolver uno de ellos se debe trabajar
en el otro. Esto sin duda es notado por el electorado que en buena medida está
harto de la clase política y sus acciones en favor de sus intereses
particulares. La decepción con la democracia tal parece es generalizada en todo
el mundo, no solo en nuestro país, y se nota en que cada vez más jóvenes piensa
que los regímenes totalitarios son los mejores. De esto tienen la culpa los políticos
demagógicos que prometen bajar el sol, la luna y las estrellas y resolver los
problemas con una serie de pases de varita mágica.
La incipiente democracia
en nuestro país, hay que decirlo, ha traído más problemas que beneficios y no
tanto porque sea mala en sí misma sino porque la gente no sabe cómo utilizar
sus libertades y porque en México siempre ha existido una clase política corrupta
y abusiva. No podremos avanzar mientras esa frase tan funesta de “vivir fuera
del presupuesto es vivir en el error” siga dominando la política mexicana. Esta
frase fue dicha por un político mexicano hace medio siglo y es practicada por
empresarios y ciudadanos en general sin saber que esto ha sido la fuente de corrupción
más grande y por lo tanto el mayor lastre. Esto es porque desincentiva la inversión
productiva lo que a la larga produce estancamiento económico y crisis debido al
alto costo de este tipo de políticas que conllevan aumentos exagerados de
impuestos y convierte a las personas en seres infantiles que no se pueden
responsabilizar por sus acciones o sus vidas. El problema es que las políticas de
Estado de Bienestar llevadas al extremo son muy populares porque quitan en
buena medida el sentido de responsabilidad individual que es fatal a largo
plazo.
El ejemplo más claro de
lo anterior es Andrés Manuel López Obrador que se aprovecha del desconocimiento
histórico de los mexicanos. Esto es debido a que pretende gobernar con las
mismas redes clientelares, demagogias, control central y otros fantasmas políticos.
Basta con ver sus alianzas con un sindicato de electricistas que no aceptan que
la empresa en la que laboraban desapareció por inviabilidad financiera,
maestros que se niegan a ser evaluados por temor a que su ignorancia e
incapacidad queden patentes, estudiantes de normales que no quieren competir
por una plaza de maestro, empresarios que quieren contratos públicos sin licitación
y lo que se acumule. Aunado a esto se agrega la mayor de sus deficiencias en el
gobierno del Distrito Federal que fue el combate a la corrupción: a Rene
Bejarano, su principal operador político, lo grabaron mientras recibía soborno
y solo estuvo en la cárcel unos cuantos meses; por otro lado, la transparencia
tampoco fue su fuerte pues siempre ha sido opositor a la vigilancia ciudadana
de las cuentas públicas. El piensa (o quiere hacer creer) que con su sola
voluntad basta para acabar con la corrupción, de ahí mi escepticismo. Además,
la mayoría de sus colaboradores han sido señalados por actos de corrupción en
sus cargos públicos anteriores y el dueño de Morena tal parece que lo ignora de
manera olímpica.
En cuanto al frente
ciudadano (que de ciudadano no tiene nada) tal parece que está decidido a no
ganar la presidencia. En primer lugar hay que señalar que no se han puesto de
acuerdo en el mecanismo para designar al candidato. Y debido a esto fue que
Margarita Zavala abandonó el PAN además del tufo de imposición de candidatos en
los partidos más importantes del frente. Además de todo, las propuestas del frente
parecen sacadas del pero de los populismos: la renta básica universal es una
tomadura de pelo pues pondrá las finanzas públicas en un verdadero dilema ya
que no se sabe de dónde van a obtener los recursos para sostenerla.
En cuanto a los
candidatos independientes no hay mucho que decir. Margarita Zavala carga con la
administración bañada en sangre de su marido. Jaime Rodríguez Calderón “El
Bronco” no ha sabido ser gobernante en Nuevo León. Pedro Ferriz de Con será buen
periodista pero como político deja mucho que desear. Y en cuanto a Mary Chuy es
una forma de racismo al revés en un intento de revivir la lucha étnica en
nuestro país.
Con todo lo anterior es evidente
que la clase política está muy alejada de los problemas de la población y de
hecho la miran desde un pedestal. Las propuestas van de mal en peor y el
escenario pinta para la abstención y la anulación de votos. La población en
general ya está harte de oír siempre que las cosas ahora sí van a ir mejor y a
la hora de la verdad todo sale al revés. Y esto se ha vuelto común en la clase política.
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