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miércoles, 20 de enero de 2016

Nadar a contra corriente

El país actualmente vive momentos dificiles. Entre una clase política mediocre, los problemas económicos, la inseguridad, la mala educación y la ausencia de valores tienen a la sociedad mexicana entre la espada y la pared. Sin embargo, el día de hoy me atrevo a cuestionar el sistema político mexicano, con origen con la Constitución de 1857 y reformado en durante el periodo de 1910-1940. 

En mi opinión no es fortuito el hecho de que los mexicanos hayamos penurias desde que se declaro la independencia de España, en el ya lejano día 27 de septiembre de 1821, tras 11 años de guerra que dejaron el país desolado y con heridas muy profundas. En aquel entonces el grupo que proclamo la independencia con respecto a la Madre Patria, se pregunto: ¿Y ahora que sigue? Entonces se decidió a crear un congreso, con diputados de cada provincia del todavía Virreinato de la Nueva España. 

En el congreso aquel -viendo al ahora "moderno" nada Honorable Congreso de la Unión- no se ponía de acuerdo en que sistema de gobierno era el que más convenía a la naciente nación (¿suena conocido?). Unos pugnaban por declarar la república, y otros pugnaban con convertir a la otrora colonia más rica de España en una monarquía, unos querían que fuera absoluta y otros constitucional. 

Fue gracias a una manifestación popular que se decidió a declarar la monarquía. La multitud gritaba que el autor de la independencia nacional, Agustín de Iturbide, fuera proclamado emperador. Sin embargo, el imperio duro pocos meses, en parte gracias a las intrigas de los connacionales y de extranjeros, como el nefasto Joel R. Poinsett, sin embargo tuvieron más culpa los mexicanos, claro ejemplo fue Antonio López de Santa Anna, derribaron al emperador y se declaró la república. 

La mayoría de los mexicanos de hoy en día, que son mis lectores recurrentes, son adictos a la república y a la democracia. Se dice que la mayoría de los países avanzados practican el dogma democrático y sus principios que en el papel se ven muy bonitos, sin embargo, conforme pasa el tiempo me doy cuenta que sus principios no son aplicables a nuestro país. 

Entremos en detalles. Cuando se promulgo la Constitución de 1824, la primera con validez dentro de territorio mexicano, comenzó nuestro calvario. La república nos costo sangre en las horrendas guerras civiles (la Guerra de Reforma, la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera y la actual Guerra contra el Narcotráfico), la perdida de la mitad de nuestro territorio, la polarización de la sociedad, estancamiento económico y desarrollo mediocre. Y eso lo digo porque nosotros no descendemos de tradiciones democráticas. 

Los ideales de República fueron tomados de la Revolución Francesa, que dio origen a lo que se llama Ilustración. Y Francia, un país desarrollado, no ha sido precisamente caracterizado por estabilidad política. Claro ejemplo de ello es el hecho de que actualmente van por la Quinta República Francesa. Francia, al igual que México, ha experimentado inestabilidad política, como fue el imperio de Napoleón, la restauración de la monarquía, otra vez el imperio, y salvo por el fin de la tercera república que se debió a la invasión sufrida por los nazis, varias repúblicas. Y al día de hoy los franceses no hacen más que ver como se hunde se país. Y si no me creen, revisen la historia de Francia desde la Revolución. 

Varias dictaduras han demostrado hasta el momento el hecho de que no venimos de tradiciones democráticas, destacamos la de Santa Anna, la de Porfirio Díaz y el priismo, donde se gobernó México como si fuera una monarquía, de acuerdo con las emociones del personaje en turno. Para decepción mía y de los demócratas, salvo la dictadura de Santa Anna, fueron épocas de gran prosperidad y paz social, aunque lograda por la fuerza.

Hubo una vez que se quiso restablecer el Imperio, que fue con Maximiliano, con convicciones liberales. El y su esposa, Carlota, tenían ideas para sacar a este país del oscurantismo y el atraso en el que se vivía. Sin embargo, las ansías de poder de Juárez, en confabulación con los norteamericanos, hizo que la historia de Sus Majestades diera un giro trágico, y con ella el destino de toda nuestra Nación, que no levantaría vuelo nuevamente hasta la dictadura de Díaz. 

Para ver hacia el futuro, debemos estudiar nuestra historia, pero una donde no hay héroes o villanos, si no una donde se estudie a los seres humanos y no ídolos de barro, mármol o bronce.  

En la época actual, me encuentro con políticos chafas y más mentirosos que nunca, pobres y más pobres por todos lados, en medio de una crisis económica y de valores, solo espero vivir lo suficiente para ver que en mi patria reine de nuevo la concordia. 

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