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domingo, 15 de noviembre de 2015

Dos proyectos de aeropuertos: ¿quien tiene la razón?

En las dos semanas pasadas, Andres Manuel Lopez Obrador hizo gala de su habilidad para poner en aprietos a la actual administración federal, ahora con un proyecto de aeropuerto de dudosa calidad, que me pone a pensar que su supuesto futuro gabinete deja mucho que desear y les falta tacto para muchas cosas. 

Vámonos por partes. El proyecto del aeropuerto en el Lago de Texcoco que pretende hacer la actual administración tendrá un costo de alrededor de 170 mil millones de pesos. Lopez Obrador tiene razón en la parte donde señala los negocios turbios de empresarios cercanos al regimen que se adjudicaron contratos que se dieron con licitación amañada o de plano sin ella y compras a sobreprecio. Por esto propuso un aeropuerto internacional en la base aérea de Santa Lucía, ubicada en el Estado de México, que por cierto, el gobierno federal ha decido cerrar por invadir espacio aéreo, que supuestamente permitiría el ahorro de unos 100 mil millones de pesos, conservar el actual aeropuerto de la Ciudad de México al usarlo como terminal de vuelos nacionales únicamente y permitir a la base aérea operar en conjunto con la nueva terminal aérea.   

Sin embargo, el Peje debería recordar un dicho que se aplicaría en estos casos: lo barato sale caro. Veamos por qué. La base aérea de Santa Lucía esta ubicada sobre la autopista México-Pachuca, a unos 45 km del actual aeropuerto. Sin embargo, el trayecto sin tráfico es de aproximadamente de 45 minutos a una hora, pero como esta arteria importantísima siempre está saturada de vehículos, el trayecto por la autopista es de unas dos horas. Obviamente se pueden construir otros medios de transporte, sin embargo, el señor Lopez Obrador no explicó ese detalle pequeñito pero muy importante. Y tomando en cuenta que en los aeropuertos actualmente se le pide a los pasajeros estar minimo unas dos horas antes de su vuelo, hacer un vuelo internacional desde la Ciudad de México, o los que vengan del extranjero y se dirijan al interior del país, se convertiría en un autentico infierno para el viajero porque implicaría perder seis horas solo en abordar aviones y traslados. 

Algunos lectores quizá pongan como ejemplo la ciudad de Nueva York, que se sirve de tres aeropuertos. Sí, pero de dos se pueden tomar vuelos internacionales y nacionales. Uno de ellos es el John Fitzgerald Kennedy, ubicado en el distrito de Queens, que es uno de los aeropuertos más ocupados de Estados Unidos y del Mundo. El otro esta en el vecino estado de Nueva Jersey y es el aeropuerto de Newark. Ambos aeropuertos se encuentran bastante lejos el uno del otro, pero justo en medio de los dos está el distrito más dinámico de la Gran Manzana: Manhattan, que es donde se ubica el distrito financiero y la parte turística de la ciudad.  Y los viajeros que vienen del extranjero y van a otra parte de la unión americana o los que van de otras lugares de Estados Unidos para tomar algún vuelo internacional pueden tomarlo en el mismo aeropuerto a donde llegaron. 

Entonces el proyecto del Peje es demasiado impráctico porque implica mucha perdida de tiempo, y dado que de la Ciudad de México muchos viajeros internacionales llegan ahí para tomar otro vuelo hacia el el interior del país, entonces toda la República dejaría de ser un destino atractivo para los turistas y viajeros de negocios, lo que repercute negativamente en la economía. Y esto no lo pensó Lopez Obrador. Lo malo es que vendió bien su idea por barata. Y digamos que el otro proyecto que propone, el aeropuerto de Tizayuca, tiene los mismo tintes, que son más político-electorales que tendientes a asegurar obras públicas de calidad y transparentes. Así que mis queridos lectores, aguas con ciertas propuestas que parecen sensatas porque nos ahorramos muchos millones de pesos, sin embargo, repito el dicho: lo barato sale caro.  

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