El mexicano me sorprende. No se porque piensan que una persona honesta es pobre y una deshonesta es rica. La verdad no me sorprende, con una clase política con costumbres muy cleptómanas es de esperarse esa reacción. Además muchos de los grandes empresarios de este país han hecho su fortuna al amparo del poder público, y con el hecho de que nuestro sistema educativo esta hecho para enaltecer la pobreza y despreciar la riqueza, vaya que es un tema interesante para abordar.
La superficialidad es mirar solo lo que están por encima, lo que podemos ver a simple vista. Es una manera de juzgar a las personas, y la verdad es la principal causa de los crímenes de odio. Hubo una manera superficial de ver las cosas durante el Apartheid en Sudáfrica, la segregación racial en Estado Unidos que causó la Guerra de Secesión y el eterno conflicto entre Israel y Palestina, por nombrar algunos casos. Y volviendo al caso de la riqueza y la pobreza, en ambas clases sociales existe la maldad, solo que en las clases sociales altas se nota más porque ahí la gente es más conocida.
Los mexicanos, no se por qué, esperan que la clase política sea de origen humilde, que casi quiere que viajen en burro y que se vistan con harapos. Y la verdad se molesta cuando estos compran mansiones y penthouses, costosas piezas de joyería, ropa de diseñador, vehículos de lujo y viajes en Europa hospedandose en hoteles de cinco estrellas. La verdad, poseer estas cosas no es malo en sí mismo, el problema radica en que muchas veces para tener estas cosas la clase política ha desviado fondos de las arcas gubernamentales.
El fin de semana pasado leía en el periódico la Jornada una nota de una crítica que Andres Manuel Lopez Obrador hizo del Secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade Kuribreña por usar un reloj con valor de 3 millones de pesos (como supo que tiene una pieza costosa de joyería) y este señor hace ver que los ricos son los malvados de este país. Y la verdad se mete en camisa de 11 varas, porque el había regresado de un viaje a Europa donde visito al Papa e hizo un acto de proselitismo en París, con cargo al erario público, claro esta. La verdad, el señor Meade puede comprar todo lo que quiera, siempre y cuando sea de su bolsillo y no del dinero de todos los mexicanos.
Para cerrar concluyo que para mi no es problema que la clase política se de vida de millonarios, el problema radica en que para lograrlo desvíen recursos públicos.
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